El mundo rural español está rompiendo con el estigma de la hostilidad hacia la diversidad para convertirse en un refugio de inclusión. Frente al histórico «sexilio«, que obligaba a las personas LGBTIQ+ a migrar a las ciudades buscando libertad, cada vez más pueblos reivindican su identidad acogiendo festivales y proyectos reivindicativos. Esta creciente ola de Orgullo rural demuestra que hoy es posible echar raíces y desarrollar un proyecto de vida en los municipios pequeños sin necesidad de ocultar quiénes somos.
Un ejemplo de ello se vive en la localidad de Cebolla (Toledo), donde desde hace doce años la bandera arcoíris cuelga de la fachada del Ayuntamiento gracias al impulso de vecinas como Lola Poza, y donde desde hace tres años se celebra el festival Orgullo Cebollano.
Poza, de 67 años, explica a EFE que cuando ve la bandera LGTBI en su localidad siente “un escalofrío” y una gran alegría de poder celebrar el orgullo en el pueblo que la vio nacer y crecer.
Recuerda que descubrió su identidad durante la adolescencia en el pueblo y que, aunque tuvo una infancia «feliz», se trasladó a Madrid en los años ochenta, donde encontró un entorno de mayor libertad. Cuando regresó a Cebolla en 1990, decidió vivir su orientación con naturalidad, sin ocultarla ni dar explicaciones.
«Yo no tengo que decir que soy homosexual, yo vivo como soy», asegura, al tiempo que afirma que nunca tuvo que «salir del armario» porque siempre vivió «fuera del armario». También destaca que desde su regreso se ha sentido «súper querida» y que nunca ha sido rechazada por sus vecinos.
Además, explica que algunas personas del municipio le han trasladado que sus charlas y su visibilidad les han ayudado a cambiar su forma de entender la diversidad.
Por ello, Poza defiende el papel de los ayuntamientos para impulsar este tipo de iniciativas porque, a su juicio, «el reconocimiento empieza en el entorno más cercano» y las instituciones locales deben contribuir a «avanzar en derechos y en igualdad».
La alcaldesa, Silvia Díaz, apunta que cuando hace doce años se colgó por primera vez la bandera en el balcón del Ayuntamiento fue una medida aceptada en la localidad; pero en los últimos años se ha visto un «retroceso» y algunas críticas, por lo que la corporación municipal decidió celebrar el Orgullo con un festival que es, a la vez, un acto «reivindicativo y festivo»
