La Emergencia por sequía continúa en la cabecera del Tajo

El inmenso "mar" que un día fue... Y las grietas que simbolizan la sequía que hoy se palpa

Entrepeñas y Buendía. Aquel "mar de Castilla", aquellos municipios ribereños con agua a sus orillas. Ahora, solo quedan grietas. Ambos embalses no llegan, desde hace tiempo, al 10 por 100 de su capacidad.

Embalse de Entrepeñas.

Cuentan los vecinos del lugar, que no hace mucho tiempo aquello que se decía «Mar de Castilla» era, sobre todo, un reino de aguas. El otoño de 2017 parece más una prolongación cada vez más usual del verano, y la sequía -esa que va sin decretos- se palpa en la región castellano-manchega. Una señal de ello, además del contínuo «expolio» que se viene denunciando del agua en CLM por culpa del trasvase Tajo-Segura, es el estado de los dos embalses de cabecera del Tajo.

Unos embalses que se proyectaron para terminar con crecidas y avenidas que se creaban en el Tajo, así como para generar energía hidráulica para satisfacer la demanda de la zona central de España. También se buscó cubrir unas necesidades quese preveían inminentes debido al crecimiento poblacional que Madrid comenzó a tener de forma exponencial.

Podemos fijarnos en las estadísticas, en las que también se avalan las contínuas reivindicaciones que se hacen de punta a punta de la región, para ver que la situación de los embalses de Entrepeñas y Buendía, nada tiene que ver con lo que se proyectó. 2017, por el momento, es el segundo año en el que menos volumen de agua se ha embalsado en ambos pantanos, que hoy apenas superan el 10 por 100 de su capacidad, y en los que no reina otra cosa que el lodo.

Incluso las barcas que hace no tantos meses se agolpaban en la zona más próxima de Entrepeñas al municipio alcarreño de Sacedón han desaparecido, no porque los dueños hayan querido quitarlas, sino porque, por el volumen de agua, se han visto obligados a hacerlo. Hace un año, este embalse tenía más de el doble de su capacidad actual, es decir: rondaba los 180 hectómetros, y estaba al 20 o 25 por 100 de su capacidad total.

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Aspecto actual del embalse de Entrepeñas, a la altura de Sacedón.

 

El alcalde de Sacedón, Francisco Pérez Torrecilla, que está a la cabeza de la Asociación de Municipios Ribereños, ha denunciado en múltiples ocasiones el contínuo «saqueo» que se ha hecho del agua para derivarla al Levante español. Desde dicha asociación creen que el estado de estos embalses es resultado de un  «abuso de una solidaridad impuesta y mal entendida». En cientas de ocasiones han reivindicado un cierre del acueducto de trasvase de aguas entre el Tajo y el Segura, para exigir la supervivencia de los embalses de cabecera.

“Llevamos 38 años siendo solidarios con otra región, y recibiendo muy poco a cambio”, ha criticado el primer edil de Sacedón, lo que ha tenido unas consecuencias catastróficas para la comarca: “nuestros negocios arruinados, pérdida de población…”. Desde Municipios Ribereños no han dejado de criticar el envío de agua de forma sistemática al Levante, que se cifra desde 2011 hasta la actualidad, en más de 2.000 hectómetros, o lo que es lo mismo: el embalse de Entrepeñas y el de Buendía llenos a rebosar.

 

 

El año hidrológico 2016-2017 (del 1 de octubre de 2016 al 30 de septiembre de 2017), ha tenido realmente unos malos datos en toda la región. Los datos son mera y pura estadística, pero las pruebas están ahí fuera, al lado de carreteras, de hectáreas de barbecho, en arroyos que deberían serlo, en ríos que sabemos que lo son por el cartel que lo anuncian… y, cómo no, en los embalses.

En los 12 meses que abarcan este año hidrológico, han llovido en Guadalajara (estación meteorológica de la Aemet), 323 milímetros cúbicos, lo que representa hasta un 23 por 100 menos que la media calculada de entre las lluvias de los años 1981 a 2010. En el último mes -en este caso, septiembre- cayeron 0,0 mm cúbicos en esta demarcación.

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Grietas en Entrepeñas, donde debería haber agua.

 

Durante este verano, podemos recordar como muchos de los municipios ribereños de Entrepeñas y Buendía han sufrido cortes en el suministro; más de una decena de pueblos de Guadalajara y Cuenca, han sufrido cortes y han tenido que abastecerse mediante el uso de cisternas. Los propios vecinos contaban a los medios de comunicación que no había uso posible de agua corriente en muchas zonas por una flagrante falta de agua, lo que dibujó una situación realmente crítica.

Además, la gestión de la situación de sequía se ha llegado a tildar de insuficiente. Esos decretos que se han pedido en media región nunca han acabado de llegar y, mientras, las cesiones entre particulares y los trasvases de agua siguieron siendo los protagonistas. La situación era de prealerta y muchos colectivos buscaban la concienciación.

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Alrededores del embalse de Entrepeñas, en Sacedón. Al fondo, la Boca del Infierno

 

Merece destacar también los tantos debates que se han sucedido sobre el uso agrícola del agua, sobre los regantes, las producciones y los problemas. ¿Qué pasa con el modelo productivo si Castilla-La Mancha se convierte en muchas zonas en un desierto en un verano que cada vez se prolonga más y más? La preocupación por la situación de los pantanos y acuíferos no ha dejado de cesar. El volumen embalsado sigue por debajo del mínimo y se necesita un año hidrológico, según los expertos, muy húmedo para que se pueda recuperar la situación y salud de los ríos y embalses.

Entrepeñas, un descenso de más de 40 hectómetros desde verano

Si hablaramos de Entrepeñas hace, por ejemplo, cuatro años, podríamos decir que los 300 hectómetros cúbicos estaban asegurados en primavera, que las barcas podían «aparcar» fácilmente y que la pesca era una actividad a la que, seguramente, se podía acceder con mayor facilidad en las riberas del pantano. Hablaríamos de campeonatos de vela, y que incluso en la zona del levante se hablaba del «buen estado» que presentaba Entrepeñas, que aseguraba «el trasvase para el riego y el abastecimiento urbano en la provincia», tal y como se podía leer en el Diario Información.

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Restos de una boya en Entrepeñas.

 

Aquel año, 2013, incluso, se aprobó un trasvase de «228 hectómetros cúbicos para la cuenca del Segura hasta marzo de 2014», tal y como se informaba en la época.

Hoy, si ese trasvase de 228 hectómetros fuera, por ejemplo, del Ebro al embalse de Entrepeñas, supondría que no llegara ni siquiera a los 368 hectómetros cúbicos que se necesitan, como mínimo, para que con ese agua se hiciera un trasvase Tajo-Segura.

 

El 27 de julio, el nivel de volumen de Entrepeñas bajó la barrera de los 100 hectómetros cúbicos, es decir, el 12,3 por 100 de su volumen total de explotación. 100 hectómetros que, curiosamente, fue lo que ganaron en 2013 Entrepeñas y Buendía en solo una semana de abril, mientras que en abril de este 2017, el volumen empezó en los 169 hectómetros y abril terminó con un volumen en Entrepeñas de casi 149 hectómetros -perdió 20 hectómetros-.

En la actualidad está en el 9,7 por 100 de su capacidad. Ha sufrido un ligero repunte desde el 17 de octubre, pero está lejos de los casi 180 hectómetros que, por estas fechas, tenía el embalse en 2016 y más lejos de los 243 hectómetros cúbicos que, de media, se calculan en esta semana de entre los datos de 10 años atrás.

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Así luce Entrepeñas a día de hoy.

 

Entrepeñas lleva en situación de emergencia por sequía desde el mes de mayo de este año. Una situación que no ha cambiado en los últimos meses, como es evidente, pero que se prolonga desde enero. Entre enero y abril la situación era de alerta, según el Observatorio Nacional de la Sequía, del Mapama.

«A fecha de 2 de octubre, el volumen conjunto almacenado en los embalses de Entrepeñas y Buendía era de 236 hectómetros cúbicos, un 9,5 por 100 de su capacidad máxima y por debajo de su volumen no trasvasable (368 hectómetros cúbicos)», explica el Observatorio Nacional de la Sequía en su último informe mensual.

Quedémonos con esa cifra: 236 hectómetros cúbicos. Buendía en mayo de este mismo 2017 acumulaba 236 hectómetros. Ahora, sumándole el agua total en Entrepeñas llegan entre los dos a ese nivel, cinco meses después.

Entrepeñas y Buendía, en situación extrema de sequía desde mayo

El Confidencial relataba en agosto de 2015 lo siguiente: «Entre los embalses de Buendía y Entrepeñas, a fecha 28 de agosto de 2015, suman 373,38 hm3«. Por lo tanto, las cifras de este año, distan casi 120 hectómetros de aquel año en el que se embalsó. Y aquel 28 de agosto de 2015 el BOE publicaba la autorización de un nuevo trasvase de agua «desde los embalses de Entrepeñas-Buendía a través del acueducto Tajo-Segura, de 15 hectómetros cúbicos para el mes de agosto de 2015». Es decir, un trasvase de 15 hectómetros para los 3 días restantes de Agosto.

Y aquel 28 de agosto de 2015 en el que apenas se llegaba a los 375 hectómetros en ambos embalses, se autorizó un trasvase porque el Ministerio contó el agua que había a día 1 de agosto: 402 hectómetros cúbicos, y por lo tanto estaban por encima del mínimo trasvasable.

Dos años, 1 mes y 1 día más tarde, es decir, el 29 de septiembre de 2017, se abrió el canal del Trasvase Tajo-Segura, con un envío de agua de 9,82 metros cúbicos por segundo. Al día siguiente, 30 de septiembre, Miguel Ángel Sánchez, concejal de Ganemos Talavera, denunciaba que el «volumen de salida de agua de Entrepeñas y Buendía es de 1,5 hectómetros cúbicos al día, con una bajada ya de cada embalse de aproximadamente cinco centímetros”. «Sin trasvases aprobados y con Entrepeñas y Buendía en la raya paupérrima de los 240 hectómetros cúbicos, por debajo del 10 por 100, es algo ilegal e inaceptable», denunciaba aquel día.

Aquel 30 de septiembre la cota del embalse de Entrepeñas era de 676,93 metros, y la capacidad era de 77,4 hectómetros cúbicos, nivel muy parecido al que tiene en la actualidad, ya que solo ha subido algunos metros cúbicos desde esa fecha.

 

Aquel 29 de septiembre en el que la sequía de la cabecera del Tajo estaba en situación de emergencia por sequía, como hemos reiterado. Tan solo una semana antes, el Mapama aprobaba la prolongación del Decreto de sequía para la demarcación del Segura, en cuyo texto se aclaraba que «lo que motivó inicialmente la declaración de sequía fue el el estado en el que se encontraban los aprovechamientos vinculados al trasvase Tajo-Segura».

Buendía: el mar apagado

Entre ambos embalses, Entrepeñas y Buendía, solo hay unos kilómetros de distancia, al igual que mínima es la distancia que les separa si hablamos de estado. Cruzar los aledaños de Buendía significa cruzar unos lugares en los que se nota que falta agua. Los carteles que anuncian el embalse, realmente anuncian cauces secos por donde debería haber agua, pero lo único que queda es nada.

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Aledaños del embalse de Buendía.

 

2017 comenzó con un volumen de agua embalsada en Buendía de 257,75 hectómetros cúbicos. A día 26 de octubre, buendía tenía 156,9 hectómetros, o lo que es lo mismo, 100 hm menos que el 1 de enero de 2017. Desde que empezó el verano de este año, el embalse ha perdido cerca de 60 hectómetros. Es decir, el mismo volumen que se autorizó para trasvasar al Segura en octubre del año pasado. La misma cantidad. Entonces, el volumen de existencias entre los embalses de Entrepeñas y buendía era de 440 hectómetros y se superaba así el umbral mínimo de los 336 hectómetros cúbicos en aquel momento.

Si esos 60 hectómetros que ha perdido Buendía desde el 22 de junio de 2017 hasta el momento, se trasvasaran al propio pantano desde otra cabecera, por ejemplo, como medida de emergencia por la situación de sequía, ni siquiera se llegaría al caudal mínimo -entre Buendía y Entrepeñas- para poder enviar aguas al Levante. Tampoco llegarían a los 300 hectómetros cúbicos entre los dos pantanos.

 

 

Recientemente, el presidente valenciano, Ximo Puig, ha anunciado que se reunirá con la ministra Tejerina para pedirle una «aportación extraordinaria del Trasvase Tajo-Segura». A esta petición se han adherido algunos ayuntamientos como el de Elche, que mostró su apoyo al presidente de la Comunitat, así como las sociedades de regantes del Levante, que desde hace meses piden un «rescate» hidrológico y que se trasvase agua, de nuevo, al Levante.

La pregunta aquí es: ¿de dónde sacamos el agua? ¿Qué trasvase se puede hacer si la cabecera del Tajo no acumula ni 240 hectómetros? La situación hídrica de la cuenca del Segura y la de Buendía son semejantes: no llegan a los 160 hectómetros. A día de hoy, la cuenca del Segura está al 13,41 por 100 de su capacidad, mientras que la cabecera del Tajo está estancada en el 10 por 100 de media de su capacidad.

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Comparativa en Buendía.

 

«Los embalses de cabecera del Tajo, pensados para hacer frente a periodos de sequía de hasta cinco años, languidecen por culpa de una extracción artificial de agua que vampiriza los recursos hacia otra región que, por lo manifestado en la Asamblea Regional de Murcia, dista mucho de presentar carencias similares», han denunciado recientemente desde los Municipios Ribereños de Entrepeñas y Buendía.

Según los rivereños, hoy en Murcia existen cerca de 17.000 balsas de riego que podrían llegar a acumular, en total, cerca de 800 hectómetros cúbicos, según desvelan, aunque se trate de datos aproximados y sin calcular exactamente. Con esto puede surgir alguna pregunta: ¿ha llegado a acumular el Embalse de Buendía alguna vez 800 hectómetros cúbicos de agua en su reserva? Por supuesto, pero debemos retroceder muchos años para hablar de, incluso, 1.000, 1.100, o 1.400 hectómetros en Buendía.

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Aledaños de Buendía.

 

La última vez que Buendía superó la barrera de los 800 hm3, es decir, que estaba prácticamente a la mitad de su volumen, fue en junio de 1998. Desde entonces, las cifras no han dejado de bajar de ese nivel.

El peor octubre en los 51 años que lleva activo el embalse de cabecera fue en 1995. El segundo peor octubre, en 2005, y el actual ha sido el cuarto peor octubre en la historia de la cabecera del Tajo para Buendía, con un registro que no ha superado los 157 hectómetros, y por lo tanto, tampoco ha llegado al 10 por 100 de su capacidad.

 

 

Así, con estos datos sobre la mesa, con una serie de reivindicaciones que no cesan, con un panorama desolador en las riberas de los embalses, en las que, donde antes había agua, ahora ni siquiera queda lodo, la cabecera se enfrenta a una situación extrema de sequía -recordemos, desde mayo en situación de emergencia-, que puede verse agravada si finalmente el Ministerio cambia la Ley para conceder de forma excepcional un trasvase de agua al Levante, como vienen pidiendo desde hace semanas, y dada la insostenible situación de la cuenca del Segura.

Durante años se ha pedido el uso de desaladoras en las regiones costeras del Segura, durante meses muchas organizaciones, colectivos e incluso partidos políticos que se han unido al carro de las reivindicaciones, han pedido que el trasvase deje de existir. Un trasvase que ahora podría dejar a la cabecera aún más mermada y que no vendría a solucionar la situación del Levante ni siquiera de forma puntual, básicamente por una razón: no hay suficiente agua.