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19/11/2015junio 7th, 2017
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Cuando alguien comete un error muy grave en su trabajo y provoca un perjuicio serio a su empresa, lo más probable es que sea sancionado o incluso despedido. Cuando un medio de comunicación se equivoca, lo habitual es que no pase nada -salvo algunas excepciones- o, como mucho, que el periódico incluya una breve nota de rectificación en la sección de cartas al director o, si es una radio o una televisión, que dedique apenas unos segundos a pedir disculpas. Algunos ni siquiera hacen eso.

El sábado 14 de noviembre, la cadena de televisión Antena 3 emitió la imagen de uno de los supuestos terroristas yihadistas que la noche anterior habían participado en los atentados de París, en los que murieron 129 personas. Era una información errónea.


Esa imagen correspondía al periodista Veerender Jubbal, de Canadá, que se había autofotografiado en su casa con una tableta Apple en las manos y había difundido la foto a través de Twitter hace meses. Alguien la retocó mediante Photoshop, sustituyó la tableta por un ejemplar del Corán y vistió a Jubbal con un chaleco cargado de explosivos, como si fuera un terrorista.

LA OBLIGACIÓN DE LOS PERIODISTAS

En Antena 3 alguien vio esa fotografía y, sin cumplir con la obligación de los periodistas de comprobar la veracidad de la información, decidió emitirla. Dijeron y titularon que era uno de los presuntos terroristas que la noche anterior habían entrado a tiros en la parisina sala Bataclán.

Uno de los jefes del diario La Razón vio esa noticia en Antena 3 -ambas empresas pertenecen al grupo Planeta- y ordenó incluirla en la portada del periódico del domingo día 15. Publicaron la fotografía del periodista canadiense con la frase «uno de los terroristas», sin siquiera utilizar el habitual «presunto». Si esos dos medios hubieran realizado una mínima comprobación habrían visto que la imagen del periodista convertido en terrorista por obra del Photoshop es un montaje que circula por las redes sociales desde el 4 de agosto.

NI RECTIFICARON NI ACLARARON

A ese grave error periodístico hay que añadir otro. Después de que Jubbal dijera en Twitter que esa fotografía era un montaje, y tras numerosas críticas en las redes sociales, La Razón la retiró de su edición digital pero no publicó ninguna nota de rectificación y se limitó a lanzar un tuit en el que pedía disculpas al afectado. Antena 3 ni se disculpó ni aclaró su error. ¿Por qué utilizaron Twitter para rectificar una noticia errónea que habían publicado en un periódico? ¿Todos los lectores de ese diario tienen una cuenta en Twitter y pudieron leer esa aclaración? Evidentemente, no, luego no existió la rectificación debida.

La ley que regula el derecho de rectificación establece que los medios de comunicación deben rectificar, cuando lo solicita una persona afectada por una información inexacta que le causa perjuicios, dedicando un espacio semejante al que emplearon para dar la noticia. Lamentablemente, esta norma se cumple en muy pocas ocasiones, nunca se dedica el mismo espacio y casi siermpre es porque lo ordena un juez.

Este caso es el último que se ha conocido pero no es el único de equivocaciones o graves errores de los medios de comunicación, fruto de diversas causas: las prisas, la falta de profesionalidad de algunos, la
reducción de las plantillas por la crisis económica con el consiguiente exceso de trabajo, la sustitución de profesionales muy experimentados por recién licenciados porque cobran mucho menos…

En junio último, Antena 3 emitió «nuevas imágenes del ataque a Túnez», para informar de un atentado perpetrado en ese país, y dijo que habían sido filmadas por un grupo de españoles durante el atentado. En realidad eran de un tiroteo del año 2007 en una playa de Isla Margarita (Venezuela).

En enero de 2013, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, llevaba varias semanas en Cuba para ser tratado de una grave enfermedad, sin que su Gobierno facilitara ninguna información. En esas circunstancias de total oscurantismo, el diario El País, compró por 15.000 euros una fotografía que supuestamente había hecho una enfermera, en la que se veía a alguien que parecía ser Chávez intubado y en una mesa de operaciones, y la publicó en portada. La diferencia con Antena 3 es que este periódico realizó una investigación interna y publicó una extensa información en la que narraba de manera pormenorizada todo lo que había ocurrido para llegar a cometer tan grave error. Además, retiró gran parte de la edición en papel e hizo una nueva tirada del periódico sin la foto falsa.

UNA PROFESIÓN NO REGULADA POR LA LEY

En un país como España, en el que no existe una ley que regule los derechos y los deberes de la profesión periodística porque ni el PSOE ni el PP han querido hacerlo -un caso insólito en Europa y en buena parte del mundo-, es difícil o casi imposible adoptar medidas contra los informadores que no respeten las normas deontológicas de esta profesión, imprescindible en democracia aunque cada día peor valorada. Pero la ciudadanía sí puede protestar cuando se vulnera su derecho constitucional a recibir información veraz y de calidad, porque eso es lo que hacemos los periodistas cuando no cumplimos los principios éticos del periodismo. Y los periodistas podemos y debemos hacer autocrítica, siempre necesaria pero ahora más que nunca por la lamentable situación por la que atraviesa el periodismo.

Si la ciudadanía protesta y se manifiesta en la calle -al menos, una parte- para reclamar una educación o una sanidad públicas de calidad, ¿por qué no exige también que se cumpla su derecho constitucional a recibir información veraz, en vez de aguantar programas de televisión basura, noticias falsas que se difunden por falta de profesionalidad o por oscuros intereses, rumores que son publicados como si se tratara de informaciones ciertas e información mediatizada por los intereses económicos o políticos de los
propietarios de los medios de comunicación? El día que la ciudadanía se tome en serio su derecho a la información y la comunicación, y exija una ley que garantice ese derecho, otro gallo nos cantará a los ciudadanos, a los periodistas y, en definitiva, a la democracia. Y ese canto sonará mucho mejor que el actual.

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