Aislado, elevado y rodeado de silencio, un recinto de piedra domina desde hace siglos el paisaje del Alto Guadiana junto al embalse que lleva su nombre. No es un castillo cualquiera, es un lugar donde la historia militar, la fe y las tradiciones populares se han ido superponiendo con el paso del tiempo.
El Castillo de Peñarroya se encuentra en el término municipal de Argamasilla de Alba, en las cercanías de las Lagunas de Ruidera y junto al Embalse de Peñarroya, una infraestructura hidráulica construida en el siglo XX que ha modificado profundamente su entorno. En momentos de alto nivel de agua, el castillo queda parcialmente rodeado por el embalse, una imagen poco habitual en el interior de Castilla-La Mancha.
El origen del enclave se sitúa en una fortaleza musulmana levantada entre los siglos X y XI para el control del territorio del Alto Guadiana. Tras la conquista cristiana a finales del siglo XII, el recinto pasó a manos de la Orden de Santiago, que lo reforzó y utilizó como punto estratégico para la vigilancia de caminos y el control del tránsito ganadero y comercial. Su posición elevada permitía un dominio visual amplio de la llanura manchega, lo que explica su importancia dentro del sistema defensivo medieval de esta zona.
Desde el punto de vista arquitectónico, el castillo de Peñarroya es una fortaleza musulmana de planta irregular, construida con piedra y adaptada al terreno. Parte del recinto se apoya en un acantilado natural sobre el Guadiana, hoy sobre el embalse, mientras que el resto se levanta sobre una zona llana, donde se concentró el principal sistema defensivo.

El castillo antes de la construcción del embalse
Ese sistema estuvo formado por una doble muralla, separada por un pasillo interior. La muralla exterior, de unos 70 metros de longitud, contó con varias torres, saeteras y almenas, mientras que la muralla interior, más alta, alberga la torre del homenaje y una de las entradas al recinto. El conjunto se completa con un camino de acceso medieval y un foso excavado en la roca. En el interior se encuentra el patio de armas, de grandes dimensiones, alrededor del cual se distribuyen distintas dependencias. Entre ellas destaca una antigua iglesia del siglo XII, origen del posterior santuario, y un aljibe para el almacenamiento de agua.
La torre del homenaje, de planta cuadrada y varias alturas, es el elemento más visible del castillo y actuó como núcleo defensivo y simbólico de la fortaleza, con acceso a una terraza superior desde la muralla.
De fortaleza a santuario
Con el paso de los siglos, el uso militar fue perdiendo peso y el recinto adquirió un carácter religioso. En su interior se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Peñarroya, integrado en las antiguas estructuras defensivas.
La convivencia entre murallas y templo ha dado lugar a una configuración arquitectónica singular, poco frecuente en Castilla-La Mancha, y ha sido esencial para la conservación del conjunto hasta la actualidad.

Imagen aérea del castillo de Peñarroya
Una Virgen compartida
Entre las curiosidades más destacadas del castillo se encuentra la devoción a Nuestra Señora de Peñarroya, que es patrona tanto de Argamasilla de Alba como de La Solana. Ambas localidades comparten la imagen, que se traslada a lo largo del año entre el santuario del castillo y cada uno de los municipios.
Estos traslados están en el origen de romerías y celebraciones religiosas profundamente arraigadas en la comarca y convierten al castillo de Peñarroya en un punto de referencia común para ambos pueblos.
Hoy, el castillo de Peñarroya es un referente histórico, religioso y paisajístico de la provincia de Ciudad Real. Su ubicación, su evolución a lo largo de los siglos y las tradiciones que conserva lo convierten en uno de los enclaves más singulares del patrimonio castellanomanchego.

Romería en honor a la Virgen de Peñarroya en las inmediaciones del castillo
