La búsqueda desesperada de audiencia

Si los periodistas hacen espectáculo, ¿quién cuenta los hechos…? El caso Julen

Hay límites, no vale todo con tal de ganar audiencia. Las historias, por impresionantes que sean y la de Julen lo era, se cuentan con rigor periodístico y cuando se cae en el espectáculo se está haciendo cine, no información

No hay una línea clara para concluir sin lugar al debate o la duda que se ha dejado de informar sobre un asunto para caer en el morbo y el espectáculo. Pero parece evidente que el tratamiento informativo de muchos medios de comunicación en el caso Julen, en especial las televisiones, ha pasado los límites de la cobertura informativa para entrar directamente en el espectáculo al servicio del morbo para conquistar más audiencia.

Hay límites

Cuando se sustituyen los hechos por la especulación para mantener el morbo en vez del interés se ha cruzado esa línea.

Cuando la curiosidad y las emociones bien intencionadas por una historia humana que nos empatiza a todos hasta el límite son utilizadas para llegar de los sentimientos a las vísceras, se ha sobrepasado la línea roja que diferencia a los periodistas, profesionales de los hechos, de los cómicos, actores del espectáculo, oficio muy digno, pero no informativo.

Cuando se conecta una y otra vez para no decir nada, se hace de la obviedad una narración en tono encendido, se repite lo mismo cada 10 minutos o se reitera la nada informativa, se ha rebasado el tope.

Cuando el objetivo no es informar, sino mantener al lector fijo en la web o al espectador en la pantalla, aprovechando una historia que nos llegaba a las entrañas, nos hemos pasado de la raya y mucho. Ni los clicks ni las audiencias pueden justificarlo todo.

Y todo esto ha pasado con la triste historia de Julen. No es la primera vez, seguramente tampoco la última.

La sobreexplotación de la noticia parecía no tener fin. La historia se prestaba fácilmente al abuso para quien estuviera dispuesto a ello. Ningún ser humano podía permanecer indiferente al suceso de Totalán. El rescate de Julen tenia todos los ingredientes para atraer la atencion y la preocupación de todos: pena, miedo, esperanza, solidaridad, incertidumbre y el alma en vilo en una lucha contra el tiempo y los elementos que se alargaba fatídicamente y hacía presagiar el peor final.

También había héroes. Decenas de héroes que se jugaban el tipo, como en el caso de los mineros de Asturias o los guardias civiles que tuvieron que descender por el letal pozo que mató a Julen. Pero no solo ellos: ingenieros, operarios y voluntarios de todo tipo, entre ellos los vecinos de Totalán, daban al rescate de Julen los elementos de una gran historia, casi una película.

No vale todo con tal de ganar audiencia

Pero no se nos olvide que las historias se cuentan en los medios de comunicación de acuerdo con el rigor y las técnicas informativas y periodísticas. Las películas son para el cine y la televisión y se graban siguiendo los cánones del espectáculo.

Desgraciadamente, muchos medios en estos días han dejado de ser informativos para ser cinematográficos con tal de ganar audiencia. El caso Julen es un ejemplo claro.

Y el problema es que si eso pasa, si los periodistas ruedan en vez de informar, ¿quién se encarga de los hechos…?

Ya digo que no es fácil saber dónde están los límites de cómo actuar. A veces, basta con saber qué es lo que no hay que hacer.

Las RRSS se llenaron de imágenes de apoyo a Julen
Las RRSS se llenaron de imágenes de apoyo a Julen.