Levantar un hotel en once días parecía, hasta ahora, algo de ciencia ficción. En Tomelloso, esa idea se ha convertido en realidad con la construcción del Hotel Pintor Francisco Carretero, un edificio de 24 habitaciones ejecutado mediante construcción modular industrializada y concebido desde el inicio como reubicable y desmontable.
La singularidad del proyecto empieza por los plazos. En apenas once días se ha completado el montaje de las 24 habitaciones, distribuidas en tres plantas, un ritmo imposible de replicar con los métodos tradicionales. El sistema utilizado permite ensamblar módulos completamente terminados que llegan a obra listos para su colocación, reduciendo al mínimo los trabajos in situ.
El edificio se ha levantado en vertical, en tres dimensiones, lo que lo diferencia de otras experiencias modulares más habituales asociadas a construcciones de una sola planta. Además, el diseño permite que hasta el 90% de la estructura pueda desmontarse y reutilizarse, lo que abre la puerta a trasladar el hotel a otro emplazamiento si deja de ser viable en su ubicación actual.
La rapidez de ejecución contrasta con las dificultades administrativas previas. Al tratarse de un sistema poco habitual en la provincia, la tramitación de permisos se ha prolongado durante varios meses, retrasando el inicio de una obra que, una vez arrancada, ha avanzado a una velocidad récord.
Más rápido con unas condiciones climatológicas favorables
El director general del Grupo ANRO, Rafael Rodríguez, ha explicado que la rapidez del montaje marca una diferencia radical respecto a la construcción tradicional. El ensamblaje se ha completado en once días pese a unas condiciones meteorológicas poco favorables, un plazo que podría haberse reducido aún más con una climatología óptima. Una velocidad de ejecución que, según ha detallado, resulta inalcanzable con los sistemas convencionales de edificación.
Rodríguez ha incidido también en el carácter único del edificio, diseñado desde su origen como una estructura en altura completamente desmontable. El hotel ha sido concebido para poder reutilizar hasta el 90% de sus elementos, lo que permitiría desmontarlo y trasladarlo a otro emplazamiento si dejara de ser viable en su ubicación actual. Un planteamiento que, ha señalado, no tiene precedentes en Europa dentro del ámbito hotelero y que redefine el concepto de edificación permanente.
Aunque la estructura modular ya está completamente montada, la obra continúa ahora con fases ejecutadas de manera más convencional, como las zonas comunes, la fachada y la cubierta. Esta combinación de sistemas permite integrar la industrialización con acabados tradicionales, manteniendo los estándares de un establecimiento hotelero de alta categoría.
Edificio sostenible
Desde el punto de vista técnico y medioambiental, el proyecto introduce cambios sustanciales respecto a la obra clásica. La construcción industrializada ha permitido reducir en torno al 90% el consumo de agua y la generación de residuos, hasta el punto de que durante el montaje no ha sido necesario instalar contenedores de obra. La mayor parte del proceso se ha desarrollado en fábrica, bajo condiciones controladas, lo que mejora la precisión y reduce el impacto en el entorno urbano.
El proyecto ha sido impulsado por el Grupo ANRO dentro de su apuesta por la industrialización de la edificación, una línea que conecta con su experiencia previa en estructuras desmontables y reutilizables. En este caso, la aplicación al ámbito hotelero ha dado lugar a un edificio que no solo reduce plazos y costes, sino que cuestiona el propio concepto de construcción permanente.
Más allá del caso concreto de Tomelloso, la obra se presenta como un modelo exportable, especialmente pensado para entornos donde la construcción tradicional de un hotel resulta poco viable por costes y tiempos. Once días han bastado para demostrar que otra forma de construir no solo es posible, sino que ya está en marcha.
