Aunque la prolongación de la Línea 11 del Metro de Madrid es uno de los megaproyectos de infraestructura más ambiciosos y comentados de la capital de España, lo cierto es que su verdadero «corazón» industrial no late en territorio madrileño, sino en la provincia de Toledo.
Concretamente, el kilómetro cero de esta gran obra de ingeniería se ubica a más de 70 kilómetros de distancia, en una vanguardista factoría situada a las afueras de la localidad toledana de Noblejas.
Allí, en un proceso automatizado donde se desafía constantemente al reloj, un equipo compuesto por medio centenar de profesionales trabaja en turnos ininterrumpidos en la creación del «esqueleto» que sostendrá el nuevo túnel. Son los encargados de dar forma a las 21.532 gigantescas piezas de hormigón armado, denominadas dovelas, esenciales para que la monumental tuneladora Mayrit pueda abrirse paso bajo el asfalto madrileño.
Noblejas, el motor logístico de una obra de 739 millones
La planta toledana, operada por la constructora Acciona (en consorcio con Rover y Dragados), fue expresamente habilitada para este proyecto. El objetivo de este centro de producción de alta tecnología es agilizar los plazos y reducir los costes a través de una construcción industrializada al milímetro.
El despliegue de ingeniería que se vive cada día en las instalaciones de Noblejas es mayúsculo. En la planta se fabrican lotes de 42 piezas simultáneamente en ciclos de apenas siete horas.
Cada una de estas moles de hormigón pesa en torno a los 5.700 kilos. Se necesitan exactamente siete de estas dovelas para ensamblar un anillo estructural completo, el bloque cilíndrico fundamental que reviste el interior de las paredes del túnel para evitar cualquier tipo de desprendimiento.
Un puente diario de 40 toneladas entre Toledo y Madrid
La coreografía logística que conecta diariamente la comarca de la Mesa de Ocaña con el corazón de Madrid es incesante. Cada jornada, una flota de entre 7 y 10 camiones de gran tonelaje con transportes especiales parte desde la fábrica de Noblejas con destino a la boca del túnel en la capital.
Cada vehículo transporta los bloques necesarios para formar un anillo completo, lo que supone una carga que roza las 40 toneladas por trayecto. Tras recorrer los 71 kilómetros que separan la localidad toledana del madrileño parque de Comillas (en el distrito de Carabanchel), las piezas se descargan directamente en el pozo de excavación para alimentar la insaciable actividad de la tuneladora, que ya avanza a un ritmo cercano a los 20 metros diarios.
Ingeniería con sello toledano bajo el río Manzanares
La ampliación de este tramo de la Línea 11, que conectará las estaciones de Comillas y Conde de Casal con una inversión que supera los 739 millones de euros, sumará cinco nuevas paradas clave a la red de transportes y permitirá cruzar Madrid de punta a punta en un horizonte fijado en 2027.
Gracias al suministro ininterrumpido que se coordina desde Toledo, los trabajos avanzan a toda máquina. La tuneladora ya ha perforado con éxito los primeros 500 metros de túnel y se prepara para cruzar por debajo del río Manzanares para emerger en el entorno de Madrid Río en las próximas semanas.
Cuando el proyecto esté terminado, millones de usuarios cruzarán diariamente este tramo subterráneo ignorando que los más de 3.000 anillos que garantizan su seguridad y sostienen el subsuelo de Madrid habrán nacido en tierras toledanas.