sábado, 30 de mayo de 2026
Pedro Pacheco Serrano, más conocido en redes como 'La Pedro Ese'
Pedro Pacheco Serrano, más conocido en redes como 'La Pedro Ese'
Triunfa en redes con sus vídeos - 30/05/2026 18:55 - Ciudad Real

Hay gente que se va a Madrid y vuelve hablando raro. Y luego está Pedro Pacheco Serrano, que se fue a Madrid, se hizo actor cómico y acabó dándose cuenta de que lo verdaderamente exótico no estaba en la Gran Vía, ni en Malasaña, ni en las luces navideñas con ínfulas de parque temático, sino en La Solana, en una tienda de barrio, en una vecina soltando una sentencia y en una expresión manchega que fuera de aquí necesita explicación.

De ahí ha nacido ‘La Pedro Ese’, un personaje que tiene mucho de personaje, pero también mucho de Pedro. Él mismo lo resume con naturalidad cuando se define como «un actor manchego que vive en Madrid», pero que representa en redes sociales la cultura manchega, la pone en valor y reivindica «nuestro modo de ver la vida y nuestra comedia». Porque, sostiene, en La Mancha somos muy graciosos, aunque a veces no haga falta ni rematar el chiste. Basta con hablar.


Su serie «Políglota Provincial», que publica en sus redes, ha sido la que le ha hecho despuntar. El concepto es sencillo y, precisamente por eso, funciona. Pedro coge expresiones de La Solana y de La Mancha, esas que aquí se dicen sin pestañear, y las traduce para el resto del mundo. Para los de Madrid, para los de ciudad, para los que no saben que «to tieso» no es una orden militar, sino una indicación geográfica perfectamente válida. Todo recto y sin más literatura.

La idea, cuenta, surgió en conversaciones cotidianas en Madrid, donde vive actualmente. Él soltaba una expresión manchega de forma natural y veía el impacto en quienes no eran de pueblo o no eran de La Mancha. No entendían nada. Y ese asombro le hizo ver que ahí había una mina. «Me di cuenta de que ahí había potencial del que sacar», explica. También le ocurría al volver al pueblo, al escuchar a gente de su barrio, amigas y vecinas hablar con ese acento, ese salero y esa manera de decir las cosas que, confiesa, le hipnotiza incluso a él.

«Rascamondao» y «no me guardes la simiente»

Entre las primeras expresiones que pensó que merecían no caer en el olvido aparece «rascamondao», ese estado capilar posterior a un corte de pelo demasiado apurado, cuando uno sale de la peluquería diciendo «mira qué rescamondao me han dejado». También está «no me guardes la simiente», fórmula manchega, elegante a su manera, para decir que algo no te gusta sin hacerle demasiado feo a quien lo ha cocinado. La lista, asegura, es enorme. De momento lleva nueve vídeos de la serie, que alterna con otros contenidos cómicos, pero tiene claro que ese filón da para mucho.

La fuente de todo ese universo no está en un despacho ni en una escuela de interpretación, sino en una tienda pequeña de barrio. Su madre ha tenido durante casi 40 años un comercio en el que Pedro creció desde bebé. Hasta el punto de que, en algunos momentos, sacaba la trona a la tienda. Aquel local era mucho más que un negocio. Era punto de encuentro, confesionario, tertulia y red social analógica antes de que existieran los reels.

 

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Pedro lo ve ahora con perspectiva y habla de una «labor social» que no solo atribuye a la tienda de su madre, sino a muchas tiendas de barrio de los pueblos y también de las ciudades. Allí escuchó conversaciones, tonos, desahogos, frases hechas, opiniones a viva voz y esa naturalidad que luego ha acabado convirtiéndose en materia prima para su comedia. De pequeño no lo veía raro, porque era su vida. Fue al salir de La Solana cuando entendió que aquello tenía algo particular.

Madrid lo ha hecho más manchego

Y Madrid, paradójicamente, le ha hecho más manchego. Antes de marcharse, reconoce que sentía cierta frustración artística, porque fuera de las grandes ciudades, especialmente en el mundo del teatro y la interpretación, crecer es más complicado. Pero la distancia le permitió mirar sus orígenes de otra forma. «Madrid me hizo ver con perspectiva mis orígenes, mi realidad y mi tierra y sentirme muy orgulloso de formar parte de un mundo así, porque es un mundo de fantasía», afirma.

En sus vídeos, esa tensión entre Madrid y el pueblo es una fuente constante de humor. No se trata, dice, de que el material cómico se lo dé solo la capital o solo La Solana, sino la mezcla de ambas. Comparar la vida de ciudad con la vida de pueblo abre un contraste reconocible para unos y revelador para otros. Lo que en Madrid se considera cerca, 25 minutos andando, en un pueblo puede ser prácticamente haberle dado la vuelta entera. Y eso, explicado con gracia, une mundos.

Uno de sus vídeos más comentados fue el de las luces de Navidad. Madrid aparecía retratada desde el bullicio, el exceso y saturación, mientras La Solana quedaba elevada, con cariño y mucha guasa, a capital alternativa del alumbrado navideño rural. El vídeo generó revuelo, pero no solo por la caña a Madrid. También sorprendió la reacción al vídeo de su pueblo, que acabó recibiendo comentarios de gente que incluso quería ir a La Solana a ver las luces. «De repente he convertido a La Solana en un nuevo Vigo», bromea.

Eso sí, aunque se mete con Madrid, Pedro también le reconoce méritos. Dice que es una ciudad acogedora y amable, hecha en gran parte por gente que no es de Madrid. Quien no viene de un pueblo, viene de otro, y quien nació allí suele tener abuelos de algún sitio. Por eso, su humor no nace del desprecio a la capital, sino del orgullo por recordar que los pueblos también existen, también tienen encanto y también hacen cosas chulas, aunque no siempre salgan en los grandes escaparates.

Los motes, con «más validez que el DNI»

En el habla de La Solana, Pedro detecta una musicalidad que otros pueblos cercanos siempre han señalado. Dice que él nunca ha notado eso de que los solaneros hablan cantando, pero entiende que, desde fuera, pueda apreciarse cierta entonación. Aun así, para él, lo más potente está en la capacidad de decir barbaridades como si fueran normales. Ahí entran los motes, esa institución paralela al Registro Civil que en los pueblos puede tener «más validez que el DNI«.

Los motes, explica, pueden ser normales o directamente salvajes, pero acaban naturalizándose hasta el punto de que la propia persona que los lleva les quita la carga ofensiva. Cita ejemplos como «cuernos de oro», «borrica parda» o «rabo gordo», y se pregunta qué tuvo que ocurrir para que alguien empezara a ser llamado así. Luego está el linaje. Si uno es hijo de «gordito» o de «malaño», como en su caso, ya está ubicado para varias generaciones.

Las mujeres del pueblo, fuentes de su inspiración

Las mujeres de su barrio son otro de sus grandes referentes. Le fascinan por su naturalidad, por ser auténticas, por ir de frente y no esconder ni virtudes ni defectos. Esa verdad sin filtro conecta con la gente. En tiempos de contenido pulido y personajes calculados, La Pedro Ese ha encontrado su fuerza justo en lo contrario, en mirar hacia lo cercano y decirlo como se ha dicho siempre.

Por eso su humor, aunque nace de un lugar muy concreto, ha funcionado fuera de La Solana y de La Mancha. Pedro cree que cuanto más concreto es el humor, más universal puede acabar siendo. La clave está en explicar bien la imagen, la vivencia o la comparación. Y ahí «Políglota Provincial» tiene mucho de clase de idiomas, pero también de reivindicación cultural. Una forma de decir que hablar manchego no es hablar peor, sino hablar con historia, con gracia y con una precisión que a veces no necesita academias.

En su clase exprés para principiantes no faltarían tres palabras. «To tieso», para no perderse cuando alguien da una dirección. «No me guardes la simiente», para rechazar algo con educación manchega. Y «chinchirrines», porque en esta sociedad capitalista, dice, siempre conviene saber dónde está el dinero y quién lo tiene.

La Pedro Ese ha logrado que La Solana suene en redes como lo que es para muchos manchegos su pueblo, un lugar con idioma propio, humor propio y una forma de mirar el mundo que no necesita pedir permiso. Y si para entenderlo hace falta subtitular un poco, se subtitula. Pero «to tieso», sin desviarse.

Carlos Monteagudo
Carlos Monteagudo

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, con más de diez años de experiencia en el oficio. Defensor del periodismo de provincias, de las tradiciones y de la vida en los pueblos. Manchego de corazón, apasionado de su gastronomía, su cultura y su idiosincrasia.

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