Las intensas lluvias registradas en las últimas semanas por el paso encadenado de varias borrascas han provocado una fuerte recuperación de los embalses de la provincia de Ciudad Real, con pantanos como Torre de Abraham, Gasset o Vicario incluso desembalsando. Sin embargo, el embalse de Peñarroya, en Argamasilla de Alba, ha vuelto a desmarcarse de esta tendencia y apenas ha incrementado sus reservas.
Actualmente, Peñarroya almacena 19 hectómetros cúbicos, una cifra muy inferior a la media de los últimos años por estas fechas, que suele situarse entre los 35 y los 40 hm3, pese a que otros embalses del entorno han superado ampliamente su capacidad tras las precipitaciones.
La explicación no está tanto en la cantidad de lluvia caída como en la naturaleza hidrogeológica del sistema al que pertenece. Peñarroya está estrechamente ligado a las Lagunas de Ruidera, un espacio que no se alimenta únicamente de aportes superficiales, sino que depende en gran medida del acuífero 24 de la Mancha Occidental.
En ese mismo contexto, las Lagunas de Ruidera siguen presentando niveles bajos pese a las abundantes lluvias registradas, con lagunas sin una sola gota de agua como La Redondilla. La falta de respuesta inmediata se debe al mismo fenómeno que condiciona a Peñarroya, ya que el agua caída se está destinando prioritariamente a la recuperación del acuífero, sin que todavía se hayan activado de forma suficiente las surgencias que alimentan las lagunas, un proceso que requiere tiempo y una recarga prolongada del sistema subterráneo.

La Laguna de la Redondilla seca esta semana
Se trata de uno de los mayores acuíferos de España y formado por materiales calizos y detríticos que favorecen la infiltración del agua. Cuando se producen episodios de lluvia, gran parte del agua se filtra al subsuelo y se destina primero a recuperar las reservas subterráneas, antes de aflorar en superficie mediante manantiales, surgencias o filtraciones.
Este proceso es lento y progresivo, lo que provoca que las lluvias intensas no se traduzcan de forma inmediata en una subida del nivel del embalse ni de las propias lagunas. De hecho, aunque la vegetación del entorno ha respondido rápidamente al aumento de humedad, los efectos sobre el agua embalsada requieren más tiempo y una continuidad prolongada de las precipitaciones.
A ello se suma el déficit acumulado tras varios años secos, que ha dejado al acuífero muy mermado y obliga a que una parte importante del agua caída se destine primero a recomponer el sistema subterráneo antes de reflejarse en los niveles del embalse.
Así, mientras otros pantanos de la provincia han experimentado una recuperación rápida tras el tren de borrascas, Peñarroya continúa condicionado por la lenta recarga del acuífero, un factor clave que explica por qué sigue siendo la gran excepción en el mapa hídrico de Ciudad Real pese a las lluvias recientes.
