martes, 16 de junio de 2026
Imagen de la fachada de la Casa de la Tercia de Campo de Criptana
Imagen de la fachada de la Casa de la Tercia de Campo de Criptana
Del siglo XVI - 16/06/2026 13:53 - Ciudad Real

La Casa de la Tercia de Campo de Criptana no fue construida como una vivienda, sino como un gran almacén en el que se guardaban cereales y otros productos del campo entregados como impuestos. Este edificio renacentista del siglo XVI ha sido declarado por el Gobierno de Castilla-La Mancha Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento.

El consejero de Educación, Cultura y Deportes, Amador Pastor, ha avanzado este martes la decisión tras la reunión del Consejo de Gobierno y ha destacado que supone el máximo reconocimiento patrimonial para uno de los ejemplos mejor conservados de las antiguas Casas de Tercia en la provincia de Ciudad Real.


Estas construcciones comenzaron a levantarse en Castilla a finales del siglo XV. En 1494, el papa Alejandro VI cedió de forma perpetua a los Reyes Católicos, como reconocimiento por la conquista de Granada, el derecho a cobrar una tercera parte del diezmo eclesiástico.

El diezmo era un impuesto que obligaba a entregar a la Iglesia el 10% de la producción agrícola y ganadera. La parte que pasó a cobrar la Corona recibió el nombre de Tercias Reales. Aunque posteriormente pudo abonarse con dinero, durante los primeros siglos se pagó principalmente en especie, mediante trigo, cebada, vino, aceite y otros productos agropecuarios.

La necesidad de guardar, pesar y controlar todos esos alimentos llevó a construir grandes graneros y almacenes conocidos como Terceras o Casas de Tercia. Eran edificios sólidos, espaciosos y bien ventilados, preparados para recibir los carros, descargar los productos y conservarlos durante largos periodos de tiempo.

La Casa de la Tercia de Campo de Criptana responde a ese modelo. Tiene una planta rectangular y un interior amplio diseñado para almacenar cereales y separar los distintos productos recibidos. Sus techos elevados, las grandes vigas de madera y los pequeños huecos de ventilación permitían evitar la humedad y mantener las cosechas en buenas condiciones.

El edificio fue levantado con gruesos muros de mampostería de piedra caliza, reforzados con sillares de arenisca roja en las esquinas, las jambas de las puertas y ventanas y los aleros. Su aspecto exterior es sencillo y sobrio, como era habitual en este tipo de construcciones del siglo XVI, donde la utilidad tenía más importancia que la ornamentación.

Las Casas de Tercia solían situarse cerca de caminos importantes y en los límites de los antiguos núcleos urbanos. A su alrededor se dejaban espacios amplios para que los carros pudieran circular, detenerse y descargar. En algunos casos también disponían de balanzas, pesas y otros utensilios destinados a comprobar la cantidad de los productos entregados.

Carlos Monteagudo
Carlos Monteagudo

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, con más de diez años de experiencia en el oficio. Defensor del periodismo de provincias, de las tradiciones y de la vida en los pueblos. Manchego de corazón, apasionado de su gastronomía, su cultura y su idiosincrasia.

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