viernes, 5 de junio de 2026
Cartel del río Guadiana en las cercanías de las Tablas de Daimiel
Cartel del río Guadiana en las cercanías de las Tablas de Daimiel
Una frase muy popular en España - 05/06/2026 08:06 - Ciudad Real

Pocas expresiones populares tienen un paisaje tan reconocible detrás. «Ser como el Guadiana» se dice de quien aparece y desaparece sin avisar, pero antes de convertirse en frase hecha fue una forma sencilla de explicar uno de los grandes misterios de La Mancha, el de un río que parecía esconderse bajo tierra para volver a la vida kilómetros después.

La historia lleva hasta el entorno de las Lagunas de Ruidera y hasta los Ojos del Guadiana, entre Daimiel y Villarrubia de los Ojos. Durante generaciones se creyó que el río nacía en Ruidera, avanzaba por el Campo de Montiel, desaparecía bajo la llanura manchega y reaparecía más adelante en forma de manantiales. Esa imagen, la de un cauce que se esfuma y regresa, acabó saltando del territorio al lenguaje.


El escenario no podía ser más sugerente. En Ruidera, el agua rompe la postal seca de La Mancha con una cadena de lagunas escalonadas, cascadas, barreras de toba y colores que van del verde al azul. Allí el Guadiana no se comporta como un río al uso. Se reparte, se remansa, cae de una laguna a otra y alimenta una sensación casi impropia del paisaje manchego.

Después llega el tramo que alimentó el mito. Aguas abajo, el llamado Guadiana Viejo pierde presencia en superficie y parte del agua se infiltra en el terreno. Durante siglos, la gente lo explicó de la forma más sencilla, el río se perdía bajo la llanura manchega y volvía a aparecer más adelante en los Ojos del Guadiana, un conjunto de manantiales ligados al acuífero en Villarrubia de los Ojos.

La ciencia ha aclarado aquella versión. No hay un túnel subterráneo por el que el Guadiana viaje intacto, sino un sistema complejo de acuíferos, ríos, filtraciones y aguas subterráneas. Pero la imagen era demasiado buena para perderse. Así nació una expresión que todavía se entiende a la primera, porque todos conocemos a alguien, o algo, que aparece, desaparece y vuelve cuando menos se espera.

Los Ojos del Guadiana también muestran la cara menos romántica de esta historia, la fragilidad del agua en La Mancha. Su desaparición, provocada por la sobreexplotación del acuífero, transformó aquel antiguo misterio natural en una advertencia ambiental. Hoy siguen secos, como recuerdo de que incluso un río convertido en dicho popular puede dejar de aparecer cuando se rompe el equilibrio que lo sostiene.

Por eso, «ser como el Guadiana» no es solo una frase hecha. Es una expresión nacida de un paisaje muy concreto, el de un río que durante siglos pareció perderse bajo la llanura manchega y volver a aparecer más adelante.

Carlos Monteagudo
Carlos Monteagudo

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, con más de diez años de experiencia en el oficio. Defensor del periodismo de provincias, de las tradiciones y de la vida en los pueblos. Manchego de corazón, apasionado de su gastronomía, su cultura y su idiosincrasia.

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