Agua hasta donde alcanza la vista, pasarelas rodeadas de vegetación y cientos de aves ocupando de nuevo un humedal que durante años ha acostumbrado a ofrecer imágenes mucho menos amables. El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel han recuperado buena parte de su mejor cara este verano y los turistas han vuelto con ellas.
Los turistas que estos días recorren el Parque Nacional se encuentran con unas Tablas llenas de agua y aves, una imagen que explica buena parte del atractivo que ha recuperado el humedal este verano.
Detrás de esa imagen está, fundamentalmente, el agua. Las abundantes precipitaciones del pasado invierno y de la primavera permitieron recuperar el humedal y reactivar los aportes del río Gigüela. Actualmente, unas 650 hectáreas permanecen inundadas, convirtiendo el corazón de La Mancha en un auténtico oasis en pleno agosto.
La recuperación se nota también en el número de personas que se acercan a conocer el parque. En 2025 recibió cerca de 200.000 visitantes y la dirección del espacio natural calculaba ya en mayo que, si se mantenía su buen estado hídrico, 2026 podría cerrar con entre 230.000 y 240.000 visitas. Una afluencia que tiene además un reflejo directo en Daimiel, donde la pasada Semana Santa los alojamientos llegaron a registrar ocupaciones próximas al 100%.
No es casualidad. La relación entre agua y turismo en Las Tablas es prácticamente directa. En 2024 el parque recibió 153.541 visitantes pese a terminar aquel año con apenas 60 hectáreas inundadas, alrededor del 3% de su superficie encharcable.
Pero el mejor indicador del renacimiento del humedal no está únicamente en las pasarelas llenas de turistas. Está también en el cielo y sobre el agua. La temporada de reproducción de 2026 ha dejado algunos de los mejores registros de las últimas cuatro décadas.
El pato colorado, emblema del Parque Nacional, ha alcanzado entre 1.600 y 1.700 parejas reproductoras, el mejor resultado desde que comenzó la serie histórica en 1980. A ellas se suman unas 400 parejas de porrón europeo y entre 220 y 240 de ánade friso.
Especialmente relevante es la evolución de las especies amenazadas. La malvasía ha alcanzado al menos 60 parejas y 154 pollos, mientras que el porrón pardo ha mantenido entre 28 y 32 parejas.
Las lluvias han demostrado así, una vez más, hasta qué punto el agua transforma las Tablas de Daimiel. Donde hace no tanto preocupaba la falta de inundación, este verano vuelven a convivir aves, vegetación y visitantes en una de las mejores estampas que ha ofrecido el parque en los últimos años.
