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jueves, 29 de julio de 2021
Barrancas de Castrejón, Toledo. Foto: Rebeca Arango.
Vive Castilla-La Mancha en naturaleza (1) 01/04/2019abril 20th, 2019
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El tránsito en coche por la carretera CM-4000 poco o nada hace presagiar que a pocos kilómetros, a la altura de la localidad toledana de Burujón, la provincia esconde tras zonas de cultivo y de escasa vegetación un Monumento Natural llamado por muchos el “pequeño Gran Cañón”. Se trata de las Barrancas de Castrejón y Calaña o las Barrancas de Burujón, un enclave que -de ser prácticamente desconocido- ha pasado a convertirse en punto de peregrinaje para los amantes de la naturaleza y de los bellos paisajes.

A no más de 30 kilómetros de la ciudad de Toledo y repartidas entre los pueblos de La Puebla de Montalbán, Burujón y Albarreal, el Tajo baña unas formaciones de gargantas y cárcavas arcillosas originadas por la acción del agua y el viento durante 25 millones de años. Las aguas del río han venido esculpiendo la fragilidad de un terreno que hoy presenta vertiginosas paredes de hasta 120 metros y cuya cima más alta es el Pico del Cambrón, desde donde ver una magnífica panorámica del embalse de Castrejón -inaugurado en 1967 para retener el caudal del Tajo- y del kilómetro de espectaculares cortados cuyos tonos rojizos ofrecen a los visitantes increíbles atardeceres. De hecho, según la web Niumba, el suyo está entre los 10 atardeceres más bonitos de España.

Una ruta de senderismo de cuatro kilómetros y con varios miradores -adaptado a personas con discapacidad- discurre por las Barrancas de Burrujón. Arranca junto a un aparcamiento que hay nada más dejar la CM-4000. Aunque el camino se puede continuar en coche, vale la pena hacer el alto y comenzar a andar por los terrenos de labranza que dan acceso -de repente, sin avisar- al Mirador del Cambrón; aquí se extiende un sorprendente cambio de paisaje con abruptos y escarpados acantilados. Otra parada obligada es el Mirador de los Enebros, de donde sale un sendero que llega hasta las orillas del embalse.

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Lugar de refugio para aves amenazadas

Al margen de las bonitas estampas de este único conjunto geológico, el lugar se ha convertido en refugio de aves amenazadas: halcón peregrino, águila imperial ibérica, águila perdicera, aguilucho lagunero, búho real, lechuza común, cernícalo vulgar y buitre negro. Vale la pena llevar unos prismáticos para contemplar otras especies como cigüeñas, ánades, patos, garzas, martinetes o cormoranes.

Carrizos, eneas, zarzamoras, sauces o tarayes forman parte de la vegetación riparia que crece en las Barrancas, una vegetación que comparte espacio con la mediterránea: romero, almendros, retama de bola, efedra y enebro.

El paisaje inédito de unas inaccesibles Barrancas

Las Barrancas también guardan secretos. En una finca privada a la que solo se puede acceder con el permiso del propietario, los cañones y escarpes conforman imágenes inéditas a lo largo de más de 200 hectáreas de terreno.

Vigilados desde lo alto por los restos de una atalaya árabe, de la que aún queda el habitáculo que se utilizaba como aljibe, los toros de la ganadería de la finca conviven con las aves e incluso con el espacio en el que se localizan tres búnkeres de la Guerra Civil que fueron empleados por las tropas nacionales y que se conservan en buen estado.

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