El Complejo minero Nueva Concepción, situado en la localidad de Almadenejos (Ciudad Real), ha sido incorporado a la Lista Roja del Patrimonio que elabora Hispania Nostra debido a su mal estado de conservación y al progresivo deterioro de algunas de sus estructuras históricas.
Según ha señalado la organización dedicada a la defensa del patrimonio cultural, el enclave constituye uno de los ejemplos más singulares de patrimonio industrial vinculado a la explotación del mercurio, pero presenta graves problemas de conservación derivados de la falta de mantenimiento y de intervenciones que han alterado algunas de sus estructuras originales.
La explotación de los yacimientos de cinabrio en esta comarca se remonta, al menos, al siglo IV antes de Cristo, cuando ya eran mencionados por el filósofo griego Teofrasto de Ereso. La actividad minera continuó durante la época romana y volvió a retomarse bajo dominio árabe, manteniéndose durante siglos como uno de los focos extractivos más relevantes del territorio.
El establecimiento minero de Nueva Concepción fue proyectado a mediados del siglo XVIII por el ingeniero militar Silvestre Abarca, tras el descubrimiento del yacimiento por el oficial de minas Pedro Sánchez Aparicio. La explotación comenzó en 1775 y se mantuvo activa hasta su cierre en 1861, después de que la rentabilidad disminuyera al superar los 50 metros de profundidad, aunque posteriormente se realizaron varios intentos de reapertura durante el siglo XX.
Entre los elementos más representativos del conjunto destaca el baritel de San Carlos, construido en 1822 para accionar el sistema de extracción del mineral. Este edificio cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural desde 1992 y constituye un ejemplo casi único de arquitectura industrial de este tipo a escala mundial.
Estado preocupante
Sin embargo, Hispania Nostra ha advertido de que algunos de los espacios del complejo presentan un estado especialmente preocupante. Es el caso del Cerco de Buitrones, situado al norte del núcleo urbano, que se encuentra prácticamente en ruina, con su recinto invadido por basura, maleza y construcciones adosadas. En su interior aún se conservan restos de hornos de aludeles, almacenes y viviendas vinculadas a la antigua actividad minera.
También la cerca perimetral del establecimiento minero, de unos 2,8 kilómetros de longitud, presenta deterioros significativos, con tramos derruidos o alterados por obras posteriores relacionadas con infraestructuras y construcciones particulares.
A pesar de estas afecciones, en el enclave todavía se conservan restos únicos de los sistemas de explotación y metalurgia empleados entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX, incluyendo labores subterráneas en varios pozos y elementos constructivos que no existen ni siquiera en otras minas históricas del distrito de Almadén.
Por ello, desde Hispania Nostra se considera necesaria una intervención que garantice la conservación y el estudio de este conjunto industrial, cuyo valor histórico y patrimonial está estrechamente ligado a la historia minera del mercurio en la comarca de Almadén.