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jueves, 26 de mayo de 2022
La división que no cesa - 02 abril 2019 - Toledo
Mar G. Illán Mar G. Illán

Confieso que aún no entiendo muy bien las razones por las que la izquierda va a concurrir más dividida que nunca a las elecciones generales, autonómicas y municipales que se van a celebrar entre el 28 de abril y el 26 de mayo.

Ni las declaraciones de unos y otros ni las explicaciones tradicionales sobre la división de la izquierda y su incapacidad para unirse me sirven para explicar qué ha pasado. ¿Por qué, tras haber alcanzado cuotas de votación y poder crecientes entre 2014 y 2016, la izquierda se desmembra? ¿Qué ocurrió para que todas las formaciones y/o coaliciones que habían logrado la gesta, salten ahora por los aires tras un espectáculo imperdonable? La ola de enfrentamientos, egos, tiras y afloja, dimes y diretes dejan en aficionados a los protagonistas de los realities televisivos y parecen los ingredientes de una pira electoral en la que arderán las aspiraciones de hace unos años.


Recuerdo leer a Pablo Iglesias presumir de haber conseguido acabar con el maleficio que le había contado siempre su padre, Manuel Iglesias, aquello de que «la izquierda solo se une en la cárcel».

Con el fenómeno Podemos pareció conseguida la unidad y enterrados los males que cíclicamente achacaban a Izquierda Unida y le impedían romper el techo de cristal que la condenaba, en el mejor de los casos, a socia de gobierno del PSOE en algunos ayuntamientos.

Sin embargo, apenas 5 años después del boom de las europeas, Podemos aparece soluble y desdibujado. Y como ellos, toda la izquierda que hace cuatro años se declaró confluyente y se buscó las mañas para unir marcas y nombres en candidaturas que lograron un gran respaldo electoral.

Esas confluencias, junto al PSOE, mandaron a la oposición en ayuntamientos y comunidades al PP, ganador de las elecciones en la mayoría de los casos, pero sin mayoría necesaria para gobernar.

Hay una izquierda a la izquierda del PSOE y debería estar representada institucionalmente. Al igual que la derecha que hay a la derecha del PP, porque se ha demostrado que fuera de las instituciones hay mucho ruido y pocas nueces.

Desde luego no tiene nada de revolucionario, ni de preocupación por los mas débiles o las políticas sociales la guerra de siglas y nombres que estamos viendo dentro y fuera de Castilla-La Mancha.

Todos son conscientes del desastre que se avecina, pero nadie ha sido capaz de parar el harakiri. Ni siquiera minimizarlo. ¿Sabremos algún día que hay detrás de este incomprensible suicidio político colectivo?

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