domingo, 17 de mayo de 2026
Sala de tinajas de Bodegas Naranjo, en Carrión de Calatrava
Sala de tinajas de Bodegas Naranjo, en Carrión de Calatrava
Patrimonio vitivinícola - 17/05/2026 10:21 - Ciudad Real

Castilla-La Mancha no se entiende sin vino. La región concentra uno de los mayores paisajes vitivinícolas del mundo y ha hecho de la vid una seña de identidad económica, cultural y social, con pueblos, comarcas y hasta provincias marcadas por el calendario de la vendimia, las cooperativas, las bodegas familiares y una forma de vida ligada a la tierra. En ese mapa, la DO La Mancha cerró 2025 con 144.708 hectáreas de viñedo inscritas, lo que la mantiene como la mayor superficie de viñedo acogida a una denominación de origen en Europa.

Dentro de ese inmenso mar de viñas, la provincia de Ciudad Real ocupa un lugar central. Es la que más superficie aporta a la DO La Mancha, con 68.693 hectáreas inscritas en 2025, por delante de Cuenca, Toledo y Albacete. Pero el peso vitivinícola ciudadrealeño no se agota ahí. La provincia alberga también la DO Valdepeñas, una de las denominaciones históricas del vino español, que mantiene en su zona de producción alrededor de 22.000 hectáreas de viñedo de variedades autorizadas.


A todo ello se suman otros vinos que se encuentran bajo figuras como los Vinos de Pago, la IGP Vino de la Tierra de Castilla o proyectos que, por sus características, su filosofía de elaboración o su apuesta por una identidad propia, han preferido caminar al margen de las denominaciones tradicionales. Ese mosaico explica que el vino de Ciudad Real no pueda reducirse a una sola etiqueta: conviven grandes cooperativas, bodegas familiares, elaboradores centenarios, fincas históricas, vinos de parcela, proyectos ecológicos y nuevas miradas que han vuelto a poner el foco en prácticas antiguas como la tinaja, la mínima intervención o el respeto al paisaje.

Ese pasado no ha quedado encerrado en fotografías antiguas ni en tinajas vacías. Algunas bodegas históricas de la provincia siguen abiertas, elaborando vino y convirtiendo sus muros, cuevas, patios y salas de tinajas en una puerta de entrada a otra época. Es el caso de Finca Tinedo, en Socuéllamos; de Fernando Castro, en Santa Cruz de Mudela; de Naranjo, en Carrión de Calatrava; de Vinícola del Carmen, en Campo de Criptana; de Navarro López o Casa de la Viña, en Valdepeñas.

Finca Tinedo

Barricas en Finca Tinedo

Barricas en Finca Tinedo

En Socuéllamos, Finca Tinedo permite arrancar el viaje por una de las bodegas más antiguas de La Mancha que siguen vinculando presente y pasado en torno a una misma finca. La propia bodega sitúa su origen en 1846 y se define como una casa familiar dedicada a producir vinos de finca y de parcela, con una mirada ecológica y sostenible. Ese dato la convierte en una parada imprescindible para este recorrido por las bodegas históricas que aún elaboran vino en la provincia de Ciudad Real.

Su historia no se cuenta tanto desde una nave o una bodega monumental, sino desde el propio paisaje. Tinedo habla de una Mancha de parcelas, suelos y viñedo ecológico, con una filosofía que busca expresar el carácter de la finca más que la producción masiva.

Hoy elabora referencias como Cala N.1, con crianza de dos inviernos en depósitos de hormigón, además de vinos de selección de parcela y propuestas como Tempranillo masal, Moscatel seco o Runrún, según su propia tienda y catálogo. La bodega resume así una de las tendencias más interesantes del vino actual en Ciudad Real: recuperar lo propio, reducir la intervención y dar protagonismo a la finca.

Fernando Castro

Antigua bodega de Bodegas Fernando Castro

Antigua bodega de Bodegas Fernando Castro

Bodegas Fernando Castro, en Santa Cruz de Mudela, representa una de las historias familiares más largas del vino castellanomanchego. La bodega sitúa sus viñedos y sus orígenes en 1850, en pleno corazón de la Denominación de Origen Valdepeñas.

Su relato está muy ligado a la expansión comercial del vino de Valdepeñas. La propia bodega recuerda que en 1895 sus vinos empezaron a llegar a Madrid a través del llamado «Tren del Vino» y que, años después, comenzaron a exportarse a Cuba, Puerto Rico y Filipinas a través del puerto de Cádiz. Es decir, su historia permite contar no solo la elaboración del vino, sino también cómo Valdepeñas se convirtió en una marca reconocible fuera de La Mancha.

En la actualidad, Fernando Castro sigue elaborando vinos blancos y tintos con marcas como Viña Lastra y Raíces, con presencia en mercados internacionales. La bodega resume bien la evolución del vino de Valdepeñas: de aquellos envíos ligados al ferrocarril y al comercio ultramarino a una actividad con presencia en mercados internacionales y una oferta adaptada al consumidor contemporáneo.

Casa de la Viña

Bodega Casa de la Viña

Bodega Casa de la Viña

En el término municipal de Alhambra, también en el entorno de Valdepeñas aparece Casa de la Viña. La bodega señala que el conde de Casavaliente inició en 1857 la plantación de viñedo en la propiedad, en origen para vender la uva a elaboradores de la zona. Ese punto de partida permite contar una historia muy vinculada a la evolución del viñedo valdepeñero, desde las fincas de producción agrícola hasta las bodegas que han terminado construyendo marca propia.

Casa de la Viña se presenta hoy como una bodega de DO Valdepeñas ligada a la familia Cruz Boluda, con más de 60 años de trabajo en torno a la tierra, la vid y la elaboración de vinos. Su relato combina la dimensión histórica de la finca con una gestión familiar más reciente, lo que permite explicar cómo muchas bodegas ciudadrealeñas han sobrevivido no solo por su antigüedad, sino por su capacidad para cambiar de manos, adaptarse y mantener actividad.

Sus vinos actuales se apoyan en variedades como Tempranillo, Syrah, Merlot, Petit Verdot, Chardonnay, Verdejo y Airén, según la propia bodega. Es una casa adecuada para hablar del Valdepeñas más reconocible, el de tintos con cuerpo, crianzas y reservas, pero también de blancos y variedades que han ampliado el perfil tradicional de la zona.

Bodegas Naranjo

Bodegas Naranjo

Bodegas Naranjo

Fuera del eje Valdepeñas, Bodegas Naranjo lleva al vino su carácter volcánico del Campo de Calatrava. La bodega, ubicada en Carrión de Calatrava, sitúa su fundación en 1898, cuando Gaspar Naranjo comenzó a elaborar vino. Desde entonces, seis generaciones de la misma familia han mantenido vivo el proyecto, adaptándolo a los cambios de consumo y a la evolución del sector.

La historia de Naranjo también conserva una parte material importante. La bodega explica que su primitiva sala de tinajas de cerámica se ha mantenido y que todavía se utiliza para la crianza de algunos vinos. En los años 50, tras los daños sufridos durante la guerra, la familia reconstruyó instalaciones y levantó depósitos de mayor capacidad, un salto que resume bien el tránsito de muchas bodegas tradicionales hacia formas de producción más modernas.

Hoy su relato está muy vinculado a la DOP Campo de Calatrava, una figura que ha reforzado la identidad de los vinos de esta comarca marcada por suelos volcánicos. En su catálogo aparecen referencias como Viña Cuerva Airén, Viña Cuerva Tempranillo, Viña Cuerva 10 meses o Viña Cuerva Reserva. Ciudad Real no es solo Valdepeñas o La Mancha, sino también una provincia de vinos con acentos comarcales muy distintos.

Vinícola del Carmen

Vinícola del Carmen

Vinícola del Carmen

En Campo de Criptana, Vinícola del Carmen aporta otra perspectiva: la de la tradición cooperativa. La bodega se presenta como cooperativa de vino desde 1897 y reivindica ser la más antigua de Castilla-La Mancha y una de las más antiguas de España. Otras referencias locales detallan que la entidad actual nació en 1989 de la fusión de dos cooperativas históricas: Vinícola Manchega, fundada en 1896, y Cooperativa del Campo Vinícola del Carmen, de 1905.

Su valor está en que permite contar una historia distinta a la de las bodegas familiares. Aquí el protagonista no es una saga propietaria ni una finca concreta, sino una comunidad de viticultores que ha sostenido durante más de un siglo una forma colectiva de elaborar y comercializar el vino. En una provincia donde las cooperativas han sido decisivas para organizar la producción, fijar población y dar salida a la uva, Vinícola del Carmen funciona como símbolo de esa memoria compartida.

En la actualidad comercializa vinos bajo marcas como Cardenio, Carmen, D’Gigantes, Albaicín, Infanto, Alfaraz, Moriscote y La Manchega, con blancos, tintos, rosados, vinos de aguja, espumosos, vermut y mistela. También elabora referencias acogidas a DOP La Mancha e IGP Vino de la Tierra de Castilla, con variedades como Airén, Tempranillo, Sauvignon Blanc, Syrah o Verdejo.

Navarro López

Bodega tradicional de Navarro López

Bodega tradicional de Navarro López

Navarro López completa el recorrido desde Valdepeñas con una historia centenaria y una estructura muy reconocible en el mercado actual. La propia bodega sitúa su nacimiento en 1904 y explica que en 1988 Doroteo Navarro Donado adquirió el 100% de una antigua bodega de Valdepeñas. En 2001, la firma trasladó sus instalaciones a las afueras, en un entorno de viñedo, sin perder la conexión con la ciudad.

Esa doble vida es uno de sus principales atractivos. Por un lado, conserva una sede histórica en el centro de Valdepeñas, con 35 tinajas de barro originales y una cueva situada a 7 metros de profundidad. Por otro, trabaja desde instalaciones modernas que responden a las necesidades de una bodega con vocación comercial amplia.

Entre sus referencias actuales destaca la colección Premium 1904, elaborada con Tempranillo, Syrah, Graciano, Sauvignon Blanc y Chardonnay, según la propia bodega. Navarro López permite cerrar el viaje con una idea de continuidad: las bodegas históricas que sobreviven en Ciudad Real no lo hacen únicamente mirando hacia atrás, sino llevando su origen a nuevas botellas, nuevas etiquetas y nuevos públicos.

Carlos Monteagudo
Carlos Monteagudo

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, con más de diez años de experiencia en el oficio. Defensor del periodismo de provincias, de las tradiciones y de la vida en los pueblos. Manchego de corazón, apasionado de su gastronomía, su cultura y su idiosincrasia.

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