Según las publicaciones de El Castellano

Limosnas a los pobres, detenciones por "voces subversivas"... las Ferias de Toledo hace un siglo

En las ediciones de El Castellano recogidas por el Archivo Municipal se perfilan unas Ferias profundamente católicas y rurales en las que la embriaguez o vender rifas podían suponer penas de cárcel

Portada y columna de 1912 de el periódico toledano El Castellano.

Las Ferias y Fiestas de Toledo en honor a la Virgen del Sagrario se llevan celebrando desde hace siglos a mediados del mes de agosto y, aunque algunas cosas han cambiado en gran medida, otras se mantienen con matices. Encastillalamancha.es ha podido retrotraerse a las fiestas de 1904, 12, 17, 24 y 35 gracias a los periódicos de El Castellano, que ha hecho públicos el Archivo Municipal de Toledo en una exposición online. A través de él nos podemos hacer una idea de las tradiciones y sucesos recurrentes de aquel entonces e imaginar la cultura de los toledanos del primer tercio del siglo XX.

Ayudar a los pobres y detener a los vándalos: el pan de cada Feria

Desde el primer año que consta en las publicaciones, 1904, la iglesia repartía limonas en especie a “la clase necesitada” todas las ferias citándoles en las iglesias, la Catedral o en la plaza de Zocodover. En este primer año especifican que “se distriburián 1.000 bonos de un kilogramo de pan, 500 gramos de arroz y 400 de bacalao” mientras que en 1935, última publicación expuesta, se anuncia una comida a los pobres en el claustro. El evento correría a cargo de la Casa Plácido, sería para unos 400 comensales (300 mayores y 100 niños) y tendría de menú “paella, ternera a la jardinera, ensaladilla manchega, postres y vinos”, según escribieron los redactores de El Castellano.

Pero además de hacer obras de caridad no podían celebrarse unas buenas fiestas sin poner orden en la ciudad. Así, el periódico recogía las detenciones que habían tenido lugar la noche anterior, como esta de 1917 en la que se especifica que fueron enviados al calabozo 15 días un borracho que “divagaba a voces en términos inconscientemente subversivos” y un grupo que vendía rifas ilegales.

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Recorte de la publicación de 1917 de El Castellano que recoge los sucesos en una noche de las ferias de Toledo.

 

Los entretenimientos de los toledanos de aquellos años se basaban en lo que usaban en su vida cotidiana. En 1904 se celebraban carreras de sacos para los mayores de 15 años y, hasta 1935, también se hicieron carreras de caballos y bicicletas en las que los ganadores optaban a lucir una cinta de premiados y a llevarse a su casa gallos y pichones. Algunos de estos actos lúdicos y deportivos fueron organizados por El Castellano, lo que demuestra que hace un siglo las empresas de comunicación ya hacían eventos.

El periódico enumera también otros atractivos para los locales y los “forasteros” (hoy llamados turistas) como las corridas de toros, fuegos artificiales con polvora y traca, bailes populares, ferias de ganado y numerosas ceremonias religiosas, eventos que hoy en día aún nos resultan muy familiares.

Rencillas por no asistir a misa

El Castellano era una publicación cristiana editada por la Editorial Católica Toledana que entre 1904 y 1914 tuvo como mancheta “Con censura eclesiástica” o alguna variante, aunque después sustituyó este lema por “Diario de información”. En sus crónicas de las fiestas destacaban que Toledo era “trahicional (sic) y creyente” y relataban con todo detalle la celebración del “rosario momumental”, la coronación de la Virgen del Sagrario y las diversas procesiones, a las que en 1924 asistió el por aquel entonces director general de Administración local, José Calvo Sotelo. Tío del segundo presidente de España en la Transición y ministro de Hacienda de Primo de Rivera desde 1925.

En una de sus crónicas sobre la misa de las fiestas, El Castellano menciona a todos los concejales que asistieron al culto para señalar, con cierta crítica, que “mucho se comentó la falta de asistencia de los demás concejales, más nosotros nada decimos”.  Cabe destacar que en las últimas publicaciones de 1930 en adelante el número de actos religiosos programados disminuyó con respecto al resto de años.

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Columna de 1912 de El Castellano. Entre la primera y la segunda parte había más texto que se puede consultar en la original.

La conservación de El Castellano

El Archivo Municipal de Toledo ha rescatado 31 ediciones de El Castellano publicadas en los días anteriores y posteriores al 15 de agosto de cada año para dar una idea más global del tratamiento informativo que se hacía de las fietas en aquellas épocas. El Castellano se publicó durante 32 años y llegó a los 9.000 ejemplares con periodicidad primero semanal, luego bisemanal y, a partir de mayo de 1915, diaria.

Según el director de la institución, Mariano García, es el periódico más completo y mejor conservado de las colecciones hemerográficas que hay en Toledo: la Biblioteca de Castilla-La Mancha (Alcázar), el Archivo de la Catedral y el propio Archivo Municipal.