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jueves, 11 de agosto de 2022
Ascensión Mendieta.
Ascensión Mendieta.
Familia de Timoteo Mendieta - 17 junio 2017

El pasado 9 de junio saltaba a la luz una noticia que la familia Mendieta venía esperando, más bien ansiando, durante 43 años: uno de los cuerpos exhumados en el cementerio de Guadalajara era el de Timoteo Mendieta, represaliado de la dictadura y primer caso de la «querella argentina» contra los crímenes del franquismo.

Han sido décadas de sufrimiento, de lucha incesante, de un constante chocar contra un sistema que se lo ha puesto muy difícil para localizar y dar un digno entierro a un hombre que cometió el «delito» de presidir la Unión General de Trabajadores (UGT) de su pueblo, Sacedón (Guadalajara), condición por la que fue fusilado en 1939 y enterrado en una de las 120.000 fosas comunes que hay en España.


En esta historia la otra gran protagonista ha sido Ascensión Mendieta, la hija de Timoteo Mendieta, a quien su avanzada edad -91 años- nunca impidió batallar en los tribunales, primero pidiendo justicia en España y, cuando vio que era un imposible, acudiendo en 2010 a Suramérica para presentar ante una jueza argentina una querella por los crímenes del franquismo por delitos de genocidio y lesa humanidad cometidos durante la Guerra Civil española y la dictadura franquista, desde julio de 1936 hasta el 15 de junio de 1977. Incluso el día en el que cumplía 88 años viajó a Argentina para declarar por esta agotadora causa que finalmente ha tenido un final feliz.

Chon Vargas Mendieta, hija de Asunción, explicaba a encastillalamancha.es cómo se encuentra la familia. «A pesar de que era algo que podíamos esperar, la identificación de los restos de mi abuelo no nos ha dejado de impactar. Todos estamos muy contentos, mi madre también, pero -después de tan descomunal esfuerzo- siento una especie de vacío, como si no nos estuviese ocurriendo esto». Y es que, tal y como relataba, han sido 43 años de lucha: «yo tan solo tenía 19 años cuando acompañé a mi madre por primera vez a Guadalajara», comentaba. Durante este tiempo «nos hemos estado chocando con un sistema que se empeñó en que las víctimas del franquismo no tuviésemos justicia».

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«Hemos tenido que pelear mucho y que pasar por momentos muy duros», el más difícil de todos ellos, apuntaba, cuando hace un año abrieron la fosa dos del cementerio de Guadalajara pensando que allí iba a estar Timoteo. Finalmente los análisis indicaron que ninguno de los cuerpos recuperados pertenecían a su abuelo. «Creo que fue lo más doloroso porque teníamos muchas expectativas».

A pesar de la documentación rescatada de la época, tras su fusilamiento, los restos de Timoteo no acabaron en la fosa dos, sino en la uno, junto a otras tantas personas castigadas por no pensar igual que el régimen. «Además del cuerpo de Timoteo, estos trabajos de exhumación realizados en el cementerio de Guadalajara han permitido recuperar a otras 49 víctimas del franquismo». Allí quedan, añadía, otras 800.

Ahora la familia -ya sin el apoyo de la hermana de Ascensión, quien murió hace unos años y a quien se la echa en falta más que nunca- está preparando toda la documentación y los trámites necesarios para enterrar a Timoteo Mendieta en el cementerio civil de La Almudena, en Madrid.

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Chon Vargas siempre ha oído a su madre contar cómo tras la muerte de Timoteo, su abuela tuvo que marcharse con sus siete hijos a Madrid. «La familia de mi abuela, que era de derechas y adinerada, la dejó de hablar porque se había casado con un ‘rojo'». En la capital, «se fueron a vivir a una habitación con su suegra y su hijo; eran 10 personas durmiendo en una pequeña habitación». De su madre, Chon siempre ha escuchado que uno de sus hermanos, de solo 10 meses, dormía en la tapa de un baúl y que su abuela estuvo 13 meses en la cárcel por dedicarse al estraperlo. Las penurias y necesidades que pasaron fueron muchas; de hecho la jueza argentina María Servini llegó a afirmar que había sido un auténtico milagro que todos ellos sobreviviesen en esas condiciones de vida.

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