viernes, 1 de mayo de 2026
La ermita de la Virgen de Gracia, en 1864. Foto: Eduardo Sánchez Butragueño.
La ermita de la Virgen de Gracia, en 1864. Foto: Eduardo Sánchez Butragueño
'Toledo Olvidado' - 01/05/2026 12:39 - Toledo

El blog Toledo Olvidado ha rescatado la primera, «y probablemente, única», foto antigua de la desconocida ermita de la Virgen de Gracia«, como afirma el autor, Eduardo Sánchez Butragueño.

El «hallazgo» de la vieja ermita de la Virgen de Gracia

«Un hallazgo que he tenido la ocasión de realizar tras mirar con mucho detenimiento una antigua fotografía de 1864 tomada por Alfonso Begue, conservada en el Archivo Histórico Provincial… no existían hasta hoy fotografías antiguas conocidas del inmueble… En fechas recientes, decidí escudriñar detenidamente la foto de Alfonso Begue de la que os hablaba al principio. Se trata de una imagen muy querida para mí, pues la elegí como portada del libro Toledo Olvidado 2 y muestra a unos bañistas a la orilla del Tajo nada menos que en 1864. Dado que obtuve copia en alta resolución del cristal original por parte del Archivo Histórico Provincial, pude detenerme a ampliar los detalles de la imagen. Cuando vi el edificio, mi primera impresión fue de sorpresa. ¿Qué era esa espadaña que asomaba por encima de la puerta del Cambrón? Fue así como me detuve a analizar la perspectiva, llegando a la conclusión de que se trataba de manera inequívoca de la ermita de la Virgen de Gracia en aquel ya lejano 1864″, explica.


Dos bañistas en el Tajo, en 1864. Foto: Eduardo Sánchez Butragueño.

Dos bañistas en el Tajo, en 1864. Foto: Eduardo Sánchez Butragueño.

La historia

La historia de la ermita, explicada muy sucintamente en este artículo a tenor de lo publicado por Toledo Olvidado, es la siguiente:

«Existen rincones de Toledo que siguen escondiendo edificios prácticamente desconocidos, pese a que alguno de ellos esté profundamente arraigado en la toponimia de la ciudad. Uno de ellos es, sin duda, la ermita de la Virgen de Gracia, que da nombre a toda una zona del centro histórico de la vieja ciudad castellana. Las razones de su actual paso desapercibido para la inmensa mayoria de residentes y visitantes se deben a su ocultamiento por otros edificios desde hace ya muchas décadas.

En pie al menos desde 1776

Según nos cuenta Julio Porres Martín-Cleto en su célebre obra Historia de las Calles de Toledo, sabemos que el edificio estaba ya en pie al menos desde 1776, pues es mencionada en un documento redactado ese año a modo de catastro por alarifes municipales. Su origen exacto, según narraron en el siglo XIX autores Sixto Ramón Parro y el vizconde de Palazuelos, podría remontarse a finales del siglo XVII o comienzos del XVIII. El elevado lugar en el que se erige se conocía desde tiempos de Alfonso VI como Acaba, citándose también la plaza de Abensosán al final de la subida, como también nos recuerda Porres. En toda la zona se levantaba una manzana de viviendas aún en pie en épooca del Greco, pero que poco a poco fueron arruinándose, transformando la zona en un derrumbadero o escombrera, a modo de «rodadero interior» parecido a los que vertian hacia el Tajo en los bordes de la ciudad.

El rastro documental se pierde

Sea como fuere, el rastro documental de la ermita se pierde casi por completo a partir de 1901, fecha en que las Damas Catequistas compran la finca y construyen sus dependencias alrededor de la ermita, que quedó desde entonces oculta a la vista desde la calle, integrada en el jardín interior del complejo de esta congregación religiosa benéfica.

Por lo tanto, debido al escaso renombre o fama artística de la ermita, y a la desaparición de su apertura visual hacia la calle desde las citadas obras de 1901, no existían hasta hoy fotografías antiguas conocidas del inmueble. 

La prueba definitiva de que se trataba de esta ermita fue su comparación con las fotos actuales del patio, en el que las damas siguen desarrollando su encomiable labor a través de la fundación Dolores Sopeña. Se aprecia perfectamente cómo la fachada y la espadaña se mantienen sin apenas modificaciones, siendo un curioso caso de edificio ciertamente congelado en el tiempo, encapsulado entre altos muros sin apenas ser visto por nadie», concluye.

 

 

Enclm

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