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domingo, 22 de marzo de 2026
Ángel Chacón junto a algunas de sus máquinas de escribir que atesora
Ángel Chacón junto a algunas de sus máquinas de escribir que atesora
De todo tipo y fechas - 22/03/2026 18:58 - Ciudad Real

El tintineo de las teclas, el golpe de las barras y el avance del carro forman parte de una música que ya casi no se escucha. En una casa de Valdepeñas, sin embargo, ese sonido sigue vivo. Allí, entre estanterías repletas de historia mecánica, Ángel Chacón ha construido un auténtico santuario de la escritura: más de 400 máquinas de escribir que narran la evolución de una tecnología que marcó generaciones.

Desde pequeño, Ángel se sintió fascinado por los pequeños mecanismos en movimiento. Siempre le han maravillado los relojes y, desde hace algunos años, también las máquinas de escribir. Su asombro por los engranajes, las barras mecánicas y los resortes ha llevado a este vecino de Valdepeñas a atesorar hoy más de 400 de estos dispositivos mecánicos.


Quien cruza la puerta de su casa se adentra en lo que él mismo define como un «pequeño museo». Aunque rehúye grandes etiquetas, lo cierto es que el espacio sorprende por su volumen y variedad. «Máquinas de todas las fechas, de todo tipo», resume, mientras muestra algunas de sus piezas más singulares. No es solo una colección, admite, sino también «un almacén casi», fruto de años de búsqueda, adquisiciones y restauraciones.

Entre las joyas que conserva destaca una de las más antiguas, datada en torno al año 1900. Se trata del modelo número 3 de la Teca Ligra, una pieza que, por su antigüedad, representa uno de los primeros pasos de la mecanización de la escritura. A su lado, conviven máquinas mucho más ligeras y portátiles, como una de 1910 diseñada para poder transportarse con facilidad, lo que da idea de cómo la tecnología comenzó a adaptarse a nuevas necesidades.

Pero si hay una pieza que llama especialmente la atención es una máquina de escribir «índice», completamente distinta a las convencionales. En ella no hay teclado como tal. Para escribir, explica Ángel, es necesario buscar cada letra mediante un cursor y, una vez localizada, presionar para que quede impresa. Un sistema más lento, pero que evidencia la diversidad de soluciones que se ensayaron en los orígenes de este invento.

El trabajo de Ángel no se limita a coleccionar. El mantenimiento ocupa buena parte de su tiempo. «Entre limpieza y restauración no acabo nunca», reconoce. Cada máquina requiere cuidados específicos, desde la eliminación de polvo hasta la reparación de mecanismos internos, en muchos casos delicados por el paso del tiempo. Esa dedicación es, en sí misma, otra forma de preservar la historia.

Lejos de ser una afición solitaria, su colección se ha convertido también en punto de encuentro. Amigos y aficionados visitan con frecuencia su casa, atraídos por un conjunto que, como reconocen algunos de ellos, resulta «imposible de abarcar en una sola visita». No es raro que, tras recorrer el espacio, los visitantes dejen constancia de su paso en un libro de visitas, otro de los elementos que Ángel cuida con esmero.

En un mundo dominado por pantallas y teclados digitales, el taller de Ángel Chacón en Valdepeñas ofrece una pausa. Un lugar donde la escritura vuelve a ser mecánica, tangible y sonora. Donde cada tecla cuenta una historia y cada máquina guarda, en sus engranajes, un pedazo de memoria.

Carlos Monteagudo
Carlos Monteagudo

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, con diez años de experiencia en el oficio. Defensor del periodismo de provincias, de las tradiciones y de la vida en los pueblos, con un firme compromiso en la lucha contra la despoblación. Manchego de corazón, apasionado de su gastronomía, su cultura y su idiosincrasia.

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