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viernes, 3 de diciembre de 2021
Mantenernos seguros en plena pandemia - 27 julio 2020 - Toledo

En la boca del lobo hubo muchos profesionales, entre otros miembros del Cuerpo Nacional de Policía. Prácticamente todos volvieron a las patrullas para vigilar el cumplimiento del estado de alarma y tratar de frenar cuanto antes el avance del coronavirus.

Los aplausos también iban por ellos. Lo saben, los sintieron, se emocionaron con ellos, absorbieron su fuerza para seguir patrullando, los agradecen y nunca los olvidarán


Pero piden aprender la lección: se puede salir de esto, pero solo con un comportamiento sensato. ¿Alguien puede ser irresponsable si se para a pensar que puede estar matando a sus abuelos…?

Una pregunta que dejan en el aire para #ENCLMTienesTodo invitando a la reflexión, junto a sus testimonios, que serán imborrables de tu memoria de lector cuando acabes este artículo.

A ellos les tocaba parar a los irresponsables, pero también aliviar la ansiedad de la ciudadanía que buscaba información o les volcaba su confusión y comprobar que la solidaridad y la empatía hacia su trabajo era la nota dominante.

Sabíamos que estaban ahí para mejorar las cosas, los aplausos se lo decían cada tarde cuando percibían el calor que les faltaba a las calles, por las que solo circulaban ambulancias, coches fúnebres o de policía.

Se emocionan recordándolo y reviviendo su propio miedo para no contagiar a sus familias, separados de sus hijos o sin poder abrazarlos… A veces siendo presa del Covid, que logró atrapar a numerosos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Ernesto Nogales, el virus también llegó a la Policía

Uno de ellos Ernesto Nogales, subinspector de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), cuyo testimonio recabamos en la Jefatura de Policía de Castilla-La Mancha, en Toledo.

“Cuando empezó el pico gordo de la pandemia caí enfermo, no sé dónde lo cogí porque en aquellos tiempos mi Unidad estaba viajando bastante, (eran los momentos de las protestas de agricultores y ganaderos manifestándose por toda España)”.

Fiebre muy alta, pérdida total de olfato y gusto y me confirmaron que tenía coronavirus… Aislamiento total en el domicilio, solo…”. Separado de sus hijos para protegerlos; familiares y amigos le llevaban la compra y la comida, con mención especial su sobrina enfermera en la UCI. “Y para el jefe de mi brigada, Carlos Robles, que estuvo muy pendiente; me llamaba un par de veces cada día para ver cómo estaba”.

Aún no ha recuperado la forma del todo, pero se encuentra bien; de hecho, volvió en cuanto se confirmó el negativo.

“Lo mejor, gente humilde que te daba mascarillas y quería ayudar”

Cree que la mayor parte de la gente fue y es responsable. Tiene claro lo peor que ha vivido, las pérdidas, «y lo único que veías por la calle era ambulancias, ambulancias, ambulancias y coches fúnebres… Eso era muy triste”.

Lo mejor, “las muestras de solidaridad de vecinos que te veían y te paraban y te regalaban mascarillas o las mamparas de plástico y era gente humilde que lo único que intentaba era ayudar en lo que pudieran, eso motivaba mucho”.

Su mensaje hoy va dirigido especialmente “a los irresponsables que van sin mascarillas o se juntan en los botellones, casi todos gente joven, porque no perciben el riesgo o piensan que ellos no pueden caer enfermos, pero deberían concienciarse que sí pueden transmitir la enfermedad a sus padres o seres queridos e incluso puedan fallecer”.

Para la segunda oleada no tenemos excusa, afirma. Este es su testimonio completo:

Noelia Sánchez: «En la calle lo ves todo»

Noelia Sánchez, policía de la Brigada de Policía Judicial de la Comisaría Provincial de Toledo, dejó su tarea habitual para volver al uniforme y la patrulla, porque donde más gente se necesitaba era en la calle, “en seguridad ciudadana”.

Allí percibió el miedo, la angustia, la confusión de los primeros momentos ante la gravedad y la imprevisibilidad de la situación.

Y es que en la calle “lo ves todo, ves el virus, la gente, que no sabe muy bien qué pasa y requiere tu información…”. Su experiencia es positiva en cuanto al comportamiento de la mayoría. “Ha habido comportamientos irresponsables, incluso reiterados y se han sancionado. Pero, en general, la ciudadanía ha sido ejemplar”.

Formar parte del dispositivo de seguridad ciudadana frente al virus será imborrable en su memoria, que deja la “solidaridad de la gente” como lo positivo de la pandemia que ha arrasado la sanidad y la economía de España.

“Te llamaban, gente del transporte que te decía que a mí me dan mascarillas, tomad para vosotros. La solidaridad de ver que esto era un problema de todos y que entre todos teníamos que salir”.

“Los aplausos motivaban y te hacían levantarte…”

Contra la fatiga, el miedo y la inquietud también empujaban los aplausos. “Eso motiva mucho… Ir por la calle, que alguien te aplauda… un niño… Eso motiva y te hacía levantarte, salir y saber que tienes que estar ahí…”.

Lo peor del monstruo llamado Covd-19, las cifras de contagiados y fallecidos, aunque al mismo tiempo, asegura Noelia Sánchez, “eso te hacía levantarte todos los días, porque había que pararlo”.

Día tras día “medidas de precaución brutales” para no contagiar a sus propios hijos, a los que tenía que “negarles que se acerquen a ti…”.

“A los irresponsables les digo que miren a su alrededor: tienen padres, abuelos, vecinos, amigos… Realmente, esto es muy grave, pero si entre todos ponemos nuestro granito de arena podemos vencerlo”. Este es su mensaje a la ciudadanía:

José Luis Soriano: «Se triplicaron, y más, las llamadas al 091»

José Luis Soriano, subinspector jefe del Cimacc-091 (Centro Inteligente de Mando, Comunicación y Control) en la Jefatura Superior de Policía de Castilla-La Mancha, en Toledo, ha visto como se triplicaba «y más» el volumen de llamadas diarias, casi todas referentes a la pandemia, pero también las de «los servicios operativos comunes y habituales».

Desde el Cimacc se controlan actualmente los servicios y requerimientos de urgencias de las ciudades de Toledo, Cuenca, Guadalajara y Talavera.

Lógicamente, «hubo menos llamadas ordinarias, de robo… Las llamadas eran «casi todas de carácter informativo y muchísimas denunciando a otros ciudadanos por incumplir las normas» y para poder atender tal volumen – que a veces colapsaba la centralita- se dobló el personal incorporando a compañeros de otras brigadas, como sucedió con seguridad ciudadana para que hubiera más coches en la calle.

Desde la sala del 091 no se ve, pero se oye, como explica Soriano, “que también es una forma de sentir y de conectar con el ciudadano. He oído las historias de muchas personas, las quejas por los que incumplían y he oído mucha actitud, mucha empatía y muchas ganas de salir adelante”.

“El miedo lo ha unido todo”

Y un nexo en común de todas las historias, aunque fueran diferentes: “el miedo, el miedo lo ha unido todo, el miedo es un sentimiento muy poderoso, todo ha rodado en torno al miedo”.

Coincide con sus compañeros en que la mayor parte de la ciudadanía es responsable, cuenta que lo peor era “el cansancio, es lógico… El estrés… Todos contábamos con ello y todos los profesionales lo hemos vivido en algún momento, desde un conductor de ambulancia a un médico”.

Y, por supuesto, “he sentido miedo por los míos, por mí no”.

Su mensaje para llamar a un comportamiento adecuado a los irresponsables “es muy sencillo, todos hemos tenido abuelos o los tenemos todavía. Solo hay que pensar en ellos”.

Su lección también es clara y nítida, se trata de “poder ayudar a los demás, como siempre hemos hecho en la Policía y seguir haciéndolo”.

Este es el testimonio de José Luis Soriano:

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