Mucho antes de que Sira Quiroga cruzara el Estrecho, se instalara en Tetuán y acabara atrapando a millones de lectores, la mujer que acabaría imaginando su historia había nacido en una ciudad castellanomanchega acostumbrada también a transformarse. María Dueñas nació en Puertollano en 1964, en una localidad cuya historia contemporánea no se entiende sin mirar hacia el subsuelo y recordar el carbón que durante décadas marcó su economía, sus calles y la vida de miles de familias.
Más de seis décadas después, Puertollano sigue reivindicando aquel pasado mientras busca nuevos argumentos para mirar al futuro. El visitante que llega hoy a la ciudad natal de una de las escritoras españolas de mayor proyección internacional encuentra una combinación quizá inesperada: patrimonio minero e industrial, cultura, amplias zonas verdes y naturaleza a las puertas de dos espacios especialmente singulares de la provincia, el Campo de Calatrava volcánico y el Valle de Alcudia.
Dueñas tardaría todavía varias décadas en convertirse en escritora. Doctora en Filología Inglesa y dedicada durante unos veinte años a la vida académica, irrumpió en la literatura en 2009 con El tiempo entre costuras. La novela se convirtió en un fenómeno editorial y su posterior adaptación televisiva multiplicó la popularidad de personajes como Sira Quiroga y Marcus Logan. Desde entonces llegaron Misión Olvido, La Templanza, Las hijas del Capitán, Sira y, en 2025, Por si un día volvemos, su sexta novela. Sus obras han sido traducidas a más de 35 lenguas y han vendido millones de ejemplares en todo el mundo.
Una ciudad forjada bajo tierra
Pero para entender la ciudad en la que nació Dueñas hay que alejarse por un momento de los libros y acercarse a las minas. El carbón convirtió un pequeño núcleo manchego en una importante ciudad industrial, hasta dejar una huella que todavía hoy resulta evidente en el paisaje urbano y en la propia identidad de Puertollano.
Uno de sus grandes símbolos vigila la ciudad desde las alturas. Es el Monumento al Minero, la monumental escultura de Pepe Noja levantada en el cerro de Santa Ana y convertida en homenaje permanente a quienes trabajaron bajo tierra. Desde ese punto se contempla buena parte de una ciudad cuyo crecimiento estuvo estrechamente vinculado a la explotación minera y a su posterior desarrollo industrial.
La ruta por esa memoria continúa en el Museo de la Minería y del Carbonífero, situado en el entorno del Pozo Norte. El espacio permite conocer tanto el origen geológico del carbón como la historia de la minería puertollanera durante los siglos XIX y XX y cuenta con una «Mina Imagen», una recreación de una explotación subterránea en la que se muestran tajos, técnicas de trabajo y maquinaria utilizada en los pozos.
El museo ha recuperado además protagonismo turístico tras su renovación y reabrió sus puertas en junio de 2026, con visitas guiadas y nuevos recursos para acercar al público el pasado minero de la localidad.
No es el único vestigio. El Castillete de Santa María, a la entrada de Puertollano, recuerda desde el propio acceso a la ciudad la importancia que tuvieron los pozos, mientras que otros elementos repartidos por el municipio mantienen visible una historia que ha sobrevivido al cierre de las explotaciones.
De la Fuente Agria a la fotografía
Puertollano, sin embargo, no termina en sus minas. En el centro, el Paseo de San Gregorio funciona como uno de sus principales espacios de encuentro. Su origen está relacionado con los bañistas que acudían a las aguas ferruginosas de la localidad y en su entorno se encuentran la Fuente Agria, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad, la antigua Casa de Baños y la ermita de la Virgen de Gracia.
El patrimonio religioso tiene otro de sus puntos destacados en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de origen en el siglo XVI y declarada Bien de Interés Cultural en 1993. A todo ello se ha sumado una vertiente cultural más contemporánea que encuentra uno de sus principales referentes en el Museo Cristina García Rodero, inaugurado en 2018 y señalado por Turismo de Castilla-La Mancha como el primer museo dedicado en exclusiva a una fotógrafa española.
Ese contraste resume buena parte de Puertollano. Una ciudad levantada sobre carbón que conserva castilletes y monumentos mineros, pero que también ha incorporado fotografía, arte urbano y nuevos espacios culturales a su tarjeta de presentación.
Y entre los nombres que han terminado llevando el de la ciudad mucho más allá de la provincia está el de María Dueñas. La autora que llevó a millones de lectores desde los talleres de costura del Madrid de preguerra hasta Tetuán, Lisboa, Nueva York o el Orán colonial comenzó su propia historia aquí, en una ciudad manchega que también sabe de transformaciones, memoria y reinvención.
