Las violencias de género y violencias sexuales en el ámbito del trabajo del hogar son una realidad que sufren las trabajadoras que lo desempeñan, según CCOO. «Una realidad que la sociedad conoce pero que oculta y silencia. El protocolo de actuación frente a situaciones de violencia y acoso en el servicio del hogar familiar es una herramienta imprescindible cuya aprobación urge», denuncia el sindicato en un comunicado..
Protocolo de actuación
«Desde CCOO y CCOO del Hábitat, federación que organiza a las empleadas del hogar, se ha reivindicado y luchado durante muchos años no solo por la plena equiparación de los derechos laborales y de seguridad social de estas trabajadoras sino, también, para erradicar las distintas formas de violencia que padecen. Es por ello que se apoyó la decisión del Gobierno de elaborar un protocolo de actuación frente a situaciones de violencia y acoso en el servicio del hogar familiar», subrayan.
No obstante, el mencionado protocolo que debió ser elaborado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) en un plazo máximo de un año tras la publicación del Real Decreto, aún no ha visto la luz, «por lo que reclamamos su inmediata publicación como herramienta para facilitar la denuncia, mediante canales accesibles que garanticen la confidencialidad y la reparación ante casos de violencias machistas sobre las trabajadoras del hogar».
Muy pocas denuncias
Según un estudio elaborado por CCOO Castilla-La Mancha, más de la mitad de las trabajadoras del hogar, especialmente las dedicadas al servicio de ayuda a domicilio, reconocen haber sufrido algún episodio a lo largo de su trayectoria. Comentarios, solicitudes de connotación sexual, contacto físico no consentido y amenazas de despido, entre otros. A pesar de ello hay muy pocas denuncias, a menudo, por desconocimiento o el miedo a perder el empleo.
Según datos de 2024 del Instituto Nacional de Estadística, las mujeres representan el 95,7% del sector del empleo doméstico y el 42% son de origen extranjero. «La precariedad es estructural. No solo el género, también la clase social, la etnia, la situación administrativa o la formación y el desconocimiento de sus derechos pesan sobre ellas haciéndolas más vulnerables», concluyen.
