“Abierto por obras”

La oportunidad única de ver en Toledo la excavación de una necrópolis

Los trabajos para reparar las humedades de la iglesia de Santa Eulalia han dado paso a una investigación arqueológica que, además del hallazgo de alrededor de 200 enterramientos, está aportando las primeras pistas de lo que podría ser un monasterio e iglesia visigoda

Olvidada y cerrada al culto en décadas pasadas –también durante el periodo de la Guerra Civil española, quedando así imperturbable a bombardeos y saqueos-, los toscos muros de esta iglesia del siglo XIII no dejan adivinar la riqueza patrimonial que encierra en el interior. Se trata de la iglesia de San Eulalia, un templo que –una vez recuperado para el culto mozárabe, de los pocos lugares que quedan en la ciudad- aún sigue siendo un enclave que pasa desapercibido.

Los trabajos de reparación de humedades y de recuperación de espacios litúrgicos iniciados en mayo de este año están dando paso a una interesante investigación arqueológica en la que, con más de un metro de suelo excavado, está apareciendo una necrópolis con 200 personas enterradas y las primeras pistas que podrían apuntar al monasterio y la iglesia visigoda que los archivos localizan en este lugar.

Ahora toledanos y turistas tienen la oportunidad de conocer in situ esta necrópolis. “Abierto por obras” es una oportunidad única para –sobre pasarelas y con el casco puesto- acercarse a este proyecto de investigación arqueológica liderado por Samuel Rodríguez y Javier Peces. Estas visitas guiadas, en las que los participantes aportan una donación, representan una fuente de ingresos para una actuación que cuenta con el patrocinio de la Fundación ACS y con pequeños mecenazgos. Aquellos interesados en acudir a Santa Eulalia lo pueden hacer poniéndose en contacto con la Asociación de Guías de Toledo, que pone su grano de arena.

Las fotografías de la necrópolis que encierra la iglesia de Santa Eulalia de Toledo

El arqueólogo Samuel Rodríguez ponía de manifiesto a encastillalamancha.es que «las referencias documentales y la tradición nos dicen que aquí había una iglesia fundada por Atanagildo -uno de los principales reyes visigodos que trae la corte a la ciudad-; también hay indicios de que por este solar había un monasterio visigodo». Referencias documentales al margen, lo que hoy sí se puede ver y palpar es un templo mudéjar del siglo XIII que se levantó para la comunidad mozárabe de Toledo.

El paso del tiempo fue dejando huella en la iglesia. Así fue que entre los siglos XVI y XVII se excava toda la cabecera para construir las criptas. Tiempo después, en 1841, con motivo del traslado de la corte a Valladolid y a continuación a Madrid, la población de Toledo desciende y, debido a que no hay gente suficiente para hacerse cargo de las iglesias, se produce una reagrupación parroquial. Santa Eulalia cierra, se queda como una especie de almacén y los parroquianos se trasladan a San Marcos. Un incendio en esta última iglesia obliga a un nuevo traslado, en esta ocasión a la parroquia de San Marcos Trinitarios, la cual también sufre un incendio. Igual que se marchan los fieles, también van cambiando de sede los documentos, de ahí que con tanto acontecimiento hoy en día de Santa Eulalia haya quedado poca información.

Tres niveles de enterramiento

El interior de la iglesia de Santa Eulalia fue lugar de enterramiento hasta el siglo XVIII, encontrándose actualmente tres niveles de enterramiento, dos de ellos datados entre los siglos XIV y XVIII y un tercero inferior -asociado al inicio del templo- del siglo XIII.

Aunque hay alguna mujer y algún niño enterrados, la mayoría de los que allí recibieron sepultura son varones, sobre todo con edades comprendidas entre los 30 y 40 años, gente que medía poco más de un metro cincuenta y de complexión fuerte. Samuel Rodríguez concretaba que todos fueron enterrados con ataúdes, lo que da cuenta de su buena posición social. «En la Edad Media los mozárabes eran una élite, son los cristianos viejos por excelencia, los que trabajaban en la administración local», añadía.

Lo hallado hasta el momento en ese metro veinte excavado invita a seguir quitando tierra. A pesar de la dificultad que entrañan los enterramientos, «nos hemos ido encontrando con sorpresas y nos hemos ido ilusionando porque han empezado a aparecer unos muros que pensábamos que eran de cimentación pero que calculamos que son del siglo XI-XII y que fueron reaprovechados en la construcción del siglo XIII».

Después de la fase de excavación, la intervención continuará y concluirá con una restauración de las columnas romanas y visigodas, de las yeserías, del artesonado y del suelo.