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viernes, 9 de diciembre de 2022
Ábsides de la iglesia de Santiago del Arrabal, "la catedral del mudéjar"
Ábsides de la iglesia de Santiago del Arrabal, "la catedral del mudéjar"
Recuerdan que la tercera fase de rehabilitación nunca llegó - 11 diciembre 2017

«Preocupados«, así están en la Real Academia de las Bellas Artes y las Ciencias Históricas de Toledo por el estado que presentan los ábsides de la iglesia de Santiago del Arrabal, conocida como «catedral del mudéjar». Y es que en este templo del siglo XIII, según denuncian en una nota de prensa, «su posición estratégica junto a la Puerta de Bisagra y el acceso que soporta mayor tráfico rodado de Toledo ha sido un factor determinante en el proceso de deterioro que el templo ha sufrido. Los gases y la polución, así como las vibraciones ocasionadas por el constante tráfico de automóviles y autobuses, han deteriorado las fábricas de ladrillo y mampostería de sus fachadas. La humedad procedente del subsuelo ha contribuido también a dañar las zonas bajas de la edificación».

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Por estos motivos han aprobado informar a todas las administraciones competentes, además de al Arzobispado de Toledo y la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando, de la «gravedad de la situación» en la que se encuentra la parte exterior de la iglesia. También les van a expresar la «necesidad de acometer actuaciones para su rehabilitación, al menos para las zonas que tienen mayor deterioro».

Humedades, suciedad, fisuras… Así detalla el arquitecto los distintos deterioros

El arquitecto Luis Moreno, de AMA Estudio de Arquitectura, ha detallado mediante un informe cuáles son las patologías que presenta este monumento declarado como Bien de Interés Cultural.

Las fachadas no corren peligro estructuralmente, pero hay otros elementos que sí están en riesgo. En los acabados de los cerramientos, que en el caso de las naves están compuestos de granito encintada con vergaduras de ladrillo de era, y en el caso de las ábsides son de ladrillo de era, tiene «patologías típicas del paso de los años, de las inclemencias del tiempo y del tráfico rodado que pasa junto a la iglesia».

[ze_summary text=»Los gases y la polución, así como las vibraciones ocasionadas por el constante tráfico de automóviles y autobuses, han deteriorado las fábricas de ladrillo y mampostería de sus fachadas»]

Los gases y la polución, así como las vibraciones ocasionadas por el constante tráfico de automóviles y autobuses, han deteriorado las fábricas de ladrillo y mampostería de sus fachadas[/ze_summary]

 

Ahí no acaban los problemas, según el análisis organoléptico, aunque todavía no se han analizado las patologías químicas que pudiesen tener los materiales con los que está construida la «catedral del mudéjar», los daños más aparentes son:

Humedades por capilaridad, que causan disgregación de los morteros y deterioros de las fábricas en las partes más bajas en contacto con el terreno.

Humedades puntuales a cotas no en contacto con el terreno, sin causa aparente a la vista.

Suciedad general de los cerramientos, causada por el dióxido de carbono del tráfico, acentuada en la zona de los ábsides.

Pérdida y disgregación de piezas de cerámica, muy acentuada en la decoración de ventanas polilobuladas de los ábsides.

Deterioro de las celosías existentes en los huecos de los ábsides.

Fisuras muy localizadas, no estructurales.

Deterioro puntual de las fábricas de los aleros.

Pérdida puntual de rejuntado.

Pérdida puntual de revoco en escudos y boquillas.

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La tercera fase de la rehabilitación que nunca se realizó

En 1995 se inició la rehabilitación de la iglesia de Santiago del Arrabal. Los arquitectos Juan José Gómez-Luengo Bravo, Juan José Gómez-Luengo Conde y el propio Luis Moreno redactaron el proyecto ese mismo año y la primera fase del proyecto se realizó entre 1996 y 1997. En ella se repararon por completo las cubiertas, espadañas y cornisas, además se realizaron intervenciones sobre la torre y en el cuerpo del campanario. Después se continuó por la segunda fase, la que afectaba al interior del monumento, con el tratamiento de las fábricas de ladrillo, paramentos verticales, solados, instalaciones de calefacción, electricidad, iluminación, carpinterías y pintura, entre otras intervenciones. Pero la tercera fase, la que afectaba a las fachadas, nunca llegó…

Los principales damnificados fueron los ábsides, las partes posteriores al altar, que sobresalen en el exterior de forma circular en la muchas iglesias. Como se puede observar en las fotografías, su deterioro es evidente, y desde la Real Academia recuerdan que «ni a mediados de la década de los noventa ni diez años después pudo ser asumida la tercera fase del proyecto integral por su elevado costo. Ahora, sin embargo, la intervención es más urgente por el deterioro del monumento debido a la degradación del material principalmente utilizado en sus paramentos: el ladrillo».

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