Mentiras y medias verdades en el único debate entre los cinco candidatos

10 de noviembre: a votar, a pesar de todo

La democracia no consiste solo en depositar una papeleta en la urna cada cierto tiempo, pero esa acción es imprescindible para que exista democracia. Y es el mejor modelo de sociedad en el que se puede vivir, pese a sus defectos

Con el hartazgo que muchos ciudadanos tienen de los políticos, se puede comprender que haya quien no quiera votar en las próximas elecciones generales y diga eso de «¿para qué voy a votar, si no servirá de nada porque cada partido va a lo suyo?». Pero eso es un error porque, en democracia, la mejor manera de hacer que los políticos escuchen a la ciudadanía y trabajen por el interés general, y no por el suyo o el de su partido, es acudiendo masivamente a las urnas y exigiéndoles después que cumplan lo que han prometido. El 10 de noviembre hay que votar con libertad, a pesar del hartazgo y la decepción que algunos dirigentes políticos se han ganado a pulso.

El 4 de noviembre se celebró el único debate de esta campaña electoral entre los cinco principales candidatos: Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal. Seguro que había quien esperaba a escucharles para decidir su voto. Pero, a juzgar por lo que se vio y escuchó durante casi tres horas, que fue más un intercambio de las habituales y repetidas acusaciones que una exposición de propuestas concretas, muchos electores se habrán sentido defraudados y seguirán pensando que lo mejor es no ir a votar. Grave error.

Un debate de mentiras y medias verdades

Algunos candidatos parecían estar participando más en un debate de mentiras y medias verdades que en una cita importante en la que exponer sus propuestas, para que la ciudadanía indecisa se decida por un partido u otro. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, suele ser el que más intenta llamar la atención en los debates, mostrando un variado material mientras habla, y el lunes volvió a hacerlo: enseñó un adoquín roto -de los que unos manifestantes picaron del pavimento en las recientes protestas en Barcelona y lanzaron a los policías-, una tira de papel enrollado lleno de datos, varias fotografías y cuadros con estadísticas… Se supone que sus asesores le habrán dicho que eso es efectivo, allá ellos.

Unos más y otros menos, pero todos dijeron algunas mentiras o medias verdades. Especialmente llamativos fueron algunos de los datos falsos que ofreció el líder de Vox, Santiago Abascal, a quien ninguno de los otros candidatos rebatió como era de esperar que hicieran los líderes de partidos democráticos. Como botón de muestra puede servir esto: no es verdad que el 70% de los imputados por presuntas agresiones sexuales en los últimos años sean extranjeros, como dijo Abascal, sino todo lo contrario, el 70,1% son españoles y el 29,9% extranjeros; en 2017 hubo 2.816 condenados por esos delitos y, de ellos, 2.107 eran españoles y 709 extranjeros.

También es falso que las leyes para combatir la violencia de género no hayan reducido el número de asesinatos de mujeres ni que el 86% de las denuncias contra hombres hayan sido archivadas, como también aseguró el líder de Vox: se ha reducido el número de víctimas y de las 29.028 denuncias de este tipo que se presentaron en 2018, fueron archivadas 385 por falta de pruebas o por ser falsas, lo que supone solo el 1,3% del total y no el 86%.

Esos son solo dos ejemplos de los datos falsos que expusieron durante el debate electoral. Santiago Abascal no fue el único que dijo unas cuantas falsedades, quizá el que más (posteriormente, cuando los periodistas le han preguntado por alguno de esos datos falsos, se ha justificado diciendo que los dijo porque los ha leído en la prensa). Los otros cuatro candidatos también soltaron algunas falsedades o datos erróneos, que organizaciones dedicadas a verificar los datos como Maldita.es, y también la agencia de noticias Efe y otros medios de comunicación, han aclarado y desmentido tras el debate.

Intentos de pucherazo tecnológico

En la década de los años 70, cuando España estaba sometida a la dictadura de Franco, y también en los primeros años de la Transición tras su muerte, se celebraron algunas elecciones -con pocas garantías democráticas- en las que se habló de pucherazo en los resultados registrados en distintos pueblos y ciudades. Ahora, cuando la vida diaria de la ciudadanía no se puede concebir sin internet, hay quienes intentan dar algo así como un pucherazo tecnológico. Para ello, ha habido quien se ha gastado importantes cantidades de dinero difundiendo anuncios falsos y anónimos en favor de la abstención; algunos líderes políticos han dicho datos falsos en mítines, entrevistas y debates, y los han repetido tanto que terminan creyéndoselos, etc.

A pesar de esas y otras prácticas que se han visto en la precampaña y la campaña electoral, rotundamente rechazables y nada democráticas, el domingo 10 de noviembre hay que votar. Cada cual al partido o coalición que quiera, pero hay que votar. La democracia no consiste solo en depositar una papeleta en la urna cada cierto tiempo, pero esa acción es imprescindible para que exista democracia. Y, mientras no se demuestre lo contrario, la democracia es el mejor modelo de sociedad en el que se puede vivir, pese a sus defectos. Por eso hay que ir a votar.