Prismáticos de un economista

Los borregos, el bisturí y los capitanes de empresa

El modelo social en el que nos organizamos tiene que poner en el centro la dimensión humana. Los planteamientos que ignoran los méritos individuales y tienden a igual por abajo, tienen tintes totalitarios. Si nos fijamos en el plano de la economía, una sociedad libre se asemeja a una escalera donde unos y otros se esfuerzan por ascender peldaños para prosperar; con reglas de comportamiento éticas y respetuosas

La economía española se disponer a librar una dura batalla a raíz del estallido de la pandemia. En una sociedad globalizada que tiende a relativizar principios y valores, el enfoque estratégico ha de ser multidimensional. En la reflexión que les expongo voy a poner el foco en cuatro áreas:

1. La dimensión humana.

2. El lenguaje, utilizado con precisión quirúrgica de bisturí.

3. La valentía de los capitanes de empresa.

4. La tozuda realidad de la economía.

Borregos o personas libres

El modelo social en el que nos organizamos tiene que poner en el centro la dimensión humana. Los planteamientos que ignoran los méritos individuales y tienden a igual por abajo, tienen tintes totalitarios. Si nos fijamos en el plano de la economía, una sociedad libre se asemeja a una escalera donde unos y otros se esfuerzan por ascender peldaños para prosperar; con reglas de comportamiento éticas y respetuosas.

Los estados nacionales, el club de la Unión Europea o las instituciones que los respaldan no pueden olvidar la dimensión humana como faro de sus actuaciones. Los mercados (puntos de encuentro e intercambio) necesitan ciudadanos libres que negocian, compran y venden, innovan y, en definitiva, generan progreso y valor añadido en una sociedad.

El lenguaje con precisión de bisturí

El frente de la comunicación es olvidado en muchas ocasiones en el campo de la economía. El lenguaje  ha de tener precisión de bisturí en los conceptos y términos utilizados. En situaciones de crisis, las emociones de consumidores y empresas están a flor de piel. Frente a la manera de expresarse más política («voy a gastar… «, sin hacer ninguna referencia a la contrapartida, al ingreso real necesario), se necesitan proposiciones concisas y realistas.

El lenguaje como instrumento de las personas libres frente a la propaganda de frases huecas que recuerda unas veces a la publicidad engañosa y en otras ocasiones destila una rancia supremacía moral. Tanto en lo público como en lo privado, una comunicación abierta y sincera, que ponga de manifiesto la integridad de los interlocutores.

La valentía de los capitanes de empresa

Es la hora de los grandes líderes empresariales. Necesitamos la sabiduría práctica y la valentía de los capitanes de empresa, de esos hombres y mujeres con capacidad ejecutiva y de altísimo nivel que tenemos en España. El criterio, su saber hacer y su experiencia en la toma de decisiones complejas, nos puede ser de gran utilidad. Su liderazgo puede ser clave para afrontar una crisis que no tiene su origen en el plano económico. Y no quisiera  olvidar en esta área del enfoque, la ayuda que nos aportaría el sentido común y el talante de los políticos «maduros» o jubilados de la vida pública, a los que también considero por su bagaje, «capitanes de empresa»; no tengo dudas de que ha llegado el momento de escucharles con atención.

La tozuda realidad

En asuntos de economía hay que llamar a las cosas por su nombre. Si fantaseas, la tozuda realidad te acaba poniendo en tu sitio. En la mayoría de las ocasiones nos vamos a mover en el territorio de la escasez, compitiendo en mercados y buscando obtener eficiencia y productividad. Las cuentas no tienen que cuadrar y los gastos no pueden superar indefinidamente a los ingresos. La estabilidad presupuestaria en el plano familiar, empresarial o en el conjunto de las cuentas públicas es esencial a medio y largo plazo. Esto último, o lo afrontamos con madurez y responsabilidad, o nos asomaremos al abismo. Si me permiten un consejo, desconfíen por norma de quienes les ofrecen lo que no pueden pagar.

Si quieres consultar más artículos del autor, entra en su blog: vicentedelrio.com