Abandona la vida política con reproches a su partido

El amargo adiós de Cospedal

Ha hecho otro gran favor a Pablo Casado al dejar el escaño, porque era su única salida: si ella no se hubiera marchado voluntariamente, él tendría que haberla pedido que renunciara y eso hubiera sido peor para su imagen

María Dolores de Cospedal se ha visto obligada a dejar la vida política activa, después de más de 20 años en ella, al verse abandonada públicamente por su partido y presionada por muchos dirigentes del mismo. Tras conocerse el contenido de sus conversaciones secretas con el comisario José Manuel Villarejo -en presencia de su marido, el empresario Ignacio López del Hierro-, el lunes 5 de noviembre renunció a su puesto en el Comité Ejecutivo del PP y dos días después, el miércoles, ha dejado su escaño en el Congreso de los Diputados. Ha sido un adiós amargo para ella pero muy tranquilizador para el presidente del partido, Pablo Casado. Y no ha sorprendido.

En política, como en el periodismo y en otras profesiones, puede costar mucho trabajo subir pero es muy fácil bajar. Un día estás en la cima de tu carrera y al siguiente has caído a ras del suelo. Eso le ha ocurrido a Cospedal: en julio aspiró a presidir el PP -lo que le hubiera permitido ser candidata a la Presidencia del Gobierno de España en las próximas elecciones generales- y quedó por debajo de Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado; ahora, apenas cuatro meses después, ya no está en el Comité Ejecutivo de su partido, no preside la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso y no forma parte de la Diputación Permanente de esa Cámara porque ha renunciado al escaño.

Reproches a su partido

La exsecretaria general del PP, exministra de Defensa en el Gobierno de Mariano Rajoy y expresidenta de Castilla-La Mancha ha dicho adiós a la política con amargura. En el extenso comunicado que ha difundido por las redes sociales para anunciar su renuncia incluye una frase que, aunque afirma que no la dice por ella, suena a un claro reproche a su partido. “Siempre he creído que un partido que no es capaz de defender a los suyos cuando están siendo injustamente atacados no puede esperar que los ciudadanos confíen en él”.

Cospedal ha explicado que deja el escaño “para liberar al Partido Popular de cualquier ataque, por muy injustificado que éste sea, sobre todo cuando estamos en un importante proceso electoral en Andalucía”. Después de haber contribuido de manera decisiva para que Pablo Casado sea presidente del PP, porque le apoyó tras perder las elecciones primarias para que no ganara Soraya Sáenz de Santamaría, ahora le ha hecho otro gran favor al dejar el escaño, porque era su única salida: si ella no se hubiera marchado voluntariamente, él tendría que haberla pedido que renunciara y eso hubiera sido peor para su imagen.

Ella, como casi todos los políticos, no hace ninguna autocrítica en su comunicado y solo reconoce un error. “Me equivoqué en pedir a mi marido, Ignacio López del Hierro, que ayudara al PP”, afirma. Pero no explica que esa “ayuda” consistió en que su marido recogió al comisario Villarejo en un coche con los cristales tintados, le introdujo en la sede nacional del PP por el garaje para que no le viera nadie, le llevó hasta el despacho de su mujer -que era la secretaria general del partido- un día en que sabían que en esa planta no había nadie y asistió a la reunión entre ambos, pese a que él no ocupaba ningún cargo en el PP.

La casualidad ha querido que el mismo día en que Cospedal anunció su renuncia al escaño se supo que Soraya Sáenz de Santamaría, su enemiga política y personal -eran conocidas desde hace tiempo sus discrepancias y el alejamiento entre ambas- iba a tomar posesión al día siguiente, 8 de noviembre, como miembro del Consejo de Estado. Ironías del destino. La exvicepresidenta del Gobierno, ¿se habrá acordado de Cospedal mientras juraba o prometía su cargo en el máximo órgano consultivo del Gobierno?

Aplausos y lamentos por su marcha

La marcha de María Dolores de Cospedal, como ocurre casi siempre en estos casos, será aplaudida por muchos ciudadanos y por buena parte de los dirigentes y militantes del PP, y lamentada por otros. Ya habrá quien analice lo positivo y lo negativo de su trabajo en los puestos que ha ocupado, tanto en el PP como en cargos públicos, pero una cosa es segura: uno de los mayores servicios a su partido lo ha hecho con esta retirada.

La semana pasada, esta columna terminaba con la siguiente frase: “Ahora, por muy doloroso que le resulte (a Pablo Casado), debería prescindir de María Dolores de Cospedal si ella no se marcha antes. Si no lo hace, nadie le creerá cuando dice que ha llegado para regenerar el PP.” Ella le ha evitado ese mal trago y le ha hecho un gran favor al marcharse.