miércoles, 15 de julio de 2026
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Imagen de las Lagunas de Ruidera
El otro ejemplo más cercano se encuentra en Croacia - 15/07/2026 07:40 - Ciudad Real

A simple vista, las Lagunas de Ruidera parecen una sucesión de piscinas naturales de aguas verdes y turquesas, comunicadas por cascadas en pleno paisaje manchego. Sin embargo, bajo esa imagen de postal se esconde una formidable obra de la naturaleza que lleva miles de años construyéndose sin planos ni maquinaria.

Las responsables son las barreras tobáceas, auténticas presas de piedra creadas poco a poco por el agua. Estas formaciones separan las quince lagunas que recorren el cauce del Alto Guadiana entre las provincias de Ciudad Real y Albacete, retienen el agua y permiten que el sistema vaya descendiendo de una laguna a otra. Cuando el nivel es suficiente, el agua rebosa y aparecen las cascadas.


El proceso puede entenderse imaginando una tubería que transporta agua cargada de cal. Al atravesar las rocas del Campo de Montiel, el agua subterránea disuelve carbonato cálcico. Cuando sale al exterior y circula entre plantas, musgos, algas y microorganismos, parte de esa cal vuelve a solidificarse y queda pegada a ramas, hojas y otros obstáculos.

Capa tras capa se forma una roca porosa llamada toba calcárea o travertino. Con el paso de los siglos, esa piedra termina levantando paredes capaces de cerrar el valle y embalsar el agua. No son, por tanto, simples cascadas que caen sobre las rocas: en buena medida, son las propias cascadas las que ayudan a fabricar las rocas sobre las que discurren.

Cascada de 'El Hundimiento'

Cascada de ‘El Hundimiento’

Algunas barreras de Ruidera superan los 300 metros de longitud y presentan más de diez metros de altura visible. Sobre ellas pueden formarse cortinas calcáreas y estructuras en las que todavía se reconocen restos de musgos. Se trata de construcciones resistentes, pero también frágiles y sometidas a la erosión, las riadas y las variaciones del nivel del agua.

El ejemplo más espectacular es El Hundimiento, una cascada de unos quince metros originada tras la rotura parcial de la barrera de la Laguna del Rey durante una gran avenida registrada en 1545. El episodio abrió un profundo paso en la roca y creó el mayor salto de agua del parque.

Un hermano en Croacia

Para encontrar un paisaje comparable hay que viajar hasta los Lagos de Plitvice, en Croacia. Allí, dieciséis lagos se distribuyen también en diferentes niveles y quedan comunicados mediante cascadas formadas sobre barreras de travertino.

Plitvice es más extenso, se encuentra rodeado por grandes bosques y fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1979. Pero el mecanismo que lo sostiene es prácticamente el mismo: el carbonato cálcico se deposita con la ayuda de musgos, algas y bacterias, creando presas naturales que crecen y se erosionan continuamente.

Ruidera y Plitvice son considerados los dos grandes ejemplos europeos de este fenómeno. Uno recibe visitantes de todo el planeta en Croacia. El otro se encuentra en el corazón de Castilla-La Mancha, demostrando que uno de los paisajes geológicos más extraordinarios de Europa comienza en Ciudad Real.

Carlos Monteagudo
Carlos Monteagudo

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, con más de diez años de experiencia en el oficio. Defensor del periodismo de provincias, de las tradiciones y de la vida en los pueblos. Manchego de corazón, apasionado de su gastronomía, su cultura y su idiosincrasia.

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