Un nuevo descubrimiento histórico divulgado pore el blog Toledo Olvidado, un espacio dedicado a la recuperación de la memoria de la ciudad de la mano del historiador Eduardo Sánchez Butragueño, aporta nuevas evidencias sobre la iconografía y la vida social de la Semana Santa toledana a finales del siglo XIX.
El trabajo de investigación parte del análisis de un conjunto de fotografías fechadas en 1897, consideradas hasta ahora como materiales secundarios o poco documentados. Según explica en su publicación, estas imágenes permiten reconstruir con gran precisión cómo se desarrollaban las procesiones, la disposición del público y la relación entre el espacio urbano y la religiosidad popular en una época en la que la fotografía empezaba a consolidarse como herramienta de documentación histórica.
Uno de los aspectos más sorprendentes del estudio es la identificación de los autores de las imágenes. Las fotografías habrían sido tomadas por los hermanos escritores y dramaturgos andaluces Joaquín Álvarez Quintero y Serafín Álvarez Quintero, quienes durante una visita a Toledo desarrollaron una faceta menos conocida como fotógrafos.
El propio investigador explica que el hallazgo se precipitó al identificar en una casa de subastas varias fotografías antiguas etiquetadas únicamente como imágenes tomadas en Toledo. Al reconocer una de ellas —el célebre paso del Cristo del Descendimiento—, Sánchez Butragueño comprobó que se trataba del negativo original de la foto publicada en 1897 en la revista Nuevo Mundo, bajo el pseudónimo “El Diablo Cojuelo”, firma con la que los hermanos sevillanos firmaban algunas de sus colaboraciones periodísticas.
Estas fotografías, que capturan no solo los pasos procesionales sino también escenas urbanas como la llegada en tren, los accesos al casco histórico o retratos espontáneos de personas de la época, constituyen las imágenes más antiguas conservadas de la Semana Santa toledana.
Entre ellas destacan los pasos desaparecidos de la Elevación de la Cruz y la Calle de la Amargura, vinculados a la cofradía de la Vera Cruz y destruidos durante la Guerra Civil en 1936.
Las imágenes también muestran detalles de la vida cotidiana de la ciudad, como la llegada de visitantes en tren, el tránsito por las puertas monumentales del casco histórico y la presencia de vecinos observando las procesiones desde balcones y calles estrechas.



