El acuífero que se extiende bajo buena parte de La Mancha y del que dependen espacios tan emblemáticos como las Tablas de Daimiel continúa gastando mucha más agua de la que puede permitirse. Una investigación de WWF España estima que actualmente se extraen para regadío 370,36 hectómetros cúbicos anuales, cuando el volumen máximo disponible para este uso se sitúa en unos 199,22. La diferencia, 171,14 hectómetros cúbicos, supone utilizar un 86% más de agua de la prevista para permitir la recuperación del acuífero.
Es una de las principales conclusiones de ‘Aquí se roba agua. La Mancha, al borde del suicidio hídrico‘, un estudio que pone el foco sobre Mancha Occidental I, Mancha Occidental II y Rus-Valdelobos, las tres masas de agua subterránea en las que administrativamente se divide el acuífero de Mancha Occidental o Alto Guadiana.
Pero el informe va un paso más allá. WWF calcula que alrededor de 39.000 hectáreas de regadío presentan indicios de encontrarse en una posible situación de ilegalidad, al localizarse fuera de la cartografía oficial de parcelas con derechos consolidados de agua. El volumen asociado a esas superficies ronda los 70 hectómetros cúbicos al año, aproximadamente el 35% de todos los recursos que podrían destinarse de forma sostenible al regadío.
La organización habla expresamente de «indicios» y no de una declaración individualizada de ilegalidad. Para elaborar el estudio ha cruzado imágenes de los satélites Sentinel-2, ortofotografías aéreas, información catastral y declaraciones de la PAC con la cartografía de derechos de riego facilitada por la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) y actualizada a mayo de 2024.
El gran peso de los cultivos leñosos
El análisis revela además un problema que WWF considera cada vez más estructural. Más del 70% de la superficie regada corresponde ya a cultivos leñosos, principalmente viñedo, aunque también olivar, almendro y pistacho.
Solo estos cultivos consumirían alrededor de 211,8 hectómetros cúbicos, una cantidad que ya supera por sí misma los 199,22 hm³ que el informe considera disponibles para el conjunto del regadío.
La superficie de leñosos regados apenas ha variado en términos globales desde 2019, al pasar de 124.267 a 126.819 hectáreas, pero sí ha cambiado su composición. WWF destaca que los cultivos arbóreos en regadío prácticamente se han duplicado, de 7.027 a 13.742 hectáreas, mientras que los sistemas intensivos o superintensivos han pasado de 938 a más de 4.000 hectáreas.
Paralelamente, el volumen total estimado de agua extraída para regar ha aumentado desde los 354,76 hm³ calculados para 2019 hasta los actuales 370,36.
El problema de los riegos bajo sospecha tampoco ha desaparecido. En 2019 WWF calculaba 39.660 hectáreas en posible situación de ilegalidad y ahora estima unas 39.245 hectáreas, prácticamente la misma magnitud. La inmensa mayoría corresponde a cultivos leñosos y, especialmente, a viñedo en espaldera.
La situación resulta especialmente significativa en Rus-Valdelobos, donde el estudio calcula que hasta el 38% de toda la superficie regada presenta indicios de encontrarse fuera de los derechos consolidados. El porcentaje baja al 22% en Mancha Occidental II y al 17% en Mancha Occidental I.
Las Tablas, la factura ambiental
WWF conecta directamente este desequilibrio con la situación de los humedales manchegos. El acuífero se encuentra sobreexplotado desde hace décadas y, tras la recuperación registrada durante el excepcional periodo húmedo de 2009 a 2014, sus niveles han vuelto a caer de forma continuada.
La organización recoge estimaciones que apuntan a un vaciado de alrededor de 1.300 hectómetros cúbicos desde 2014, mientras que durante el año hidrológico 2022-2023 los niveles piezométricos descendieron entre 1,66 y 2,08 metros dependiendo de la masa de agua.

Imagen de archivo de los efectos de la sequía en Las Tablas de Daimiel – Foto: WWF
Una de las consecuencias más visibles está en las Tablas de Daimiel, que durante 2023 y 2024 atravesaron, según el documento, un estado crítico de conservación. La situación obligó a recurrir a medidas extraordinarias, entre ellas la solicitud de aportaciones de agua y el bombeo desde pozos próximos al parque para mantener determinadas zonas inundadas y reducir el riesgo de combustión de las turberas.
WWF reclama un cambio de modelo
Ante este escenario, WWF considera que trasladar agua desde otras cuencas no resolvería el problema de fondo y reclama reducir las extracciones.
Entre sus propuestas figura que la Junta de Castilla-La Mancha revise y elimine ayudas públicas destinadas a nuevas plantaciones de cultivos leñosos de regadío intensivo, además de impulsar una reconversión económica que reduzca la dependencia del agua.
A la Confederación Hidrográfica del Guadiana le pide intensificar la vigilancia, controlar las extracciones y proceder al cierre de captaciones que carezcan de derechos consolidados. También plantea extender los contadores con lectura remota, reforzar la teledetección y cruzar los datos de concesiones de agua con los beneficiarios de ayudas públicas.
El diagnóstico que deja la investigación es que el problema ya no depende únicamente de que llueva más o menos. Para WWF, el Alto Guadiana soporta una demanda de agua estructuralmente superior a sus recursos y esa presión está alejando cada vez más la posibilidad de recuperar tanto el acuífero como los humedales que dependen de él.
