Esta noche no es una noche cualquiera para el cine español. Bajo los focos de la 40ª edición de los Premios Goya, Castilla-La Mancha espera, ilusionada, que alguno de los suyos escuche su nombre cuando se abran los sobres.
En el Auditori Fòrum del CCIB de Barcelona, con la gala organizada por la Academia de Cine y conducida por Rigoberta Bandini y Luis Tosar, tres profesionales vinculados a la región viven horas de nervios y esperanza: los toledanos Julián Lominchar y Alberto Torres, y la productora castellanomanchega María Luisa Gutiérrez.
No es solo una nominación. Es el reflejo de años de trabajo silencioso, de talento cultivado lejos de los grandes focos y de una tierra que cada vez pisa con más fuerza en el panorama audiovisual nacional.
María Luisa Gutiérrez, volver a estar en la cima
Para María Luisa Gutiérrez, natural de Yunquera de Henares, la noche tiene un significado especial. Su película Maspalomas llega con nueve nominaciones, confirmando su posición como una de las productoras más influyentes del momento.
Al frente de Bowfinger, Gutiérrez ya sabe lo que es subir al escenario a recoger un Goya: el pasado año lo logró con La Infiltrada, reconocida como Mejor Película. Aquella noche fue histórica; esta puede volver a serlo.
Su apuesta constante por historias ambiciosas, con relevancia social y proyección internacional, ha convertido su nombre en sinónimo de éxito y riesgo creativo.
‘Decorado’: animación para cuestionar el mundo
También mira al escenario Julián Lominchar, parte del equipo de Decorado, nominada a Mejor Película de Animación. La cinta, protagonizada por un ratón llamado Arnold, es mucho más que una historia animada: es una fábula contemporánea que habla de libertad, identidad y del vértigo tecnológico que define nuestro tiempo.
Inteligencia artificial, megacorporaciones, relaciones superficiales… Todo atraviesa una narración simbólica que invita a preguntarse qué sentido tiene el mundo que hemos construido.
Lominchar acumula ya una trayectoria internacional que da peso a su nominación. Participó en Robot Dreams, candidata al Óscar en 2024, y también en Chico y Rita, dirigida por Fernando Trueba y nominada a los premios de Hollywood. Esta noche, sin embargo, el foco está en casa.
Alberto Torres, identidad entre olivares
La emoción también atraviesa al toledano Alberto Torres, nominado a Mejor Cortometraje de Ficción por Una cabeza en la pared.
Su obra imagina una España alternativa donde los toros han sido prohibidos y utiliza esa idea como metáfora de los conflictos culturales y personales que atraviesan el país. Tradición y cambio, memoria y ruptura, identidad y pertenencia. Todo se entrelaza en una propuesta valiente y profundamente simbólica.
Hay un detalle que resume bien el espíritu del proyecto: parte de su banda sonora fue compuesta y producida entre los olivares de Guadamur (Toledo). Allí, lejos del ruido de la industria, nació una música que ahora puede sonar en la gran noche del cine español.
No sería su primera conexión con los Goya: Torres también compuso la música de Mama, ganador del premio al Mejor Cortometraje Documental.
Más allá de las estatuillas, lo que esta noche se pone en valor es algo mayor: el momento creativo que vive Castilla-La Mancha. Tres trayectorias distintas, tres caminos personales, una misma raíz.
Cuando se apaguen las luces y comiencen a pronunciarse los nombres de los ganadores, en muchos rincones de la región se contendrá la respiración. Porque, pase lo que pase, el cine castellanomanchego ya ha demostrado que sabe llegar hasta aquí. Y esta noche, quizá, vuelva a hacer historia.
