Todo vale para algunos, con tal de ir en una candidatura

La hora de cambiar de chaqueta… política

Es lamentable que haya quien se empeña en seguir viviendo de la política después de muchos años en ella, aunque para lograrlo tengan que afiliarse a un partido ideológicamente distinto a sus ideas

Ahora que se avecinan varias elecciones algunos políticos ya saben que su partido no les va a presentar otra vez en una candidatura y no tienen inconveniente en pasarse a otra formación política si ésta les garantiza un puesto en sus listas. Y hay partidos que tampoco tienen inconveniente en fichar a cargos públicos de otras siglas, aunque éstos hayan dejado su puesto -o les hayan destituido- relacionados con asuntos turbios. Para algunas personas todo vale con tal de lograr un puesto de concejal, diputado o senador y seguir viviendo de la política, aunque lleven demasiados años en ella. El espectáculo preelectoral está en marcha.

Cualquier persona puede evolucionar en su ideología. Pero una cosa es eso, ir evolucionando en la manera de pensar con el paso de los años, y otra bien distinta es dejar a un lado la ideología personal con tal de lograr seguir viviendo de la política. Para algunos, con la convocatoria de elecciones generales el 28 de abril y municipales, autonómicas y europeas el 26 de mayo ha llegado, una vez más, la hora de cambiar de chaqueta política. De pena.

Silvia Clemente Municio llevaba más de 20 años en el PP, ha ocupado distintas consejerías en el Gobierno autonómico de Castilla y León y en 2015 fue elegida presidenta de las Cortes regionales. El 21 de febrero último dimitió de ese cargo y se dio de baja en el PP, porque dijo que su propio partido obstaculizaba su trabajo. Tres días después se supo que Ciudadanos la ha fichado y se presentará a las elecciones primarias de este partido para la presidencia de la Junta castellano-leonesa. La formación naranja presume de haber llegado para regenerar la política y luchar contra la corrupción, pero no ha visto inconveniente alguno en que Silvia Clemente lleve dos décadas ocupando cargos públicos y, además, que la Guardia Civil la haya relacionado con la trama de corrupción del caso Gürtel. ¿Así se regenera la vida política? Parece que lo único que les importaba era fichar a alguien del PP y provocar el consiguiente impacto con la noticia.

De director general con el PSOE  a candidato de Ciudadanos

El socialista Joan Mesquida Ferrando también ha ocupado distintos cargos públicos desde hace 20 años, entre ellos el de director general de la Policía Nacional y la Guardia Civil. En marzo pasado abandonó el PSOE, por discrepancias con la posición de su partido respecto al independentismo, y ahora ha fichado por Ciudadanos y será candidato en las primarias de este partido para la Presidencia de Baleares.

El último fichaje de Ciudadanos ha sido el del socialista Celestino Corbacho, exministro de Trabajo con José Luis Rodríguez Zapatero, exalcalde de Hospitalet de Llobregat (Barcelona) y expresidente de la Diputación Provincial, que abandonó su partido, el PSC, hace unos meses: irá como número tres de la lista que encabezará Manuel Valls para el Ayuntamiento de Barcelona.

Los Estatutos de Ciudadanos exigen una antigüedad mínima de nueve meses de afiliación al partido para poder presentarse a unas elecciones primarias. Ninguna de esas tres personas cumple este requisito, pero no hay problema: Albert Rivera y su Comité Ejecutivo han decidido que, excepcionalmente, pueden presentarse.

Juan Antonio Morales era diputado del PP en la Asamblea de Extremadura, pero hace unos meses se pasó a Vox. Lleva más de 20 años en cargos públicos y ahora es el líder del partido de extrema derecha en esa región. No es el único político de los populares que ha hecho ese mismo cambio. Antonio Camps, diputado del PP en el Parlamento balear y un histórico de los populares en las islas, también se ha afiliado a Vox y encabezará la lista de este partido al Consell de Menorca.

Del BNG a Vox

De vez en cuando salta a los medios de comunicación la noticia de alguien que deja su partido y se afilia a otro totalmente distinto ideológicamente. Pero esos casos se quedan en simples anécdotas cuando se trata de afiliados o concejales, no de parlamentarios o cargos públicos de más peso político. Un militante del Bloque Nacionalista Galego (BNG) se ha afiliado a Vox; algún concejal de Podemos ha pasado antes por el PSOE, Izquierda Unida y hasta fundó un partido independiente municipal para intentar seguir en el ayuntamiento… Cada cual puede militar en el partido que quiera.

Siempre ha habido políticos que cambian de partido por distintas razones. Pero lo que llama la atención de la ciudadanía y ocupa espacio en los medios de comunicación es cuando esos cambios los protagonizan quienes ocupan cargos públicos o importantes responsabilidades en su partido. Hay muchos ejemplos. Rosa Aguilar dejó Izquierda Unida para entrar en el Gobierno socialista de Andalucía; Irene Lozano, que ha escrito con Pedro Sánchez el libro Manual de Resistencia (aunque su firma no figura en la portada), dejó UPyD para ser diputada del PSOE y ahora es secretaria de Estado; Rosa Díez abandonó el PSOE para fundar UPyD; el actor Toni Cantó se marchó del partido de Díez para incorporarse como diputado a Ciudadanos; Tania Sánchez se fue de Izquierda Unida y, después de negar una y mil veces que fuera a integrarse en Podemos, es diputada por este partido…

Hay quien cambia de partido porque ha evolucionado en su ideología y quien lo hace por problemas internos de su formación política o por otros motivos. No hay nada que decir cuando el cambio obedece a motivos fundados. Lo lamentable es que haya quien se empeña en seguir viviendo de la política después de muchos años en ella, aunque para lograrlo tengan que afiliarse a un partido ideológicamente distinto a sus ideas. Y no son pocos. E igual de lamentable es que algunos partidos acepten a esas personas en sus listas, con el único objetivo de robar un nombre conocido al adversario. Ya lo dijo hace más de un siglo el abogado, periodista y escritor estadounidense Charles Dudley Warner con una frase que ha pasado al refranero popular: “La política hace extraños compañeros de cama”.