domingo, 2 de agosto de 2026
Segunda Edad del Hierro - 02/08/2026 18:49 - Corral de Almaguer

ENCLM ha vuelto al Cerro del Gollino, en Corral de Almaguer, para conocer los avances de la tercera campaña de excavaciones arqueológicas en un gran oppidum carpetano que está cambiando los datos y falsos mitos que existían sobre este pueblo, que aportó a La Mancha toledana sus primeros habitantes en la Segunda Edad del Hierro.

Los celtas y los íberos se han llevado la interpretación lustrosa de la historia y la mayoría de las investigaciones, que han arrojado luz sobre esas culturas dejando de lado más estudios para profundizar en el conocimiento sobre los carpetanos. Ellos, asentados en el centro de la Meseta, son «los grandes desconocidos», como dice Pablo Sánchez Oro desde el Cerro del Gollino y al frente del equipo que está rescatando las auténticas señas de identidad carpetanas en este alto de la inmensa llanura manchega.


Son 18 hectáreas que debieron habitar unas 2.000 personas. El tamaño revela la importancia del enclave, del que apenas se ha excavado un 1% , pero esta pequeña porción de terreno ya ha permitido descubrir un gran edificio o vivienda ocupada por las élites, cerámicas autóctonas pero también itálicas, algunos adornos y otros restos, que van dando voz a lo que se había mantenido oculto hasta ahora. Es como si la historia diera una segunda oportunidad a los carpetanos, sobre los que el yacimiento permite concluir, contra lo que se creía, que eran una sociedad con clases sociales que comerciaba dentro de la Península, pero también fuera de ella, con las potencias del Mediterráneo.

Se sabe que llegaron huyendo de los cartagineses de Aníbal Barca y su ocaso lo marcó Sertorio, al final de la época de la República en Roma. Vencidos por los romanos, que ejecutaron una gran destrucción, los carpetanos abandonaron el Cerro, que habían amurallado a su llegada, desde el que dominaron visualmente la inmensa llanura manchega y en el que se protegieron de ataques e invasiones durante varios siglos.

Voluntarios de Oxford, Estados Unidos o Canadá

La iniciativa de investigar este yacimiento arqueológico, que tuvo una primera y corta etapa en los años 70 del siglo XX, partió en 2024 de la Asociación de Amigos de Corral de Almaguer. Desde el punto de vista académico, es una colaboración de las Universidades Autónoma de Madrid, con los profesores Lourdes Prados Torreira, Luis Berrocal Rangel; y Oxford, con Manuel Fernández Götz. El trabajo, que dirige sobre el terreno Pablo Sánchez Oro, investigador predoctoral de la UAM, ha contado durante estas tres campañas con voluntarios de varias universidades como la Autónoma, la Complutense, la de Oxford, la de Duke en Estados Unidos o la de McMaster en Canadá, además de gente de Corral y otros pueblos cercanos. Hasta ahora, la financiación la han aportado la Asociación corraleña, la Diputación de Toledo y el Ayuntamiento de Corral de Almaguer.

“Los carpetanos son los grandes desconocidos de la Segunda Edad del Hierro, a medio camino entre los celtas del norte y los iberos del sur; tradicionalmente se ha planteado que vivían más o menos aislados hasta que se integraron en el gran mundo Mediterráneo, pero estamos viendo que esto no se corresponde con la realidad”, explica Sánchez Oro.

“Las dinámicas de los carpetanos son muy parecidas a las de los íberos del sur, hasta el punto de que la cerámica carpetana es igual que la íbera, lo que hacen es aportar su estilo decorativo”, añade. La base de sus cultivos y alimentación era “la triada mediterránea: vid, olivo y trigo. También tenían cebada y en animales ovejas y cabras, con una parte complementaria proporcionada por la caza: ciervos, jabalíes…”.

Fotos | Los secretos de los carpetanos y la ciudad amurallada que esconde el Cerro del Gollino, en el corazón de La Mancha

 

Entre Aníbal Barca y Quinto Sertorio

¿Cuándo llegaron?

A día de hoy, las cronologías que tenemos por la segunda acción es que se funda a finales del siglo III o muy comienzos del II antes de Cristo. Se relacionaría con la llegada de los cartagineses, en especial de la familia Barca, con Aníbal a la cabeza. Los Barca llevaron a cabo una política de explotación de los recursos peninsulares y la población local, en este caso los carpetanos, que vivían dispersos, se unen y ocupan estos espacios que tienen un control visual y estratégico importante y que les van a proporcionar una defensa ante esta situación. Aquí aguantan hasta comienzos o mediados del siglo I a.C., cuando el oppidum va a ser destruido en el marco de la Guerra Sertoriana, al final de la República romana. Tenemos evidencias de una destrucción muy potente que va a llevar al abandono del poblado.

¿Qué novedades ha arrojado esta tercera campaña de excavaciones? 

Ha confirmado la hipótesis de las primeras iniciativas con el llamado edificio B, que ha resultado ser una gran residencia, que debió ser vivienda de las élites carpetanas y está aportando gran información. Por ejemplo, y en contra de lo que se creía tradicionalmente, este poblado demuestra que los carpetanos eran una sociedad igual que otros pueblos de la misma cronología, la Segunda Edad del Hierro; tenemos élites y pueblo llano y las élites viven residencias, que estarían ubicadas en un espacio central del oppidum. También nos habla de las formas de vida de estas gentes: recipientes, comida que consumían… Sabemos que producían vino, tenían cerámicas procedentes de diferentes lugares de la Península Ibérica, desde la Meseta norte a la actual Andalucía o la costa levantina, pero también otras que vienen de la Península Itálica.

¿Cómo vivía la élite carpetana y cómo se organizaba la sociedad?

En la cúspide de esta sociedad tendríamos familias extensas, una aristocracia en la que habría una familia principal y una serie de clientes. Luego hay otra parte importante de la población, que es el pueblo llano, que todavía tenemos que descubrir dónde está. Tenemos, por una parte, una élite que vive al estilo del mundo íbero, con conexiones con el Mediterráneo, de tradiciones vinculadas a los banquetes, el consumo de vino y otras comidas; y luego, el pueblo llano, del que desconocemos en gran medida cómo era. Es nuestra tarea pendiente.

¿Qué tipo de objetos o enseres habéis encontrado?

Han aparecido objetos sobre todo de cerámica, tanto en producciones locales con platos y una marca alfarera que pensamos que es específica del Cerro del Gollino, como cerámica de importación, con ánforas y otro tipo de recipientes que llamamos de cerámica fina, que estarían destinados al consumo de bebidas alcohólicas y comidas; a nivel metálico también hay algunos hallazgos, como fíbulas, que son broches decorativos, y algunos elementos que aún tenemos que restaurar.

«Necesitamos protección para evitar el expolio del yacimiento»

Todo el conocimiento reunido y pendiente de sacar en próximas excavaciones está en permanente peligro, porque el yacimiento no está protegido y ha sido y sigue siendo expoliado. “El principal problema es el expolio sistemático al que está sometido; no solo en el pasado, en esta misma campaña detectamos personas con detectores de metales ilegales”. En este sentido, su objetivo es conseguir la declaración BIC (Bien de Interés Cultural) del yacimiento arqueológico.

“Llevamos tres años intentándolo, y seguiremos en ello, además de volver a concurrir a las subvenciones que ofrece la Junta de Castilla-La Mancha para trabajos arqueológicos, que hasta ahora no hemos tenido. Creemos que el yacimiento lo merece y el proyecto lo necesita; este es un yacimiento pionero que nos ofrece mucha información para saber qué estaba pasando en la Segunda Edad del Hierro en la Carpetania y en esta región frente a lo dicho tradicionalmente, que vemos que no tiene que ver con la realidad”.

Queda mucho por hacer. Aún tienen que salir las murallas, las puertas de acceso, las viviendas del pueblo llano, la necrópolis…

«Es un yacimiento pionero que ofrece mucha información para saber qué estaba pasando en la Segunda Edad del Hierro en la Carpetania… aún tienen que salir las murallas, las puertas de acceso…»

«Necesitamos ayuda de las instituciones», la reivindicación de los voluntarios

Las dificultades no minan el ánimo de los voluntarios que acuden cada año a rescatar el pasado enterrado en el Cerro del Gollino. ENCLM ha recogido testimonio de varios de los que han estado en las tres campañas realizadas: Roberto Pérez, graduado en Historia; María Díaz, doctora en Historia y profesora de Secundaria; y Manuel Arévalo, de la Asociación de Amigos de Corral.

Además de considerar la experiencia gratificante, defienden la necesidad y la importancia de conocer el pasado y piden ayuda económica para seguir excavando y protección para acabar con el riesgo permanente de expolio y destrucción.

“Es importante que haya implicación de las instituciones, financiación para que haya continuidad y todo este trabajo no caiga en saco roto”, dice Roberto. Lo reitera María: “Hace falta protección, es importante el respaldo de las instituciones, el patrimonio si no se protege, se pierde; y hay que darlo a conocer, porque lo que no se conoce, no se entiende y no se protege después”. En la misma línea, Manuel se queja de que “estamos un poco abandonados, hace falta dinero para seguir trabajando” y lamenta que la gente de Corral de Almaguer se implique poco.

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Mar G. Illán
Mar G. Illán

Periodista talaverana de nacimiento y corazón, casi toda mi carrera periodística ha sido en mi amada Toledo, cuna profesional y muralla. Militante del periodismo local y regional, licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, periodista política durante más de tres décadas y entrevistadora semanal (más de 1.000 entrevistas publicadas). Directora de ECOS desde 1995 y de encastiillamancha.es desde su aparición, con el mismo equipo de ECOS, en 2011, también pasé por ABC y El Día de Toledo. Escribí “Juan Ramón Amores, un idilio con la vida (un desafío contra la ELA), y coautora y codirectora de libros editados por ECOS como «Alimentos de Castilla-La Mancha», «100 encantos en Castilla-La Mancha», o «Diccionario enciclopédico de la Provincia de Toledo», entre otros.

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