Decenas de personas se afanan de día y de noche, contra las inclemencias del terreno y las meteorológicas, helada tras helada para conseguir rescatar al pequeño Julen

Julen cayó por un agujero por el que no cabía nadie más que él y que no debería estar al descubierto y, probablemente, ni siquiera abierto. Pero eso ahora da igual. Lo que importa es que Julen haya podido agarrarse a la vida desafiando a la naturaleza y a las probabilidades. ¡Aguanta, Julen!

Cuando este artículo se publica quedan quizás menos de 20 horas para que la operación finalice ¡ojalá que con éxito! en el municipio malagueño de Totalán.

Pero más allá de lo que nadie pueda aventurar, hay algo que ya ha pasado en torno a la historia de Julen: la reacción inmediata y solidaria de todo un país que, al contrario de lo que solía pasar, hoy está dedicado -cada uno con lo que puede o sabe- a rescatar al niño, dejando a un lado y para más tarde posibles reproches o temas secundarios a lo vitalmente importante.

Primero encontramos a Julen y luego encontramos culpables y depuramos responsabilidades. España no parece España, pero lo es. Y me gusta así. Solidarios hemos sido siempre, pero ordenados y centrados, menos.

No sé si España ha dejado de ser cainita o simplemente va madurando a bordo de sus cuatro décadas de democracia y convivencia pacífica, pero lo que vemos estos días me parece destacable, por ser la mejor cara de España y los españoles.

Bomberos, ingenieros, mineros de la Brigada de Salvamento Asturiana, voluntarios de Protección Civil, miembros de la Guardia Civil de Rescate en Alta Montaña y de rescates subacuáticos, entre otros muchos profesionales, se afanan de día y de noche, contra las inclemencias del terreno y las meteorológicas, helada tras helada, en rescatar al pequeño.

En el país de la improvisación, el cotilleo y los reality show se ha montado en pocas horas un impresionante operativo de rescate y un foco de interés que mantiene a todos los españoles pendientes de las noticias y los avisos de última hora.

Por encima de la lógica, no dejando que el pesimismo se adueñe a medida que pasan los días, todos los que actúan y los que miramos, permanecemos con el alma en vilo y pendientes, como si nuestro interés diera ánimos, fuerzas y esperanza a los padres y a los que están dejándose la piel en una misión de las que devuelven la fe en el ser humano.

España no es tan diferente cuando se trata de dar ejemplo.

Ilustración sobre el rescate de Julen
Ilustración sobre el rescate de Julen.