El agua ha regresado al interior del pozo de la Motilla del Azuer, en Daimiel, casi nueve años después de la última vez. La imagen, poco habitual, ha vuelto a reproducirse tras las lluvias del invierno, que han elevado el nivel freático y han permitido que el histórico sistema hidráulico recupere parte de su estado original. Se trata de un fenómeno de gran valor científico y simbólico, ya que permite observar el funcionamiento de una de las infraestructuras más antiguas vinculadas al aprovechamiento del agua en la Península Ibérica.
El arqueólogo Miguel Torres, responsable del yacimiento, ha confirmado que el agua se sitúa actualmente entre un metro y metro y medio desde la base del pozo, considerado el más antiguo de la Península, con más de 12 metros de profundidad. La escena no se producía desde 2017, cuando el pozo también llegó a acumular agua de forma puntual.
La Motilla del Azuer no es solo un yacimiento arqueológico, sino uno de los mejores ejemplos de cómo las comunidades de la Edad del Bronce en La Mancha desarrollaron sistemas avanzados para garantizar el acceso al agua en un entorno marcado por la escasez. Construida hace más de 4.000 años, esta fortificación prehistórica se organizaba en torno a un pozo central que permitía alcanzar el nivel freático en épocas de sequía, asegurando así el abastecimiento de la población.
Este complejo sistema convierte a la motilla en una referencia única en Europa. En un territorio donde el agua siempre ha sido un recurso limitado, sus habitantes diseñaron una estructura defensiva y funcional al mismo tiempo, capaz de proteger y explotar un bien esencial.
Interés de los visitantes en Semana Santa
La reapertura del yacimiento en Semana Santa ha coincidido con este fenómeno, lo que ha incrementado el interés de visitantes y especialistas. Las entradas se han agotado desde hace semanas y quienes han accedido estos días han podido contemplar el pozo en una situación muy similar a la que tuvo hace milenios. Las visitas se organizan en grupos reducidos de unas 18 personas, con tres turnos diarios, y se estima que durante este periodo especial pasarán por el enclave cientos de personas.
El perfil del visitante es diverso, con presencia destacada de turistas procedentes de Madrid, Cataluña y distintos puntos de Castilla-La Mancha, además de daimieleños que han aprovechado estos días para redescubrir su patrimonio. La experiencia se completa con un recorrido previo por el Museo Comarcal de Daimiel antes de acceder al yacimiento.
La recuperación del agua en la Motilla del Azuer refuerza, además, la conexión histórica de la comarca con los ciclos hídricos y el comportamiento de los acuíferos. No es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de un periodo de lluvias que ha permitido la recarga del subsuelo, algo especialmente significativo en un territorio marcado por episodios de sequía.
Este episodio convierte de nuevo a la Motilla del Azuer en un símbolo vivo del pasado y del presente de La Mancha. Un lugar donde, miles de años después, se sigue evidenciando que el control y la gestión del agua han sido siempre una cuestión central para la vida en esta tierra.
