En el siglo XXI, revolución industrial y digital mediante, a cualquiera le puede parecer algo sencillo el hecho de bombear agua. Pero hasta el descubrimiento de las bombas de vapor o las eléctricas, e incluso en la actualidad, el agua se suele conducir de un sitio a otro por una máxima: la gravedad. Si los romanos fueron unos auténticos artistas hidráulicos con sus acueductos y sus canales en este sentido, el tornillo de Arquímedes marcó un gran hito en este sentido. Una historia en la que Toledo también ha jugado un papel primordial y la proeza del siglo XVI tiene nombre y apellidos: en esta información venimos a hablar del Artificio de Juanelo Turriano.
Se trata de una obra de ingeniería que todavía hoy ofrece algunos interrogantes, que además estaba situado en el lugar donde se construyó otra gran obra de ingeniería, el acueducto romano de Toledo, aunque en este caso, para llevar el agua hasta la parte alta del casco, no hacía falta una conducción kilométrica desde el embalse de Mazarambroz, como hicieron en el siglo I, sino que el reto fue elevar el agua desde el Tajo, salvando 90 metros de desnivel, hasta el Alcázar.
El Relojero de Carlos V
Desde la destrucción del acueducto, la ciudad de Toledo se abastecía de aguadores, mulas y cántaros, y todos los intentos para salvar el desnivel con distintas máquinas fracasaron hasta que apareció El Relojero de Carlos V.
Juanelo Turriano nació en el Ducado de Milán hacia 1.500, y llegó a Toledo en 1556 llamado por el emperador para ser su maestro relojero y su historia está ligada hasta el fin de los días del que fue hombre más poderoso del mundo, puesto que incluso lo acompañó hasta su retiro al Monasterio de Yuste.
Pero el legado de Turriano va mucho más allá. Además del artificio, fue uno de los pioneros en la creación de autómatas, que incluso hizo conocido como «Robot de Felipe II».
Pero en la obra civil su legado fue fabuloso, como con el artificio, que comenzó a construirlo en 1565 y lo terminó en 1569, al que se añadió un segundo ingenio, realizado entre 1575 y 1581.
Un ingenioso sistema impulsado solo con la fuerza del agua
Los interrogantes surgen porque, a pesar de que Turriano fue una figura muy reconocida en toda la corona imperial, lo cierto es que una vez desapareció el artefacto, no hay certeza sobre cómo era exactamente el invento que proporcionaba miles de litros de agua cada día a la ciudad de Toledo, puesto que los datos técnicos desaparecieron con la construcción.
En la actualidad la teoría más reconocida es la del historiador Ladislao Reti. El agua se captaba de un azud y, gracias a un sistema de cangilones, el agua salvaba los primeros 14 metros. Este era un sistema muy conocido hasta entonces, pero la novedad venía después.
El nuevo sistema ideado trasladaba el movimiento circular continuo de la rueda motriz en otro oscilante rectilíneo, que se ejecutaba gracias al sistema de tirantes y forzantes, pero el invento de Juanelo Turriano era innovador por el sistema de torres de cazos oscilantes que vertían el agua de uno a otro para ir elevando el agua poco a poco, mientras que el entramado de tirantes y forzantes se va adaptando al terreno para ir salvando el desnivel y la orografía de los distintos puntos.

Artificio de Juanelo Turriano.
Su movimiento se trasladaba a las torres, donde los cazos se desplazaban verticalmente, con una pausa en la subida para que se vertiera el agua de los cazos. Todo el entramado estaba conectado y ajustado perfectamente para que solo con la fuerza que ejercía el agua sobre la rueda motriz pudiese hacer que todo el mecanismo funcionase y el agua se elevase hasta el Alcázar.
De este modo, el invento logró proporcionar 18.000 litros de agua al día a la ciudad de Toledo, el doble de lo que había firmado el representante del ingeniero con Felipe II y la propia ciudad.
Pero una vez que murió el artífice del artefacto en 1585, el sistema comenzó a dar fallos en 1604 y se dejó de usar en 1617, hasta su completa desaparición en 1868.
