En plena comarca de Molina de Aragón y a casi dos horas de Guadalajara capital, nos encontramos con el pueblo más pequeño de España, Torremochuela, con seis habitantes empadronados. Este municipio, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), destrona a Illán de Vacas en Toledo, que ostentaba el título hasta ahora.
De los seis empadronados, el único que vive en el pueblo es su alcalde, Constantino Martínez, de 80 años de edad, y en quince días cumplirá 81. Es un amante de su municipio y no quiere que desaparezca: «Me presenté a las elecciones porque veía que sino íbamos a desaparecer», apunta Constantino, que afronta ya su segunda legislatura.
Al ser el único habitante tiene que hacer todas las labores del pueblo, desde barrer calles, coger leña, vigilar y mantener limpio el centro social que es el bar del pueblo: «Yo me dedico a tener el pueblo como hay que tenerlo, limpio». Si hay un montón de hojas en una esquina, cojo mi cubo, mi cepillo, lo barro y lo quito».
Pocos servicios
Torremochuela es un pueblo en el que las calles ni siquiera tienen nombre; la única placa identificativa se encuentra en una de las paredes de la Iglesia de la Purificación de Nuestra Señora, indicando la ubicación de la plaza de la Reina María Cristina.
Teniendo en cuenta que para acceder a servicios básicos como el médico, el supermercado o la farmacia es necesario desplazarse hasta Molina, la gran reclamación recurrente por parte de Constantino es «una carretera asfaltada de 6 kilómetros sin miedo a quedarse atascado con un coche en un camino». Algo que ha reclamado a las instituciones con una recogida de 700 firmas, aprovechando cuando hay vecinos en verano, «pero no me han hecho caso».
La conexión a Internet es buena en el pueblo, pero el teletrabajo no es atractivo para los jóvenes porque no hay casi nada en el pueblo: «Lo que pasa es que aquí no hay nada ya, aquí viene un chico, una semana, se cansa y se va».
Los únicos que se acercan de vez en cuando al pueblo «son los agricultores a labrar las tierras y los vecinos en verano para las fiestas de agosto o algunos fines de semana», apunta el alcalde.
El pequeño pueblo de Guadalajara en el que las calles no tienen nombre
España vaciada
Constantino avisa de la falta de relevo generacional: «La España Vaciada cada día va a más; cuando se vaya mi generación y la que viene detrás, puede ser que el pueblo desaparezca».
La tranquilidad de Torremochuela ofrece la posibilidad de disfrutar de sus alrededores para aquellos amantes de la naturaleza y el ejercicio al aire libre, pero claro, para ello tiene que tener habitantes antes de que cierre definitivamente por falta de población cuando se vaya su generación.
