El Gobierno y los parlamentarios deben aprobar medidas que mejoren la vida de la ciudadanía, para evitar que crezca su malestar e indignación por la corrupción y por ver a políticos que actúan por intereses electorales y de partido

Hace 30 años se vivió en España la huelga general más importante jamás celebrada desde la Segunda República. Como consecuencia de aquella masiva protesta, el Gobierno socialista de Felipe González se vio obligado a rectificar algunas medidas que había aprobado para el mercado laboral,  beneficiosas para los empresarios pero que perjudicaban a los trabajadores y no resolvían el problema del desempleo. La situación actual no es la misma de entonces, pero buena parte de aquellas reivindicaciones siguen hoy vigentes: existe un serio problema de desempleo, mucha precariedad en los trabajos, salarios bajos y desigualdad social.

¿Se imaginan que están viendo las noticias en televisión antes de irse a dormir y, de repente, se corta la voz, se escucha un pitido insoportablemente agudo y la pantalla se va a negro? Pues eso es lo que ocurrió en la medianoche del 13 de diciembre de 1988 durante el telediario nocturno de Televisión Española, la única televisión que existía entonces. Estaban informando de los servicios mínimos que iban a funcionar al día siguiente durante la huelga. La voz en off de un locutor explicaba que en TVE no habían llegado a un acuerdo con los sindicatos para establecerlos, por lo que la dirección había decidido emitir los programas anunciados, excepto los que eran en directo y la publicidad. Se le escuchó decir “y en cuanto a los informa…” y se cortó su voz. A continuación, lo dicho: el insoportable ruido y la pantalla en negro. El apagón de Televisión Española era un signo claro de que la huelga, previsiblemente, iba a ser un éxito. Y lo fue. Y una vez más se demostró que, en determinados casos, las huelgas pacíficas sirven para algo.

¿Dejarían de emitir hoy todas las televisiones?

Hoy sería muy difícil, por no decir imposible, que las televisiones dejaran de emitir porque tendrían que ponerse de acuerdo todas las cadenas y es seguro que eso no ocurriría. Aunque TVE y algunas más se fueran a negro, muy probablemente otras continuarían emitiendo esos programas bodrio con los que ocupan buena parte de su programación porque, según dicen, tienen audiencia. Eso es lo que hacen habitualmente: mientras otras cadenas, sobre todo La Sexta, cambian su programación habitual por una especial cuando ocurre algún acontecimiento importante de interés general para la ciudadanía, ya sea de tipo político o una tragedia natural, otras televisiones siguen emitiendo sus tertulias del corazón o esos programas a los que van personajillos que quieren hacerse famosos para vivir del cuento o de sus apellidos y que producen bochorno y vergüenza ajena.

José María Aznar también  tuvo que vivir una huelga general, el 20 de junio de 2002, contra el llamado decretazo, cuando su Gobierno aprobó por decreto ley unas medidas muy perjudiciales para los trabajadores. También tuvo que rectificar algunas y, además, años después el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional ese decreto.

José Luis Rodríguez Zapatero tampoco se libró de un paro general. Fue el 29 de septiembre de 2010, ya en plena crisis económica mundial, contra la reforma del mercado laboral y los recortes que había aprobado el Gobierno socialista obedeciendo órdenes de Bruselas. Dos años más tarde, en 2012, el Ejecutivo que presidía Mariano Rajoy endureció todavía más esa reforma con unas medidas que aún siguen vigentes, a pesar de las promesas de derogarlas que han hecho reiteradamente distintos partidos desde la oposición.

Un derecho constitucional de los trabajadores

Desde aquel 14 de diciembre de 1988 nunca han salido a la calle tantas personas para ejercer su derecho constitucional a la huelga, como última medida después de que fracasaran todas las negociaciones. El dirigente de CCOO Chema de la Parra definió aquel paro general con una frase que ha hecho historia: “Hoy, en España han parado hasta los relojes”.  Fueron casi ocho millones de trabajadores y trabajadoras los que, con su protesta, obligaron al Gobierno a rectificar y demostraron que las huelgas, a pesar del coste para la economía y de otros  efectos negativos que también tienen, sirven para algo positivo. Conviene no olvidarlo.

Hoy en España han parado hasta los relojes, la frase de Chema Parra (CCOO) que hizo historia

Ahora que se acaba de conmemorar el 40 aniversario de la Constitución Española hay que recordar que la huelga no es un capricho de los sindicatos sino uno de los derechos fundamentales que la Carta Magna reconoce “a los trabajadores para la defensa de sus intereses”. La ley que regula ese derecho establece la obligación de fijar los servicios mínimos necesarios en los sectores que son esenciales para la ciudadanía, como la sanidad o el transporte público, por ejemplo.

Las huelgas deben ser siempre el último recurso para defender los derechos, y solo habría que convocarlas cuando existen posibilidades reales de que van a tener éxito, como ocurrió en diciembre de 1988. Hoy, cuando no se vive la misma situación de entonces aunque tampoco es buena, el Gobierno y los parlamentarios deben aprobar medidas que mejoren la vida de la ciudadanía. Sólo así se evita que vaya creciendo el malestar y la indignación de la ciudadanía, porque no llega a fin de mes mientras continúan los casos de corrupción y ve cada día a políticos que practican el deporte del “y tú más” y actúan por intereses electorales y de partido.