Hacen cambios en las direcciones de PP y Ciudadanos para evitar a los críticos

Pablo Casado y Albert Rivera: "Aquí mando yo"

El día que ellos y todos los líderes políticos actúen más pensando en el interés general y de la ciudadanía que en defensa de sus intereses personales o partidistas, seguro que les irá mejor. Y también al país

El líder de la derecha, Pablo Casado, y el que dice que él va a ocupar ese papel aunque no tiene los diputados necesarios para ello, Albert Rivera, han decidido que, en  sus partidos, eso de discrepar no tiene cabida. Han dicho “aquí mando yo” y han configurado unos órganos de dirección del Partido Popular y de Ciudadanos, respectivamente, a su imagen y semejanza. En ellos solo hay personas que siguen sin rechistar lo que dice su líder, porque los pocos críticos que expresaban en público sus discrepancias con el jefe han sido destituidos. Curiosa manera de entender la democracia.

Martes, 30 de julio. Pablo Casado reúne a la Junta Directiva Nacional del PP y anuncia una serie de nombramientos entre los apenas hay alguna persona de las que en su día apoyaron a Soraya Sáenz de Santamaría frente a Casado. Uno de los que han salido de la cúpula directiva del partido ha sido el castellano-manchego Vicente Tirado, que era vicesecretario de Política Local y Autonómica. Fue el número dos de María Dolores de Cospedal en el PP de Castilla-La Mancha cuando ella presidía la región y Casado ha debido pensar que, habiéndole tenido un año en ese puesto, ya ha pagado a Cospedal el gran favor que le hizo ella cuando le apoyó en las elecciones primarias frente a Sáenz de Santamaría.

Únicamente personas fieles al líder

Los demás nombramientos que ha decidido también son personas de su confianza. Los tertulianos y politólogos dicen que lo ha hecho así para que nadie de la cúpula directiva del partido hable de la posibilidad de que el PP se abstenga si Pedro Sánchez se somete a otro debate de investidura. A partir de ahora, todos los dirigentes del partido cerrarán filas en torno a su líder y repetirán sus argumentos, sin el menor resquicio de crítica hacia él.

Ese mismo martes, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, reunió al Consejo General de su partido. Anunció la incorporación de 22 personas al Comité Ejecutivo del partido, que a partir de ahora lo integran 50 miembros. Pero también decidió cinco destituciones en ese órgano, todas ellas de quienes se habían mostrado en contra de la negativa rotunda de su líder a negarse a estudiar la posibilidad de facilitar la investidura de Pedro Sánchez o se abstuvieron en la votación sobre ese asunto en el partido. Una de las destituidas es Orlena de Miguel, portavoz de Ciudadanos en Castilla-La Mancha.

Con esta remodelación Rivera tiene un Comité Ejecutivo constituido casi en su totalidad por personas fieles a él y, por ello, que no le van a plantear que analice la posibilidad de facilitar la formación del Gobierno por parte de Pedro Sánchez. Sólo hay dos críticos en ese órgano: Luis Garicano (jefe del grupo de Ciudadanos en el Parlamento Europeo) y Francisco Igea (vicepresidente del Gobierno de Castilla y León gracias al apoyo del PP y Vox). Pero, por muy críticos que sean ambos, ¿qué pueden conseguir dos en un grupo de 50? Pues está muy claro: nada.

Más que los cambios concretos de nombres, que cada cual interpretará como quiera, lo que sorprende y preocupa es la actitud poco democrática con la que han actuado dos líderes políticos de la derecha que aspiran a gobernar en España. Ambos presumen de aplicar elecciones primarias en sus partidos, pero en la práctica lo que se ve es el “aquí mando yo y hago lo que me da la gana”. No está permitida la discrepancia, aunque en las declaraciones públicas digan lo contrario, porque quien no sigue al jefe ya sabe lo que le espera: la destitución “a dedo”, el mismo método que se utilizó para su nombramiento.

Recuperarse gracias a Ciudadanos y Vox

Pablo Casado estuvo a punto de tener que irse a su casa tras el batacazo que se llevó en las últimas elecciones generales, municipales y autonómicas, con los peores resultados de la historia del PP. Pero los posteriores pactos que ha hecho en ayuntamientos y en varias autonomías con Ciudadanos y con la ultraderecha de Vox le han permitido recuperar fuerzas y actuar con firmeza en su partido.

Albert Rivera ha derechizado a su partido para competir con los “populares” y, pese a ello, no ha conseguido su objetivo de superar al PP como pretendía, aunque él sigue diciendo que va a ser el líder de la derecha. Por si eso fuera poco, en las últimas semana ha visto cómo abandonaban Ciudadanos cuatro cargos significativos y uno de los fundadores del partido, Francesc de Carreras, con críticas muy duras hacia él. Pero su reacción ha sido la invitar a esos críticos a fundar otro partido y casi duplicar el Comité Ejecutiva para disolver las críticas.

El día que Pablo Casado, Albert Rivera y, en general, todos los líderes políticos actúen más pensando en el interés general y de la ciudadanía que en defensa de sus intereses personales o partidistas, como hacen con demasiada frecuencia, seguro que les irá mejor. Y también al país, que es lo que más debería importarles.