La supervivencia de los molinos de viento de La Mancha ya no depende solo del viento ni de las inversiones públicas, sino de un oficio casi desaparecido, ligado al trabajo artesanal de la madera y al conocimiento exacto de unos mecanismos concebidos hace siglos. Sin ese saber especializado, acumulado generación tras generación y hoy en riesgo de perderse, muchos de estos gigantes quedarían reducidos a meras siluetas, incapaces de resistir el paso del tiempo.
Entre los escasos guardianes, por no decir el único, de ese conocimiento se encuentra Juan Bautista Sánchez-Bermejo, uno de los pocos carpinteros molineros que aún interviene en molinos históricos repartidos por distintos enclaves de La Mancha, desde Campo de Criptana hasta Consuegra, manteniendo viva una labor esencial para la conservación del patrimonio manchego.
Su labor parte de una premisa sencilla: lo que no se mantiene, termina deteriorándose. En los molinos, ese desgaste se aprecia especialmente en los elementos exteriores, desde los paramentos y las pinturas de protección de los muros de mampostería hasta las piezas de madera expuestas al viento y la lluvia. Aspas, eje, palo de gobierno o aleros requieren intervenciones constantes para evitar daños irreversibles.

Juan Bautista Sánchez-Bermejo, restaurador de molinos
La conservación adquiere un valor singular en aquellos molinos que aún mantienen su estructura y maquinaria original. En varios casos, los mecanismos interiores datan del siglo XVI y permiten incluso volver a moler, una posibilidad excepcional que convierte estas restauraciones en algo más que una actuación estética. Se trata de mantener vivos los molinos, no solo en pie, sino también en funcionamiento.
La restauración de un molino de viento exige un conocimiento que va mucho más allá de la carpintería convencional. Se trata de un oficio altamente especializado, en el que cada intervención requiere entender cómo se transmitía la fuerza del viento, cómo encajan las piezas y cómo reaccionan los materiales tras siglos de uso. La madera no se sustituye sin más: se selecciona, se trabaja y se adapta para que el conjunto conserve su equilibrio original.
Un trabajo único
En ese trabajo, Juan Bautista Sánchez-Bermejo actúa como uno de los pocos profesionales capaces de intervenir con criterios históricos en molinos repartidos por distintos lugares de La Mancha. Aunque su vínculo con Campo de Criptana es evidente, su labor se ha extendido también a otros conjuntos molineros emblemáticos como los de Consuegra, donde los molinos forman parte esencial del paisaje y de la identidad local.
Su trabajo abarca tanto el exterior como el interior de estas construcciones. Desde la reposición de tablas deterioradas y la recuperación de madera antigua hasta la intervención en elementos importantes para su funcionamiento como las aspas, el eje, el palo de gobierno o los aleros, siempre con el objetivo de conservar la estructura y la mecánica original. En los molinos que aún mantienen maquinaria histórica, esa precisión resulta determinante para que puedan seguir funcionando como lo hicieron hace siglos.

Restauración del Molino Culebro. Campo de Criptana
En un contexto en el que apenas existe relevo ni transmisión generacional de este saber, el oficio de carpintero molinero se encuentra al borde de la desaparición. Hoy, los molinos ya no cumplen una función productiva y su papel es fundamentalmente patrimonial y turístico, como elementos que ayudan a explicar cómo se trabajaba antiguamente y a acercar ese conocimiento a las nuevas generaciones.
Cada intervención se convierte así en un ejercicio de conservación del patrimonio material, pero también de un legado técnico y cultural que evita que estos gigantes de La Mancha queden reducidos a una simple imagen estática del pasado.
La última «intervención quirúrgica»
La última actuación de Juan Bautista Sánchez-Bermejo ha tenido como escenario el molino Inca Garcilaso, en Campo de Criptana, donde ha dirigido una compleja rehabilitación tras los graves daños causados por un temporal en julio de 2025.
La intervención, que acaba de quedar concluida, se ha centrado en la recuperación de las aspas y en la restitución del sistema completo, incluyendo la sustitución de teleras y listones, el arreglo de elementos dañados y la reinstalación del eje, devolviendo al molino su estabilidad estructural y su imagen tradicional.
Los trabajos se han desarrollado con materiales adecuados y bajo criterios estrictos de conservación, contando además con seguimiento arqueológico para garantizar el respeto a la protección integral del molino. El Inca Garcilaso forma parte del conjunto histórico de la Sierra de los Molinos, uno de los paisajes más reconocibles de La Mancha por su vinculación literaria con Miguel de Cervantes y por conservar molinos harineros que ilustran cómo funcionaba la arquitectura preindustrial entre los siglos XVI y XX.
