Almedina, en pleno Campo de Montiel, es uno de esos pequeños pueblos de Ciudad Real donde la historia aparece sin hacer demasiado ruido. Basta con pasear por sus calles para comprobarlo. En las fachadas, en los rincones del casco urbano y en algunos de sus espacios más reconocibles, el municipio ha convertido parte de su trazado en un museo al aire libre dedicado a su hijo más universal, Fernando Yáñez de la Almedina, uno de los grandes nombres del Renacimiento español y un artista vinculado al entorno de Leonardo da Vinci.
El Ayuntamiento quiso rendir así homenaje al pintor, nacido en Almedina hacia 1475, con la instalación de 26 reproducciones de sus obras repartidas por el pueblo. No se trata de una sala cerrada ni de una visita convencional, sino de un recorrido por las calles del municipio para encontrar, sobre sus fachadas, réplicas de algunos de los cuadros más representativos del artista. Entre ellas figuran obras como Santa Catalina de Alejandría, situada en la calle Mayor, Resurrección, en el Ayuntamiento, o Adoración de los Pastores, en la calle Pintor Yáñez.
Ese gesto convierte a Almedina en algo más que el lugar de nacimiento de un pintor ilustre. Lo transforma en un pequeño pueblo-museo que reivindica, desde la escala local, una figura que durante mucho tiempo no ha tenido el reconocimiento popular que sí le han otorgado los especialistas. Yáñez no fue un creador secundario. Fue uno de los principales introductores del lenguaje renacentista italiano en España y una figura decisiva para comprender cómo llegaron a la península las formas, los rostros y la composición de la gran pintura europea del siglo XVI.
Yáñez de la Almedina no fue un pintor cualquiera. Su nombre ha quedado ligado al de Leonardo da Vinci, ya que distintos estudios lo han relacionado con el «Ferrando Spagnolo dipintore» que en 1505 habría trabajado junto al maestro italiano en la Batalla de Anghiari, una obra que quedó inacabada. Por eso, muchas veces se habla de él como discípulo o colaborador de Leonardo.

Calles de Almedina con varias representaciones del artista. Foto: L.R.B.
Esa posible conexión con Leonardo explica parte de la importancia de Yáñez, pero no toda. El pintor de Almedina fue uno de los artistas que ayudó a traer a España las nuevas formas del Renacimiento italiano. Sus cuadros muestran una manera distinta de pintar para la época, con figuras más suaves, composiciones más cuidadas y una clara influencia de la pintura que se estaba haciendo entonces en Italia.
Después de pasar por Italia, Yáñez desarrolló buena parte de su carrera en Valencia. Allí trabajó en encargos importantes, como algunos retablos de la catedral. En 1507 recibió el encargo del retablo del altar mayor de la seo valenciana. También dejó su huella en otras iglesias de la ciudad y llegó a participar en trabajos relacionados con el órgano mayor de la catedral.
Pero su vida no quedó desconectada de su pueblo. Entre 1518 y 1521 volvió a Almedina, donde aparece citado en documentos de la época como «Hernandiañez». Más tarde trabajó en Cuenca, en la catedral, y en sus últimos años volvió a estar relacionado con su localidad natal, donde participó en el desaparecido retablo mayor de la iglesia de Almedina.
Hoy, parte de su obra se conserva en el Museo del Prado, donde figuran cuadros como San Damián, Santa Catalina, San Onofre, San Francisco de Asís, Salvador eucarístico, Salvador y Santa Ana, la Virgen, santa Isabel, san Juan y Jesús niño. Esta última obra, también conocida como La Santa Generación, tiene además una historia muy especial ligada a la Guerra Civil.

Panel explicativo del museo al aire libre del pintor Yáñez de la Almedina
El maestro republicano que salvó una obra de Yáñez
La historia de Almedina, Yáñez y el Prado tiene un último capítulo, mucho más cercano y también más amargo. Está protagonizado por Domingo Cipriano Salvador Gijón, maestro y escritor republicano nacido en Pedro Muñoz en 1894 y afincado en Villanueva de los Infantes. Durante la Guerra Civil recibió el encargo de salvaguardar obras de arte de la comarca del Campo de Montiel y custodió la obra de la La Santa Generación para evitar su destrucción.
Según la investigación divulgada por José López Camarillas, Salvador guardó la obra hasta que en 1938 fue recogida por la Caja de Reparaciones de la República y trasladada a Barcelona. Tras la guerra, la pintura regresó a Infantes y en 1941 fue vendida al Museo del Prado por 15.000 pesetas, pese a que su valor se ha situado muy por encima de esa cantidad. Mientras tanto, el maestro fue acusado de haber hecho desaparecer el cuadro, aunque la obra nunca se perdió y acabó colgada en el Prado.
La acusación tuvo consecuencias dramáticas. Salvador Gijón fue detenido en 1939, condenado a muerte, pena después conmutada por 30 años de prisión y trabajos forzados, y no recuperó la libertad hasta años después. Murió en 1975 sin una rectificación pública. Hoy, su historia ha comenzado a salir del olvido como la de un republicano represaliado no por destruir patrimonio, sino por haber salvado una de las grandes obras de Yáñez de la Almedina.
Almedina ya le rindió homenaje
La localidad de Almedina rindió homenaje el pasado año a Cipriano Salvador con la instalación de un azulejo cerámico con la reproducción de ‘La Santa Generación’ en la fachada del Ayuntamiento, en el mismo lugar donde ocultó la obra para protegerla durante la Guerra Civil.
El acto sirvió para reparar públicamente su memoria y reconocer su papel en la conservación de una de las piezas más valiosas del patrimonio artístico del Campo de Montiel, sumándose a otros elementos que convierten al municipio en un museo al aire libre dedicado a la obra de Fernando Yáñez.

Calles de Almedina con varias representaciones del artista. Foto: L.R.B.
