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lunes, 13 de abril de 2026
La periodista Ana Isabel López Jiménez
La periodista Ana Isabel López Jiménez.
Artículo de opinión - 13/04/2026 13:44 | Actualizado a 13/04/2026 14:32 - Toledo

Ésta no es la primera carta de agradecimiento por la atención recibida en el Hospital Universitario de Toledo, ojalá, seguro, que tampoco será la última. Ésta es una de esas cartas que se piensan en tantas horas de hospital y que, en muchas ocasiones, no se llegan a escribir, aunque no será porque con la salida del hospital desaparece el agradecimiento, simplemente es que cambiamos de pantalla. Es más, a lo largo de mi vida esta carta se pensó muchas veces, letra a letra, y es hoy cuando se escribe.

Cuando tu vida se traslada a un hospital, a una habitación y apenas dos pasillos se convierten en el escenario donde se desarrolla todo durante unos días, te das cuenta de muchas cosas que, si bien no son nuevas, si alcanzan realmente la importancia que tienen. Un: Buenos días, me llamo… y voy a ser su enfermera, ¿qué tal vamos?, venga que ya es viernes, ¿tú estás bien?…  


Son expresiones tan habituales, tan sencillas, tan comunes que, sin embargo, tienen la capacidad de humanizar las palabras y a las personas. Cuando la vida e obliga a convivir diez doce o catorce horas con personas que están en tu mismo rol: madre/hija, esposo/esposa, cuidador y cuidado, te das cuenta de que nos parecemos muchos más de lo que en ocasiones nos gustaría. Y esa apreciación reconforta pues si bien nadie quiere el dolor, ni la incertidumbre, ni la enfermedad, ni la ancianidad ni la muerte…  si es acompañado y comprendido, te da la verdadera medida de lo que es la persona y para lo que estamos en el mundo

Sería muy fácil relatar las cosas que hay que mejorar en nuestra sanidad pública, sería aún más fácil quejarme con la larga espera de la ambulancia para un traslado, tres horas…. O relatar los encajes de bolillos que hacen los profesionales sanitarios para atender a los pacientes, escuchar a los acompañantes, dando a cada uno su sitio y su espacio. También sería hasta necesario hablar de la soledad de nuestros mayores en los hospitales, cuando preguntan una y otra vez porque no viene su hijo o su hija y los profesionales contestan, a pesar de todo, con dulzura, ternura y un poquito de sentido del humor. No juzgamos.

La crítica es fácil, desde luego, gratuita también y, en muchas ocasiones, injusta. Porque en la crítica a la gestión no nos damos cuenta que nos llevamos por delante a los profesionales, por mucho que lo neguemos. Porque primero criticamos y luego hacemos las excepciones. En estas líneas propongo, humildemente, un cambio de orden, primero las personas ya sean los pacientes, los profesionales, los acompañantes, y luego “los botones”, «oséase» la tecnología, el sistema, la gestión, la inversión económica….

Porque por mucho dinero que hubiera para la sanidad pública, que hace falta y hace falta más, si no hay personas que te den los buenos días, que aporten aquello que además de enseñárselo en la facultad o en las escuelas se aprende en el día a día, poco podremos avanzar. La Inteligencia artificial no sabe lo que es esa palabra de consuelo, ese bajarse la mascarilla y decirte te entiendo…

Cuidemos a los que nos cuidan, seamos amables en el trato y generosos en el agradecimiento. Porque nos cuidan y, quizás lo más importante, nos enseñan a cuidar y a amar a los que amamos.

A los trabajadores de la F3P5 del Hospital Universitario de Toledo.

Ana Isabel Jiménez. Periodista.

Enclm

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