LA PRESIDENTA DE MADRID LLAMA "TRAIDOR" A ERREJÓN POR CAMBIAR DE PARTIDO, PERO CALLA SOBRE ÁNGEL GARRIDO QUE PASÓ DEL PP A CIUDADANOS

Un tránsfuga en la Puerta del Sol

Habrá que conceder a Isabel Díaz Ayuso los tradicionales 100 días de confianza -que el PP no dió a Pedro Sánchez- y juzgarla después por lo que haga. Pero lo que ha dicho en la campaña y en su investidura hacen temer lo peor

Ha dicho la presidenta electa de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que Íñigo Errejón es “el político más traidor que se conoce”, porque dejó a Pablo Iglesias para presentarse a las elecciones autonómicas por la candidatura de Más Madrid. Pero no ha dicho nada del expresidente madrileño Ángel Garrido, que abandonó el PP cuando le dijeron que él no encabezaría la lista para esas elecciones, se pasó a Ciudadanos y ahora va a formar parte del Gobierno que presidirá Díaz Ayuso. Un claro ejemplo de transfuguismo que la flamante presidenta acepta sin rechistar, por imposición del partido naranja. Parece que todo vale con tal de ser la presidenta.

Tras la dimisión de Cristina Cifuentes, acusada de falsedad documental, le tocó a Ángel Garrido asumir la Presidencia de la Comunidad de Madrid, en mayo de 2018. Un año después él quería encabezar la candidatura del PP a las elecciones autonómicas del 26 de mayo, para continuar en ese puesto, pero Pablo Casado impuso a Díaz Ayuso, que antes había estado a las órdenes de Garrido como viceconsejera de Vicepresidencia y Justicia en el Gobierno regional.

La venganza de Ángel Garrido: del PP a Ciudadanos

Casado situó a Garrido como número cuatro de la lista del PP al Parlamento Europeo, y él aceptó y firmó su candidatura. Pero tres semanas más tarde, en una decisión que fue considerada como una fría y calculada venganza contra su partido, Garrido anunció que se presentaba a las elecciones autonómicas con Ciudadanos. Antes había criticado con dureza a ese partido -dijo que eran los “tontos útiles” del socialismo y un “populismo pop”-, pero desde entonces se mostró encantado de estar en la formación de Albert Rivera, a la que ha definido como “el partido de centro liberal por antonomasia”. Ya se sabe que la política hace extraños compañeros de cama.

A raíz de ese cambio de partido, Díaz Ayuso y Ángel Garrido se han criticado mutuamente en los últimos meses, pero ahora han debido pensar que es mejor olvidar sus enfrentamientos y… pelillos a la mar: ella necesitaba los votos de Ciudadanos -y los de la ultraderecha de Vox- para ser investida presidenta y él quería formar parte del Gobierno madrileño y será el consejero de Transportes, Movilidad de Infraestructuras, una de las Consejerías con más peso y que más dinero gestiona.

Pero la doble vara de medir que ha empleado Isabel Díaz Ayuso con Íñigo Errejón y Ángel Garrido no es lo único que sorprende de la presidenta electa madrileña. Durante la campaña electoral ha hecho declaraciones tan polémicas que raro era el día en que no se convertía en el centro de las críticas y las risas en las redes sociales. Sirvan estos ejemplos: dijo que el concebido no nacido debe ser considerado un miembro más de la familia y ser tenido en cuenta para otorgar el título de familia numerosa; para criticar a la alcaldesa Manuela Carmena sólo se le ocurrió decir que echaba en falta los atascos en la Gran Vía los sábados a las tres de la madrugada, porque eran parte de la vida de Madrid y la convertían en una ciudad “especial”; consideró ofensivo hablar de empleo basura, porque quizá hay personas que están deseando tener un trabajo de ese tipo; declaró, sin ruborizarse, que Podemos iba a expropiar pisos de personas que estuvieran de vacaciones, pensado que estarían vacíos, y los entregaría a “unos amigos okupas”…

Esas y otras muchas declaraciones la han convertido más de una vez en el hazmerreír de muchos ciudadanos, pero ella siempre ha atribuido todas las críticas a que es mujer y a los periodistas. Ella, que es licenciada en Periodismo, ha dicho que “muchos periodistas se encargan de extraer lo conveniente -de lo que ella declara- para hacer activismo político y no periodismo”, como si todos los medios de comunicación y sus profesionales se hubieran puesto de acuerdo para atacarla. Tampoco se ha ruborizado al pronunciar esas palabras.

Díaz Ayuso no da explicaciones

Por si eso fuera poco, el digital Infolibre ha publicado en las últimas semanas noticias y documentos referidos a que Díaz Ayuso utilizó su cargo para conseguir información confidencial de una empresa de su padre y otros socios, y después su padre le donó unos inmuebles con los que él había avalado esa empresa. Así evitaban que fueran embargados por no pagar un crédito de 400.000 euros que les concedió la empresa semipública Avalmadrid.

Ella aún no ha dado explicaciones y, cada vez que es preguntada por la oposición o por los periodistas, se limita a decir que todo es una campaña machista contra ella y un ataque al honor de su padre ya fallecido, pese a que nadie ha criticado a su progenitor y solo le piden que explique lo que ocurrió y lo que ella hizo en ese caso.

Hay madrileños que estos días recuerdan la película de Pedro Almodóvar “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” (1984) y se preguntan qué han hecho ellos para tener que soportar una presidenta como Isabel Díaz Ayuso, que no tiene inconveniente alguno en tener a un tránsfuga de su partido en la Puerta del Sol -la sede del Gobierno regional-, que va a tener siempre sobre su cabeza la necesidad de tener que cumplir las exigencias de Vox para que la apoyen y que representa el ala más de derechas del PP de Pablo Casado. Y que gobernará legítimamente gracias a los pactos con Ciudadanos y Vox, pero que en las elecciones obtuvo menos escaños y muchos menos votos que la candidatura del PSOE que encabezó Ángel Gabilondo.

Habrá que conceder a Isabel Díaz Ayuso los 100 días de confianza que tradicionalmente se dan a alguien cuando llega a un cargo público -aunque su partido, el PP, no se los dió a Pedro Sánchez cuando llegó a la Presidencia del Gobierno- y juzgarla después por lo que haga. Pero lo que ha dicho en la campaña electoral y en la sesión de investidura, y lo que no ha explicado aún, hacen temer lo peor. Y si no, al tiempo.