Hay lugares cuyo origen parece sacado de una apuesta, y San Bartolomé de las Abiertas es el ejemplo perfecto. Este municipio toledano cumple 500 años de su nacimiento desde que comenzó a tomar forma documental en el primer cuarto del siglo XVI, arrastrando una historia de vecindarios unidos y decisiones tomadas literalmente al azar.
El nacimiento oficial de la localidad se remonta a 1526, año en el que el concejo de Talavera concedió las licencias de población a figuras como Juan de Arganda, Alonso Cabello y Juan de Cedillo, procedentes de localidades vecinas como Villaluenga, Cebolla o Piedralaves. Poco después, en 1529, quedó formalmente constituido su concejo con los primeros moradores.
Un nombre decidido por sorteo
El curioso nombre del pueblo encierra dos relatos muy singulares. Por un lado, la advocación al santo: según recoge la historia local, los fundadores decidieron echar a suertes entre varias figuras de su devoción cuál daría nombre al nuevo asentamiento, recayendo la suerte en San Bartolomé.
Por otro lado, el apelativo «las Abiertas» responde puramente a la geografía del terreno, una zona rasa, llana y completamente desforestada que se abre sin obstáculos al horizonte manchego. Con los siglos, el núcleo original de San Bartolomé terminó absorbiendo al vecino asentamiento de Las Abiertas, consolidando una identidad única que hoy conmemora este medio milenio de historia compartida.
Qué ver en San Bartolomé de las Abiertas: los tesoros imprescindibles
Más allá de su curioso origen y de celebrar sus 500 años de nacimiento, el municipio guarda un especial patrimonio natural y arquitectónico
Estos son algunos de los rincones y monumentos que no te puedes perder:
- Paisaje y naturaleza por el río Sangrera: Su término municipal destaca por sus extensas plantaciones de olivares, dehesas de encinas y campos de cereal, enmarcados por manantiales, lagunas naturales y un entorno ideal para rutas de senderismo o a caballo. Aquí también se localizan las tradicionales casas de labor del siglo XIX y antiguas tejerías.
- El icónico molino-bombo: La arquitectura popular esconde un antiguo bombo, construcción destinada al almacenamiento de agua, que hoy luce reconvertido en un original molino de viento con aspas y murales locales.
- Iglesia Parroquial de San Bartolomé (s. XVI): De nave única, destaca por su magnífico artesonado de estilo neomudéjar y un retablo de mármol blanco en el presbiterio donde San Bartolomé preside el altar flanqueado por Jesús y María.
- Antigua Casa Curato (s. XX): Actual sede del Ayuntamiento, es un edificio de estilo neoclásico con detalles ornamentales tan llamativos como balcones sostenidos por ménsulas decoradas con rostros humanos y pilastras de orden jónico.
- Casa Getsemaní: Una edificación señorial de principios del siglo XX que combina la arquitectura popular con la estética neomudéjar y formas geométricas de ladrillo en su fachada.
- Galerías del Polvorín: Un entramado de pasadizos subterráneos que datan de la Guerra Civil y que han sido restaurados recientemente por el Consistorio, accesibles mediante cita previa en el ayuntamiento.
