CASADO SE JUEGA SU FUTURO, RIVERA QUIERE SUPERAR AL PP E IGLESIAS ASPIRA A SER MINISTRO

Primero, pensar qué han hecho los gobernantes; después, votar

Los alcaldes o presidentes autonómicos que hayan tenido más en cuenta sus intereses personales o los de su partido que los de los vecinos a quienes gobiernan no deberían recibir el apoyo del electorado

A estas alturas de la historia de la humanidad, nadie puede negar que votar es un derecho irrenunciable e imprescindible. Y el domingo 26 de mayo, tan solo un mes después de las elecciones generales de abril, la ciudadanía puede ejercer de nuevo ese derecho para elegir a su alcalde o alcaldesa, al partido que quiere para gobernar en su pueblo o ciudad y en su comunidad autónoma, y también a quién prefiere para representar a España en el Parlamento Europeo. Todas las elecciones son importantes en democracia, pero éstas son más especiales porque en ellas se decide sobre la actividad política más cercana: la municipal.

Nadie sabe con certeza lo que ocurrirá el domingo, porque depende de las papeletas que introduzca en las urnas cada una de las personas que acuda a votar. No lo saben los políticos, no lo saben las encuestas y no lo saben, tampoco, algunos periodistas y politólogos que hablan en las tertulias de radio y televisión como como si fueran especialistas en todas las materias. Toca esperar.

El PSOE espera repetir un buen resultado

En el PSOE, a la vista del buen resultado que obtuvieron el 28 de abril, esperan repetirlo en las elecciones europeas y en las municipales. Tienen más dudas respecto a las autonómicas, porque en ellas influirá que la participación del electorado de centro izquierda sea más o menos numerosa. Además, les preocupa lo que pueda caer Podemos en importantes ciudades donde la izquierda se presenta más dividida que nunca en varias listas. Lo ocurrido en Toledo y Talavera de la Reina, donde varios sectores de la izquierda no han sido capaces de ponerse de acuerdo -incluso siendo del mismo partido-, es un buen ejemplo de esa división.

Pablo Casado se juega su futuro como líder del PP si su partido pierde algunos de sus feudos tradicionales, como la Comunidad de Madrid. En la capital de España él ha puesto a Isabel Díaz Ayuso, una de las candidatas que durante la campaña se ha mostrado más débil y ha hecho las declaraciones más sorprendentes, polémicas y hasta ridículas. Él niega que una previsible pérdida de poder municipal y autonómico de los populares ponga en riesgo su liderazgo, pero un segundo batacazo después del que se llevaron en las pasadas elecciones generales le pasaría factura.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quiere tener mejores resultados que el PP. Aunque en las elecciones generales el partido naranja fue la tercera fuerza política, él se ha autoproclamado líder de la oposición en numerosas ocasiones. Todavía no lo es y, además, tiene un serio problema para lograrlo: su partido no está tan implantado en todos los pueblos y ciudades de España como está el PP, ni mucho menos, lo que puede hacerle fracasar en su irrefrenable deseo de superar a los populares.

Pablo Iglesias está empeñado en ser ministro

Pablo Iglesias está empeñado en ser ministro -o vicepresidente del Gobierno-, pese a que en Podemos hay dirigentes y sectores que son partidarios de hacer una oposición seria y fuerte pero sin estar en La Moncloa. No parece fácil que Pedro Sánchez cuente con él para ocupar una cartera ministerial, sobre todo después de que los dos representantes del partido morado en la Mesa del Congreso hayan votado en contra de suspender en sus funciones y derechos a los tres diputados catalanes independentistas que están en prisión, como establece la Ley de Enjuiciamiento Criminal y han dictaminado los servicios jurídicos de la Cámara.

Además, en Podemos se han multiplicado los problemas internos en varias ciudades y comunidades autónomas, lo que en sectores del partido hace temer que en esta triple convocatoria electoral no solo no van a mejorar su mal resultado de abril sino que será incluso peor. Eso desencadenaría movimientos en contra de su líder.

La ciudadanía tiene la única respuesta a todas las incógnitas. Y, antes de depositar la papeleta, es un buen un ejercicio pensar en lo que han hecho los alcaldes y presidentes que han gobernado durante los últimos años en la ciudad y en la comunidad de cada votante. Los que hayan tenido más en cuenta sus intereses personales o los de su partido que los de los vecinos a quienes gobiernan no deberían recibir el apoyo del electorado. Conviene pensarlo cuando se está todavía a tiempo, porque después habrá que esperar otros cuatro años para poder rectificar una elección equivocada.