La jinete sordociega Cristina Landete volvió a transmitir su experiencia de resiliencia a los más jóvenes, esta vez en la quinta Jornada de ‘Rompiendo Barreras en Castilla-La Mancha’, celebrada en Herencia (Ciudad Real).
Relató su dura infancia: lo chiquita que nació, sus pulmones sin acabársele de formar, todas las operaciones por las que pasó, la hipoxia que sufrió (estado de deficiencia de oxígeno en los tejidos y células del organismo que compromete su función normal), la ceguera hasta los tres años y la sordera a los 11 años (perdió los sonidos agudos completamente). «¿Además de ciega me voy a quedar sorda», le dijo a su madre.
Le entraron los miedos, perdía el equilibrio («andaba como un pato mareado»). Reveló que los ciegos le tienen miedo a todo, a ciertas texturas (no podía tocar la arena de la playa y la cuadra o los guisantes).
La deportista recordó cómo sus padres le compraron un pony para que dejara de tener miedo a los caballos, pero se le murió. Solo fue cuando ella tenía 12 años cuando volvió a coger la rienda a lomos de su caballo, «pasándoselo en grande».
Ya en categorá nacional, tiene la intención de acudir a la Copa de Mundo en Sevilla, en caballo español.
Cristina Landete cuenta que cuando empezó, con un año, con la hipoterapia y la equinoterapia, no veía nada. El caballo le hace sentir «libre, fuerte, independiente». «Tienes control total sobre el caballo, pero son muy listos, Rayo me ha salvado de alguna», cuenta.
En el colegio no lo pasó nada bien. Dice que fue «una pesadilla total, a partir del segundo curso, hasta que en cuarto tenía dos acosadoras». «Una de ellas me decía que mis padres no habían venido porque se habían matado, me lo decía todos los días», desvela. La otra acosadora le decía que su mano «le daba asco», ya que decía que lo que tenía Cristina «era contagioso, que se lo iba a pegar a todos el colegio», lo que llevó a Cristina a esconder la mano. La misma chica que empezó a empujarla por las escaleras.
No quería ir al colegio, le daba miedo.
La jinete, ante los posibles casos de acoso que puedan sufrir los escolares, recomienda contarlo desde el principio, que no hagan como ella, ya que sus padres se enteraron un mes después de que empezara a sufrirlo: «Cuanto antes lo contéis, antes os van a ayudar», dijo, antes de reconocer que el colegio no la ayudó nada, al contrario que la familia. Y recomienda denunciar, como ella sí hizo, a la policía, que la protegió a partir de entonces.
Contra todo lo anterior, en el instituto no tuvo problemas.
