Que la ciudad de Toledo es una fuente inagotable de tesoros patrimoniales es bien sabido, no en vano es una de las ciudades milenarias más importantes de lo que se conoce como civilización occidental. Dicha importancia ha dejado su profunda huella en una urbe que llegó a ser capital de la España visigoda y uno de los epicentros de la Cristiandad.
El Palacio de Galiana es una joya arquitectónica más que da fe del esplendor pasado que llegó a tener la que en su día fue llamada Ciudad Imperial. Está situado extramuros de la ciudad de Toledo, en el paraje conocido como la Huerta del Rey, un enclave perteneciente a la vega del río Tajo. Se trata una antigua almunia o palacio hispano-musulmán del siglo XI.
El ejército de Alfonso VIII acampó en el palacio antes de luchar en las Navas de Tolosa
En 1212, con Alfonso VIII, el ejército del rey acampó aquí antes de lanzarse a luchar contra los almohades y derrotarlos en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa. A raíz de estos hechos se produjo una destrucción importante de la almunia de época islámica. Esto hizo que en el siglo XIII se llevara a cabo una primera reconstrucción en estilo mudéjar.
Ya en el siglo XIV, en 1385 la propiedad del Palacio de Galiana pasó al Convento de Jerónimos de la Sisla por donación del rey Juan I. Los monjes no tardaron en venderlo: en 1394 fue adquirido por Beatriz de Silva, esposa de Alvar Pérez de Guzmán. En esta fecha debió de acometerse la segunda reforma mudéjar ya que el palacio todavía conserva los escudos de los Silva y los Guzmán en las yeserías.
En honor a Galiana, esposa de Carlomagno
Desde el siglo XVI recibe el nombre actual en memoria de los fabulosos palacios y jardines que habitaría Galiana, la bella princesa musulmana, legendaria hija del rey Galafre y esposa de Carlomagno.
Durante la segunda mitad del siglo XIX la propiedad pasa a manos de la última descendiente de los Guzmanes propietarios de Galiana: la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Y es en vida de Eugenia de Montijo cuando importantes personajes de la historia y la cultura española se interesan por este edificio en estado de abandono y buscan que salga del lamentable estado en el que se encontraba. Tristemente, la Emperatriz murió antes de llevar a cabo la restauración.
En 1959 el Palacio fue vendido a Alejandro Fernández de Araoz y su mujer Carmen Marañón. Bajo la dirección del prestigioso arquitecto Fernando Chueca Goitia y el historiador Manuel Gómez-Moreno, llevaron a cabo un admirable proyecto de restauración devolviendo a Galiana todo su esplendor original.
Antoine Griezmann se casa con Erika Choperena en el Palacio de Galiana de Toledo
Magníficamente rehabilitado
Actualmente Galiana se encuentra magníficamente rehabilitado, declarado Bien de interés Cultural en 1985.
El edificio que se puede ver hoy es una obra de estilo mudéjar, surgida de las reformas practicadas en los siglos XIII y XIV, conservando su estructura primitiva. La fábrica de la fachada está realizada con el típico aparejo toledano, formado por mampuesto encintado con refuerzo de ladrillos en vanos y esquinas, y en la que se han recuperado, tras las últimas restauraciones, los merlones de las partes altas.
Consta de dos alturas y es de planta rectangular que se completa con una zona de edificación abierta desarrollada en planta, también rectangular, a lo largo de su fachada principal. Se trata de un edificio formado por tres cuerpos perpendiculares a la fachada. Los dos laterales, de planta rectangular, se elevan formando sendos volúmenes a modo de torres. El cuerpo central es de menor altura y forma una unidad con los laterales en la planta baja; en la planta alta este cuerpo central queda unido mediante un muro de fachada a los laterales y tiene abiertos cuatro vanos con arcos de medio punto, más otro central adintelado de mayores proporciones. Otros seis vanos de arco de medio punto se abren en el piso superior de la fachada opuesta.
En el interior aparece una profusión de labores decorativas propias del estilo mudéjar, entre las que se encuentran las ventanas pareadas, formadas por un juego de arquillos lobulados sustentados por estilizadas columnillas con heráldica en los capiteles, las yeserías en los encuadramientos de los vanos dibujando figuras de lazos de ocho, y los zócalos pintados en las habitaciones del segundo piso. También se conserva un patio rehundido, un jardín y una alberca.
