sábado, 20 de julio de 2024
15/12/2016junio 6th, 2017
Mar G. Illán Mar G. Illán

Ha publicado elconfidencial.com que “siguiendo las directrices de la Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) sobre políticas de remuneración, el Banco de España ha elaborado una circular para que las retribuciones variables de 2016, que los beneficiarios cobrarán durante el primer trimestre del próximo año, ya estén sometidas a las cláusulas “clawback”, también conocidas como de recobro.

Es decir, que los responsables de una mala gestión que genere pérdidas en sus entidades no se puedan embolsar remuneraciones pensadas para premiarles por todo lo contrario.


La medida, pactada entre el Ministerio de Economía y las entidades financieras, ha encontrado obstáculos en algunas de ellas y puede afectar a unos  2.050 ejecutivos entre los considerados de primer nivel, pero la cifra se elevaría a 5.000 si incluimos a los segundo nivel, pero también acogidos a los planes de retribución variable. Esto se aplicará desde el 1 de enero de 2017, según el citado periódico digital.

La noticia de elconfidencial.com explicando este tema no está rescatada de la hemeroteca de décadas atrás, sino que se publicó el domingo 11 de diciembre de 2016, en pleno siglo XXI y después de que en el mundo, en Europa y en España haya sido necesario destinar miles de millones de dólares y euros de las arcas públicas a rescatar bancos y cajas mal gestionados, mientras los directivos responsables del desastre se embolsaban cifras de escándalo en sueldos, pensiones, indemnizaciones y otras prebendas y privilegios a lo bestia.

El dinero que ha ido a rescatar a la banca ha salido de la sanidad, la educación, los servicios sociales, la congelación de pensiones, así como de los estímulos económicos que permitían en los llamados países desarrollados tener elevados niveles de empleo y, por lo tanto, de bienestar para sus clases medias.

Todo se vino abajo en los llamados países desarrollados cuando estalló la crisis financiera. Todo menos los privilegios económicos y salariales de los responsables del desastre, los jefes de la banca mayoritariamente, aunque no exclusivamente, porque los líderes de los países les dejaron hacer y deshacer a sus anchas.

No conozco ninguna empresa privada en la que una mala gestión se premie. Las consecuencias de un desastre en un negocio pueden ser más o menos graves para sus gestores o responsables, pero a nadie se le sube el sueldo por hacerlo mal. Eso solo pasaba en la banca y en la política, actividad en la que ser un inútil o arruinar instituciones y/o territorios no tiene necesariamente consecuencias negativas para el titular del demérito.

Ha habido que esperar hasta bien entrado el siglo XXI y al avance desaforado de populismos políticos que anidan en el malestar general de las sociedades más avanzadas para que se imponga el sentido común y la justicia también en este ámbito, en el que los beneficios eran para unos pocos y las pérdidas para todos.

Bienvenida la medida, aunque llegue tarde y aún quede mucho por hacer. Acabar con los populismos es “fácil”, basta terminar con sus causas, entre ellas la desigualdad y la continuidad de los privilegios para esa élite socialmente tóxica que ha hecho de su capa un sayo y ha fagocitado a esa otra más preparada y decente que se tuvo que conformar con escalones por debajo de sus posibilidades, porque para triunfar en el mundo había que ser un cara dura.

No está en los discursos el fin del populismo, sino en acabar con la desigualdad social o al menos en su progresiva e ininterrumpida reducción.

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