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lunes, 23 de marzo de 2026
Nuria Garrido (foto de archivo).
Nuria Garrido (foto de archivo).
Artículo de opinión - 23/03/2026 10:12 - Toledo
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«Asisto con enorme preocupación y tristeza a la guerra perpetrada por Estados Unidos e Israel con el bombardeo sobre Irán. Y creo que, precisamente en momentos como este, hace falta decir las cosas con claridad, sin ambigüedades y sin esa tibieza que tantas veces termina siendo una forma de complicidad.

Vivimos tiempos en los que parece que algunos quieren convencernos de que la fuerza puede sustituir al derecho, de que la violencia puede presentarse como una solución y de que el orden internacional solo vale cuando sirve a los intereses de los poderosos. Yo no lo acepto. Creo profundamente que un mundo sin reglas nos sume en la más profunda oscuridad y deja la seguridad y la paz a merced de quienes pretenden imponer las suyas por encima de la legalidad, de la justicia y de la dignidad humana.


Por eso quiero poner en valor a la sociedad civil. A lo largo de la historia, ha sido la sociedad civil la que ha levantado la voz frente a las barbaridades, la que ha obligado a mirar de frente el sufrimiento de las víctimas y la que ha recordado a los Estados que no todo vale. La sociedad civil es indispensable cuando se vulnera el ordenamiento jurídico internacional, porque actúa como conciencia democrática frente a hechos abominables que deberían avergonzar a quienes hoy los perpetran o los justifican.

Oponerse a la violencia y al empleo de la fuerza no es una postura ingenua ni una opción secundaria. Es la defensa de unos valores muy concretos: la convivencia, la cultura de la paz y los derechos humanos. Derechos que no nacieron de la generosidad de los poderosos, sino de la lucha de pueblos enteros, de movimientos sociales, de mujeres, de trabajadores, de quienes se negaron a aceptar la injusticia como algo inevitable. Esa es la tradición en la que yo me reconozco.

Y como feminista, quiero decir algo con total rotundidad: no se puede consentir que los derechos de las mujeres se utilicen como pretexto engañoso para justificar una guerra que responde a otros intereses. Es una manipulación intolerable. Irán es un régimen condenable en muchos aspectos, también por la vulneración de derechos y libertades de las mujeres, pero no es el único en la región. Y, sin embargo, no siempre vemos el mismo rasero ni la misma indignación. Ahí aparece, una vez más, la hipocresía de quienes han defendido guerras supuestamente liberadoras y han acabado dejando a las mujeres atrapadas entre la destrucción, el fanatismo y el abandono internacional.

Ya lo vimos en Irak, con la mentira de las armas de destrucción masiva. Ya lo vimos en Afganistán, donde se prometió libertad y progreso y se terminó dejando a las mujeres al albur de un régimen tan brutal como el de los talibanes. Por eso me rebelo ante ese discurso tramposo que pretende presentar los bombardeos como una vía para defender derechos. No. No se pueden reclamar los derechos de las mujeres comenzando por bombardear niñas. Ninguna vida es un daño colateral. Cada vida arrebatada de ese modo es una tragedia, y cuando se produce en el marco de una guerra injustificable, también es una mancha moral y política que la historia juzgará.

Creo, además, que quienes participamos en política y quienes ostentan responsabilidades institucionales tenemos una obligación añadida. No podemos refugiarnos en el silencio, ni en la obediencia, ni en las consignas de partido cuando lo que está en juego son la paz, la legalidad internacional y la vida de miles de personas. Yo siempre he entendido que la política está para trabajar y hacer cosas buenas por la gente, allí donde la ciudadanía decide ponernos en cada momento. Y eso implica responsabilidad, criterio propio y también la valentía de cuestionar aquellas órdenes o estrategias que no van en esa dirección.

La sumisión nunca es la mejor respuesta ante la injusticia. La política no puede convertirse en una profesión vacía ni en el arte de aplaudir cuando nos lo ordenan, aunque se esté cometiendo un error gravísimo. Yo jamás la he entendido así. No estoy en política para actuar de manera acrítica, ni para callar ante una invasión ilegítima y una violación flagrante del derecho internacional.

Por eso hago también un llamamiento a los representantes del PP y de Vox para que cuestionen los posicionamientos de sus partidos. Unos guardan silencio; otros se entregan abiertamente al “trumpismo” y a una lógica de bloques, fuerza bruta y desprecio al derecho internacional. Se equivocan. Cometen el mismo error que ya vimos con la guerra de Irak: silenciar, justificar o blanquear una guerra que dejará consecuencias lamentables y muy duraderas en Oriente Medio, con un coste insoportable en vidas humanas, y que también proyectará sufrimiento, inestabilidad y cicatrices sobre el resto del mundo.

Frente a eso, yo reivindico la voz de quienes creen que la paz no es una palabra hueca, que los derechos humanos no pueden invocarse selectivamente y que el derecho internacional debe defenderse siempre, no solo cuando conviene. Reivindico la fuerza de la sociedad civil, la dignidad de quienes no callan y la necesidad de una política con principios.

Porque cuando se normaliza la barbarie, perdemos todos. Y porque cuando el mundo acepta que no haya reglas, lo que viene después nunca es más seguridad, ni más democracia, ni más derechos: lo que viene es más miedo, más violencia y más oscuridad».

Nuria Garrido Dorado
Concejala socialista del Ayuntamiento de Toledo, feminista y activista social

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